Mary Jackson en una imagen de archivo.

Mary Jackson en una imagen de archivo. Gtres

Magas-Mujeres en la Historia

La vida de Mary Jackson, la primera ingeniera afroamericana que logró trabajar en la NASA en 1958

Esta matemática e ingeniera aeroespacial luchó por poder estudiar en un mundo de hombres blancos y luchó por la igualdad.

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Su vida es un ejemplo de perseverancia, inteligencia y valentía frente a las barreras raciales y de género que definieron gran parte del siglo XX. A través de su trabajo en la NASA y su posterior legado, se convirtió en un símbolo de lucha por la igualdad y la excelencia profesional.

Nacida el 9 de abril de 1921 en Hampton, Virginia, Mary Winston Jackson creció en una sociedad profundamente segregada. Desde temprana edad mostró una notable habilidad para las matemáticas y las ciencias, lo que la llevó a estudiar en el Hampton Institute (hoy Hampton University), donde obtuvo títulos en matemáticas y ciencias físicas en 1942.

Sin embargo, como muchas mujeres afroamericanas de su época, su acceso a oportunidades profesionales era limitado. Antes de incorporarse al mundo de la ingeniería, trabajó como maestra, contadora y recepcionista.

Su vida dio un giro decisivo cuando se unió al Comité Asesor Nacional para la Aeronáutica (NACA), la institución que más tarde se convertiría en la NASA. Allí comenzó como “computadora humana”, un término que designaba a mujeres encargadas de realizar cálculos matemáticos complejos a mano.

Estas mujeres, muchas de ellas afroamericanas, estaban en unidades separadas, como el conocido grupo de West Area Computers.

El talento de la estadounidense no pasó desapercibido. Su supervisor, el ingeniero Kazimierz Czarnecki, reconoció su potencial y la alentó a formarse en ingeniería. Sin embargo, para lograrlo, tuvo que enfrentarse a una de las barreras más significativas de su carrera: la segregación educativa.

Los cursos necesarios para su promoción sólo se impartían en una escuela para blancos. Determinada a avanzar, Jackson presentó una petición judicial para obtener permiso especial para asistir a esas clases nocturnas. Su solicitud fue aprobada, y en 1958 se convirtió oficialmente en la primera ingeniera afroamericana de la NASA.

Trabajó en el túnel de viento supersónico, donde investigó el comportamiento del aire alrededor de aeronaves a altas velocidades. Sus contribuciones ayudaron a mejorar la seguridad y el rendimiento de los aviones, en una época clave marcada por la carrera espacial y el desarrollo tecnológico durante la Guerra Fría.

Con el paso del tiempo, la también matemática se dio cuenta de que las barreras que había superado seguían afectando a muchas otras mujeres y minorías dentro de la entidad.

En 1979, tomó una decisión poco común: aceptar una reducción de rango para trabajar como administradora en programas de igualdad de oportunidades. Desde esta posición, se dedicó a promover el avance de mujeres y personas afroamericanas en carreras científicas y técnicas, ayudando a transformar la cultura institucional.

El legado de Mary Jackson adquirió una nueva dimensión con el estreno de Hidden Figures –en España, Figuras ocultas- , dirigida por Theodore Melfi.

La película, basada en el libro de Margot Lee Shetterly, narra la historia de tres brillantes científicas afroamericanas en la NASA: Katherine Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson.

Interpretada por Janelle Monáe, este perfil es retratado como una mujer decidida, inteligente y profundamente consciente de las injusticias que la rodean.

Uno de los momentos más emblemáticos del filme es precisamente su lucha por acceder a la educación necesaria para convertirse en ingeniera.

En una poderosa escena, Mary defiende su derecho a asistir a clases en una escuela para blancos, argumentando su compromiso con el progreso del país. Esta escena resume el espíritu de su vida: una combinación de coraje personal y sentido colectivo.

La película no sólo rescató su figura del olvido histórico, sino que también permitió que nuevas generaciones conocieran la contribución de mujeres afroamericanas a la exploración espacial.

Durante décadas, estas historias habían sido marginadas en los relatos oficiales, a pesar de su importancia crucial en logros como el lanzamiento del astronauta John Glenn en órbita.

Más allá de su representación en el cine, la herencia de la ingeniera aeroespacial continúa viva en múltiples iniciativas educativas y científicas. En 2020, la NASA anunció que su sede en Washington D.C. llevaría su nombre, un reconocimiento simbólico de gran relevancia.

Este gesto honra su memoria y también envía un mensaje claro sobre la importancia de la diversidad y la inclusión en la ciencia.

La historia de Mary es especialmente relevante en el contexto actual, donde aún persisten desigualdades en el acceso a carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas).

Su vida demuestra que el talento puede florecer incluso en condiciones adversas, pero también subraya la necesidad de eliminar las barreras estructurales que limitan ese potencial.

En el ámbito cultural, el filme que retrata su lucha y la de sus compañeras ha tenido un impacto significativo al combinar entretenimiento y educación. Logra humanizar a sus protagonistas, mostrando sus logros profesionales y sus facetas personales, sus amistades y sus luchas cotidianas.

En el caso de Mary Jackson, se destaca su papel como madre, esposa y mentora, ofreciendo una visión integral de su identidad.

La ingeniera aeroespacial en una imagen de archivo.

La ingeniera aeroespacial en una imagen de archivo. Gtres

Su historia también invita a reflexionar sobre el concepto de liderazgo. A diferencia de figuras que buscan reconocimiento público, ella ejerció uno silencioso pero profundamente transformador.

Su decisión de dedicarse a la promoción de otros profesionales demuestra una visión generosa y estratégica. Conocida por su lema: “Compartid lo que tenéis y cuidaros los unos a los otros”, deja claro que entendía que el verdadero progreso no se mide únicamente en logros individuales, sino en la capacidad de abrir caminos.

En definitiva, se trata de mucho más que una pionera de la ingeniería aeroespacial. Es un símbolo de resistencia, inteligencia y compromiso social.

Su trayectoria nos recuerda que la historia de la ciencia está llena de voces que durante mucho tiempo permanecieron ocultas, y que sólo recientemente comienzan a recibir el reconocimiento que merecen.

Su relato no pertenece únicamente al pasado. Vive en cada estudiante que sueña con una carrera científica, en cada profesional que desafía las normas establecidas y en cada institución que decide apostar por la diversidad.

Mary Jackson no sólo ayudó a conquistar el espacio; también contribuyó a ampliar los horizontes de lo posible en la Tierra.