Guillermina Mekuy.

Guillermina Mekuy. Fotografía: Laura Mateo

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Guillermina-Mekuy, ex Ministra de Cultura y Turismo de Guinea Ecuatorial: “No tengo ningún conocimiento de las actividades económicas del doctor Ignacio Palomo"

Conversamos con ella quien, además, es también novelista, periodista y activista. 

28 marzo, 2024 01:55

Mujer, periodista, licenciada en Derecho y Políticas, novelista, empresaria de mundos tan diferentes como la cosmética inclusiva y la construcción, presidenta de la Plataforma de Diversidad y Desarrollo… ¿Olvido algo? Sí. Guillermina-Mekuy Mba Obono es ecuatoguineana y fue ministra de Cultura en su país cuando apenas tenía 25 años. ¿Olvido algo? Alabar su inmensa capacidad de crear, de actividad, de vida. Y por cierto que Guillermina es su nombre español y Mekuy, el africano. 

¿Qué hace una ecuatoguineana en España? ¿Qué has hecho viviendo aquí tanto tiempo, especialmente en dos etapas, la infancia y ahora ya en esta segunda juventud? 

En primer lugar, existen lazos históricos entre los dos países. Guinea Ecuatorial fue parte española… Al final, es como una segunda casa y un hogar para cualquier guineano. En mi caso, vine con mi familia, porque mi padre era diplomático. Para él era importante que sus hijas tuvieran la capacidad de adquirir una cultura, mezclarla con su doble cultura africana y formarse como personas. España es como mi segundo hogar.  

Estudias aquí y hay un momento en el que vuelves a Guinea... 

Aquí he pasado parte de mi existencia, sobre todo mi juventud, mi infancia, que son etapas muy importantes que marcan la vida de cualquier persona y que siempre llevas dentro. Estudio aquí, empiezo desde la guardería, termino mis estudios de Derecho y Políticas en la Autónoma de Madrid, de la que siempre guardaré un buen recuerdo… De la cafetería con mis compañeros con los que ahora que nos hemos hecho todos padres quedamos con nuestros hijos. Luego, he escrito algunas novelas y como la gente leía sobre mi trabajo empezaron a identificarme como una mujer que amaba la cultura. 

De hecho, la amabas y amas… 

En efecto, creo que sin cultura no somos nadie. Es fundamental que la gente conozca sus lazos, su origen, su historia. Y de repente, después de terminar mis estudios, escucho que tengo que ir a Guinea Ecuatorial. Y yo digo: "¡Pero si nunca he vivido ahí!". Además, mi padre había fallecido, por lo tanto, me iba sin él y sin personas que me pudieran arropar. Me piden que me ocupe de las bibliotecas, los archivos y los museos.

Y creas la Biblioteca Nacional. Entre otras, y era importante.

Cuando llego ahí me doy cuenta de que una Biblioteca Nacional es esencial porque ahí está el patrimonio, está la cultura, está la historia de un país. Cuando la inauguramos, recuerdo que vinieron de la Academia de la Lengua Española y el director general del Libro, que en ese momento era Rogelio Blanco. Y al final hicimos una serie de bibliotecas públicas.

Después de las bibliotecas viene el Ministerio. 

Sí, yo pensaba que me iba a volver a España, y resulta que durante un viaje a Nueva York me entero de que voy a convertirme en ministra; me cogió por sorpresa. Pensaba que ese trabajo había sido muy impactante para la sociedad: creamos quioscos de prensa y un programa que llamamos Mi biblioteca, donde explicábamos a la juventud lo importante que era leer… Y, a los seis meses, me nombraron ministra.

A partir de ahí decidimos hacer centros culturales en la capital y en diferentes ciudades. Y luego llegaron una cadena de bibliotecas por las diferentes provincias, los parques nacionales, porque era importante que los niños tuvieran espacios de ocio. Llegaron la première y presentación de la película Palmeras en la nieve en Guinea Ecuatorial y el rodaje de Los últimos de Filipinas, y empezaron a llegar otras actividades porque se me sumó la cartera de Turismo poco tiempo después.   

¿Cuántos años estuviste?

Yo estuve en 2008 como directora general, cinco meses del 2009 y después, como ministra, hasta 2017. Pero ya en el 2016, después de terminar el rodaje de Los últimos de Filipinas, decidí que quería tener un hijo. Desde los 25 años hasta los 33, casi 34, no había tenido tiempo ni de descansar porque viajaba mucho.   

Charo Izquierdo y Guillermina Mekuy.

Charo Izquierdo y Guillermina Mekuy. Fotografía: Laura Mateo

¿Qué es lo que más y lo que menos te gustó de esa etapa? 

Lo que más me gustó fue la ilusión de hacer proyectos para la comunidad y comprobar el agradecimiento, sobre todo de la juventud. Por ejemplo, cuando abrimos la primera biblioteca me emocionó ver muchos niños estudiando y leyendo. De pronto veía las bibliotecas llenas de niños y, a veces, muchas veces, me quedaba fuera solo para observar esa alegría.

Para mí era como recordar que yo pasé muchos años en la Biblioteca Nacional de Madrid y que ahora ellos tenían algo tan bonito que yo había disfrutado. Y luego, a nivel personal, creo que son responsabilidades muy difíciles. Nadie está preparado para ello, pero cuando lo tienes debes ponerte en tu lugar. He llorado, he reído, he pasado por momentos difíciles. Yo creo que al final son profesiones para las que tienes que estar preparado.  

¿Qué fue lo más difícil como Ministra?

Sacar adelante proyectos en los que crees y para los que a veces tienes que convencer a mucha gente. Ya no es solo un trabajo que tienes que hacer, sino conseguir que los demás creyeran en ello o que les pareciera bien. No ha sido fácil y tengo que reconocer que el hecho de que tuviera doble cultura lo complicó.

Por un lado, me adapté en muchos aspectos a mi cultura africana. Pero también había momentos de convencer a mis compañeros de que no era extraña porque estaba en mi país… ¿no? Era joven, era una mujer, llegaba con mucha energía… Si te soy sincera, si volviera ahora atrás, no sé si tendría el valor ni la fuerza de hacer muchas de las cosas que hice, de sacar proyectos adelante sin dormir… Porque creo que ahora, con el tiempo, la serenidad también te da más poder. 

Lo hiciste porque no sabías que era imposible.

Así es.

Y eras demasiado joven. Demasiado moderna y demasiado mujer para aquel país, para tu país.

Yo creo que era demasiado joven y demasiado innovadora. Para mí, mejorar las cosas es clave. Yo creo que muchas veces cuando tienes una responsabilidad necesitas dar respuestas, porque al final esa responsabilidad no solo me correspondía a mí; le correspondía a muchas niñas.

Como mujer, muchas veces he sido criticada porque se me achacaba ser una feminista bastante radical por el hecho de defender que las mujeres nos tenemos que formar y organizar porque de esta manera podemos decidir y elegir. Muchas veces me vi en medios de comunicación que decían que traía demasiada modernidad porque defendía la formación de las niñas. Mi trabajo partió del amor, porque dar a los demás lo que esperaban es la máxima satisfacción. 

De ese legado tuyo, ¿de qué te sientes más orgullosa? 

De las cartas que recibo constantemente a día de hoy de las niñas. Ver cómo me quieren, cómo me admiran. A veces hago cursos donde estoy con un montón de ellas. Hasta mi nombre se lo pusieron algunos padres a sus hijas, a pesar de que es un nombre bastante difícil. Me emociona que, pese a que dejé mi trabajo hace mucho tiempo, me sigan viendo como una mujer referente.  

Recientemente se han publicado algunos artículos que te relacionan con tu expareja, el doctor Ignacio Palomo Álvarez. Supongo que no es muy agradable… 

Ni agradable, ni cierto. No tengo, ni he tenido desde hace bastante tiempo ninguna relación con el doctor Ignacio Palomo. Dejó de ser mi pareja en 2019 y, desde esa fecha, no he mantenido con él ni relación personal ni mucho menos profesional, de actividades económicas o de negocios de cualquier naturaleza. Nada de nada. Y todo lo que se diga a este respecto es completamente falso.

Pero es que mientras fuimos pareja no tuvimos relación profesional, ni negocios. Y digo pareja porque nunca hemos estado casados, y por lo tanto no soy su exmujer, sí su expareja. Solo colaboramos en un proyecto social en Guinea Ecuatorial, creando un Centro Ginecológico y de Fertilidad, financiado íntegramente con fondos públicos de ese país. Una vez inaugurado, su gestión y administración fue enteramente realizada por el doctor Palomo, sin que yo tuviera colaboración ni responsabilidad.

Así que son completamente falsos los comentarios que me relacionan con sus actividades profesionales y económicas. Ignacio Palomo lleva muchos años realizando sus negocios en ese país, procurando y consiguiendo sus contactos, amistades y relaciones, sin intervención, colaboración ni conocimiento por mi parte. Reitero mi desvinculación total y absoluta con el doctor Ignacio Palomo, en todos los aspectos, tanto personales como profesionales y económicos. Me gustaría dejar claro que no tengo ningún conocimiento sobre ellos y nula vinculación a su vida personal.  

Declaraciones de Guillermina-Mekuy

Como mujer, como africana, como empresaria, ¿alguna vez has sentido discriminación? 

Desde que recuerdo, siempre. Me he sentido discriminada como mujer, como mujer negra en mis dos países, Guinea Ecuatorial y España. Y en el ámbito profesional igualmente, quizás porque empecé muy joven mi andadura empresarial y como escritora y comunicadora y siempre todo ello con pasión, con mucho trabajo -que ha sido mi lema a lo largo de mi vida y que me inculcó mi padre-, mucha lucha y entrega. La mayor satisfacción ha sido el servicio a la comunidad, contribuir a un mundo mejor e igualitario.  

Hablábamos de la discriminación…

Te hacen objeto de discriminación, por ser mujer intelectual, empresaria, elegante, madre por encima de todo y con la prioridad en la familia. Lo he sentido, Charo, pero no voy a cambiar, al final me hace más fuerte. Y si te digo la verdad, lucharé con todas mis fuerzas contra todas las discriminaciones que me afecten y contra todos los que me discriminen porque no me victimizo.

Resulta extraño que para hablar de una mujer, se use un lenguaje sexista donde te minimicen llamándote la ministra Dior o la cara bonita de un sistema político autoritario. Se quiere frivolizar mi figura resumiéndome a una firma de lujo, todo sacado de contexto de una frase que dije hace doce años diciendo que me gustaban diferentes marcas, desde Zara hasta Dior. Es un caso evidente de machismo y discriminación, ya que dudo que de un ministro con ocho años de experiencia lo resuman a su marca de zapatos, relojes o al coche que conduce. Aquí, tus logros, esfuerzo o dedicación no existen, a pesar de ser la primera y única mujer que hasta ahora ha ocupado la responsabilidad de Cultura y Turismo, cartera hasta entonces designada a grandes intelectuales como el famoso escultor ya fallecido Leandro Mbomio Nsue, discípulo de Dalí, y alumno de Picasso.

La mujer es más cuestionada.

Cuando hablamos de la carrera de una mujer parece que debemos cuestionarlo todo, olvidando lo profesional. Pero, a pesar de eso, te acostumbras a estar por encima de las circunstancias. A algunas personas les afecta o acompleja; no es mi caso gracias a la educación y seguridad que me han transmitido mis padres. El racismo está allí fuera y cada vez más visible, tenemos un sinfín de personas públicas como deportistas de élite, cantantes, actores, modelos, funcionarios etc. que comparten mi opinión y alzan su voz. 

El último Foro de Davos ha establecido la desinformación como la primera gran amenaza para los próximos dos años. ¿Cuál es tu opinión al respecto? 

La desinformación es peligrosa, supone una amenaza y por supuesto un gran daño para la persona y el resto de la sociedad. Es un gran avance que el Foro de Davos pueda contemplarlo. La desinformación puede destruir una buena marca, una buena empresa, arruinar un proyecto, limitar y anular la carrera y vida profesional de una persona. Es sorprendente que las redes sociales, que son herramientas de difusión inmediata de la información, no se utilicen muchas veces de una forma responsable y veraz.

He sido en innumerables ocasiones víctima de esa desinformación y de esa información no veraz que te hace daño. Desde minimizar mis éxitos y achacarlos a mi aspecto físico, hasta ver mi nombre relacionado con personas que no he visto en mi vida, que no conozco o me conocen, o meterte en proyectos que no conoces o montarte relaciones con personas con las que nunca te casaste. 

Has escrito varias novelas…  

Saqué la primera al terminar la selectividad. Escribía todas las noches, pero nunca había hecho una novela. Escribía las típicas cartitas de amor, los diarios, esas cosas... Pero cuando terminé la selectividad decidí que quería escribir. Me di cuenta de que había momentos en la vida donde te explican que las cosas son de una manera, pero luego te das cuenta de que transcurren de otra. Eso me hizo reflexionar y empecé una historia que titulé El llanto de la perra, que ahora lo hemos reeditado con otro título, Eldania.

La protagonista es una mujer de la alta aristocracia, una niña que cuando toma decisiones las cosas no le salen bien. Entonces decide anular su propia personalidad porque quiere seguir a los demás. Se siente identificada como un animal que busca constantemente a alguien que le muestre los pasos que debe seguir. Y en esta novela pude tocar la vida, el amor, la familia, la muerte, la desestructuración familiar...

Guillermina Mekuy.

Guillermina Mekuy. Fotografía: Laura Mateo

Por cierto, tus protagonistas son siempre son mujeres.

En efecto, por el hecho de que yo creo que dentro de la mujer hay mucha magia para todo. Nunca supe que se iba a publicar la primera novela. Guardé el borrador y, pasados dos años, cuando estaba en la Universidad, fui a la Asociación de Escritores Españoles y cuando la leyeron se quedaron sorprendidos. Me la publicó Plaza&Janés. Me dieron incluso un adelanto. Yo decía: "¡Pero cómo me van a pagar por escribir!".

Y enseguida vino una segunda… Sobre la opresión. Creo que la gente se tiene que defender. Quise escribir sobre esa capacidad del ser humano de buscar su libertad; hablo del fanatismo religioso y de tres hijas. La primera, María Inmaculada, defiende su sexualidad y lo escribo en una etapa en la que no estaba tan de moda temas como los derechos LGTB. La segunda define la libertad de la mujer, con derecho a su cuerpo y su vida. Estudia Derecho y, desde esa licenciatura, defiende a la mujer que al final es quien trae vida. Y la tercera, desde un convento desde donde ama, desde la espiritualidad. En esas tres niñas mezclo la magia de África, la brujería y la parte católica, todo. Se tituló Las hijas de Tomás Ondó y Teresa García

La tercera, 'Tres almas para un corazón', la he leído. Y es una bomba, porque habla sobre un tema tan controvertido como la poligamia. Me gustó el libro y me conmovió el epílogo en el que dices que nadie conoce a nadie, ni siquiera a uno mismo, porque ni tú misma eres como quien comenzó a escribir el libro… 

Escribirla fue maravilloso porque fue hacerlo sobre el amor y la tolerancia del amor, el perdón, el respeto. Cuando la gente te cuenta su historia, te das cuenta de que nadie debe juzgar a los demás sin conocer su realidad, porque cada uno vive su verdad y solo hay que tener la empatía de querer escuchar.

Se trata de la historia de tres mujeres casadas con un hombre. Entrevisté a todos, viví con ellos porque quise conocer realmente qué ocurría, si había amor de verdad y qué había en esa historia. Fue apasionante.

¿Y el cuarto libro para cuándo?

Estoy con ello, que me está costando mucho. Es un libro de autoayuda, porque creo que está bien poder escribir, y decir que uno también lo pasa mal. He llorado mucho, he sufrido zancadillas, traiciones, pero me he vuelto a levantar. Creo que toca mucho esta sinceridad, poder contárselo a la gente.   

¿Y tu faceta de empresaria? 

Esta parte me divierte. Porque creo que en la vida tienes que ser independiente. La autonomía para las mujeres y para cualquier persona es fundamental. Tengo mi empresa de cosmética inclusiva, Clementyne. Y es una pasión que se convierte a la vez en una forma de vida. Porque cuando ves que la gente utiliza tus productos, los compran, te los demandan, es maravilloso. Sobre todo nosotros que vendemos fuera.  

¿Dónde vendéis? 

Sobre todo ahora en algún país africano, pero especialmente en Oriente Medio. Llevamos con la marca desde 2020. Además, he trabajado mucho en temas de construcción. Me animé porque me impliqué en la construcción en la época de ministra. Hicimos tantas obras de bibliotecas, viajé en tantos países para ver cómo hacían los museos... Estuve en Estados Unidos, en Italia, en Portugal y al final aprendí y entré en una empresa en la que soy minoritaria.   

¿Y tu plataforma Diversidad y Desarrollo? 

Es como mi alma, porque creo que ahí es donde se resume todo lo que defiendo, sobre todo la formación y la educación. Gracias a la diversidad aprendemos todo de ella, de cultura, de los orígenes, de religión, de cualquier cosa. La inclusión es fundamental, porque nos enriquece. El liderazgo es fruto de formación y educación, que para mí es la clave. La verdad es que siempre me he sentido muy privilegiada. La formación es fundamental, pero hay muchas sociedades y, sobre todo muchos países y continentes, en el caso de África, donde para muchos niños y para muchas personas no es tan fácil. Poder llegar a todos ellos con la experiencia de aquí es muy importante.   

¿La plataforma está pensada para todas las edades, para los adultos, para las niñas? 

Para todos. Por un lado, hacemos entrevistas a referentes, que puedan servir de reflejo a otros. Cogemos personas de diferentes etnias, religiones, razas, porque creo que la experiencia de cada una ayuda a diferentes sectores. Por otro lado, realizamos formaciones, estamos firmando acuerdos con universidades y con entidades, creando un programa de liderazgo.

Y luego, finalmente, el tema de las niñas es fundamental. Es cuando somos más vulnerables y cuando más necesitamos que nos agarren de la mano y sentir que somos parte de una vida. Porque muchos niños, incluso aquí en sociedades tan avanzadas, muchas veces viven un poco desubicados. Es muy importante poder ayudarles porque estamos creando un futuro y sin ellos ese futuro no existe.   

¿Especialmente te interesan las niñas? 

Sí, porque cuando educas bien a una mujer, estás educando a una sociedad. Creo que las mujeres tienen mucho talento, mucha capacidad, pero a veces sentimos que no merecemos decir en alto el orgullo de lo que somos. Es fundamental educar a las niñas desde pequeñas y hacer que se sientan orgullosas de lo que valen, de lo que están haciendo.   

Guillermina Mekuy.

Guillermina Mekuy. Fotografía: Laura Mateo

¿Y cómo llevas tú ser madre de un niño? 

Pues me costó mucho, porque me preparaba para tener una niña. Pero cuando nació el niñito dije tienes que ser parte de esa sociedad donde los hombres también deben acompañar a las mujeres. Yo tuve un padre maravilloso que creyó en mí y mi hijo también tiene que creer en una madre que cree en él como niño varón. Estoy muy contenta.   

Tengo la sensación de que siempre hablas de tu padre. ¿Qué papel jugó tu madre en vuestra educación? 

Fíjate que muchas veces me lo preguntan. Fue mi maestro. Se involucró mucho en nuestra formación, a pesar de estar muy ocupado. Compartimos con él muchos momentos, debatimos mucho. Recuerdo que cuando entré en la Universidad y tenía dudas, muchas veces aunque él viviera en Guinea, debatíamos por teléfono. Jugó un papel importante porque nos educaba, pero siempre nos recordaba lo difícil que fue para él salir adelante, siempre nos recordaba sus raíces. Mi madre vive y también lo hizo. Y supo crear un ambiente donde participó en esa educación, acompañando a mi padre.   

¿Cómo es Guinea Ecuatorial en 2024? ¿Cómo la percibes? 

Hace tiempo que no viajo, pero tengo el recuerdo de mi época de trabajo. Creo que estuve en un momento en que la sociedad estaba en un periodo importante de crecimiento. Hace un año y medio que no viajo precisamente porque me he querido centrar un poco en el niño y en la plataforma. Es mi país de origen, lo amo, pero también tengo otra sociedad donde me toca hacer un papel importante.  

¿Qué te traes de allí aquí? 

La parte familiar. Para mí la familia es muy importante. El cariño que he recibido de mis hermanos, de mi madre, de mi padre y de la familia ha sido fundamental. Mi madre es mayor pero vive en su casa, aunque nos turnamos todas para que un tiempo lo pase en cada casa. La vemos como una persona a la que ahora nos toca devolverle lo que hizo por nosotras.   

¿Y a Guinea qué llevas de España? 

El aprendizaje. Fue muy importante mi paso por la Universidad, estudiar, prepararme, aprender a debatir, como hacíamos durante toda la carrera, que debatíamos, discutíamos, hablábamos con los profesores, porque eran carreras donde te permitían  pensar. Yo creo que es importante que la gente pueda expresarse, decir lo que piensa, tener esa libertad de querer superarse como personas.   

¿Cocinas a la española o a la guineana? 

Las dos cosas, aunque no cocino tanto. En casa ponemos música guineana y española. Cuando he estado en Guinea siempre he echado de menos las cosas españolas. Ahora que estoy en Madrid otra vez, pues echo de menos muchas cosas de la música, la comida y la literatura ecuatoguineana.   

¿Y cómo es hoy la mujer guineana y cuáles sus luchas? 

Es una mujer para quien la cultura es la clave de su desarrollo. Tienen trabajos relevantes, puestos importantes. Pero creo que la cultura patriarcal donde el hombre tiene mucho protagonismo hace que la propia mujer, a pesar de su formación, a veces se frene muchísimo a la hora de tomar decisiones. Es como si tuvieran que estar siempre en un segundo plano. Yo creo que está en una etapa de aprendizaje, de crecimiento, pero sobre todo de espera. 

¿Y tú has sentido alguna vez el síndrome de la impostora? 

Pues depende. Creo que depende de las circunstancias.   

Pero cuando lo has sentido, ¿cómo has luchado contra él? ¿Cómo le dirías ahora a una mujer que luche contra ese síndrome? 

Yo creo que al final para poder luchar contra esa situación es importante saber en qué etapa te encuentras. He aprendido que en la vida hay etapas y momentos que por más que escuches, por más que te digan que eres útil, que te expliquen, que viajes…, si por dentro no estás bien, es muy difícil que seas consciente de ello. Uno mismo tiene que estar bien, no importa lo que tenga a su alrededor. 

Charo Izquierdo y Guillermina Mekuy.

Charo Izquierdo y Guillermina Mekuy. Fotografía: Laura Mateo

¿Hasta dónde quieres llegar con tu plataforma? 

Me gustaría llegar a muchos sitios y compartirlo con otras personas, servir de reflejo para otros. Porque a mí también me ha ayudado muchísimo para poder ser la mujer que soy tanta gente a la que he seguido, que he escuchado, que he mirado, que he respetado. Me gustaría que la plataforma tuviera esta capacidad, esa cualidad de llegar a diferentes partes y que, sobre todo, se pudiera compartir y que sirva.   

Utilizo el título de la película 'Memorias de África' para preguntarte por cuál es tu memoria de África. 

Los atardeceres. el ritmo y el olor. El paisaje. Aparte de que la película me gustó muchísimo, sobre todo porque es una historia maravillosa de amor. África siempre es como un tambor que resuena. Es un continente con nombre de mujer, que llora, que ríe, que abre los brazos, pero que tiene que seguir creciendo y evolucionando.