Elizabeth Blackwell.

Elizabeth Blackwell. Clara Moreno Gaspar

Magas-Mujeres en la Historia

Elizabeth Blackwell: la mujer que transformó las burlas en un legado y cambió la historia de la medicina

Lo hizo transformando un sistema que la repudiaba en el cimiento de una nueva era sanitaria basada en la higiene y la igualdad.

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Juanita Pérez
Publicada

En 1847, los estudiantes del Geneva Medical College de Nueva York votaron a favor de la admisión de una mujer en sus aulas. Lo hicieron entre risas, creyendo que la solicitud era una "broma" realizada por una escuela rival.

Cuando Elizabeth Blackwell cruzó la entrada de la facultad pocos días después, el silencio se apoderó de la sala. No era un juego; era el inicio de una historia que desafiaría las leyes biológicas y sociales de mediados del siglo XIX.

Nacida en Bristol, Inglaterra, en 1821, Elizabeth creció en el seno de una familia liberal y culta que emigró a Estados Unidos buscando nuevas oportunidades.

Su destino no estuvo marcado por un interés temprano por la anatomía, sino por una experiencia personal que la marcó: la enfermedad de una amiga cercana.

Aquella chica le expresó a Elizabeth que su sufrimiento pudo ser menor de haber contado con una médica que la atendiera, puesto que era una época donde el pudor femenino impedía a muchas mujeres buscar ayuda profesional ante médicos hombres; fue por ello que Blackwell comprendió que su vocación no era sólo por la ciencia, sino por una cuestión de justicia y salud pública.

Ser rechazada por múltiples instituciones fue el primer obstáculo. Durante su formación, tuvo que lidiar con el ambiente hostil por parte de sus profesores y compañeros, desencadenando el aislamiento social.

Esto no fue un obstáculo para que la británica, con su brillantez, terminara por silenciar las burlas.

En 1849, se graduó con los máximos honores, convirtiéndose en la primera mujer en alcanzar el grado en Medicina en la historia moderna de Estados Unidos.

La prensa de la época reflejó el hito con una mezcla de asombro y escepticismo, pero para ella, el título era solo la herramienta necesaria para una labor mucho mayor.

Con el título en sus manos, Blackwell viajó a Europa para perfeccionar su técnica. Concretamente a París, donde se le permitió estudiar en un hospital público de maternidad.

No todo fue color de rosa. Durante su estadía en el centro médico, sufrió un accidente que cambiaría su vida.

Mientras trataba a un bebé con infección ocular, una gota de líquido contaminado saltó a su ojo. La reacción fue tan grave que perdió la visión y posteriormente tuvo que someterse a una extirpación del globo ocular, lo que truncó para siempre su sueño de ser cirujana.

Lejos de rendirse

Regresó a Nueva York en 1851. Al no encontrar ningún hospital que quisiera contratarla por ser mujer, decidió abrir su propia clínica. Junto a su hermana Emily —quien también se graduó en Medicina para seguir sus pasos— y la doctora Marie Zakrzewska, fundó la Nueva York Infirmary for Indigent Women and Children.

Este era también un refugio para mujeres sin recursos y una escuela de formación para las futuras médicas.

En 1869, Elizabeth se mudó definitivamente a Inglaterra, donde continuó su labor.

Fue la primera en figurar en el Registro Médico Británico y fundó la Escuela de Medicina para Mujeres de Londres. Su vida no se limitó a la consulta; fue una prolífica escritora y activista, defendiendo que la educación médica para ellas era un derecho fundamental que beneficiaría a toda la sociedad.

El legado

Falleció en 1910, dejando un mundo donde la salud ya no se trataba desde un espacio únicamente masculino. Elizabeth Blackwell no solo curó cuerpos; sanó un sistema que se negaba a ver el talento femenino.

Hoy, su nombre es el símbolo de la persistencia frente al prejuicio y de una medicina que, por primera vez, tuvo rostro de mujer.