Begoña Pérez, experta en orden y limpieza.
'La Ordenatriz' revela cómo logra dejar las toallas esponjosas sin necesidad de utilizar suavizante
Este producto apelmaza las fibras y resta capacidad para secar, pero puede sustituirse por el vinagre de limpieza.
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No hay sensación más agradable después de una ducha que secarse con una toalla suave y esponjosa, de esas que te envuelven y parece que te abrazan. Esa textura mullida convierte un gesto rutinario en un pequeño ritual de autocuidado, casi como estar en un hotel.
Sin embargo, cuando coges una áspera o de esas que no quitan la humedad por más que frotes, la experiencia pierde puntos automáticamente y se vuelve bastante decepcionante.
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La pregunta de la semana para el consultorio de 'La Ordenatriz' es tan cotidiana como recurrente. Una lectora de Magas de Sevilla quiere saber cómo conseguir que el citado textil del hogar proporcione la tan deseada sensación de confort día tras día, incluso después de muchos lavados.
Porque sí, el paso del tiempo, el uso intensivo y una rutina de lavado poco adecuada terminan pasando factura: las fibras se endurecen, pierden absorción y el encanto desaparece.
Y la sorpresa viene cuando la experta en orden y limpieza anuncia que el truco no pasa por utilizar un tipo de suavizante determinado —tampoco por recurrir a esas perlas aromáticas para la lavadora o a potenciadores de aroma para la ropa—. Es más, recuerda que este producto contiene grasas que apelmazan la tela y restan eficacia a la tarea principal, que es secar.
En su lugar, Begoña Pérez recurre al vinagre de limpieza como sustituto inteligente y mucho más respetuoso con los tejidos. La tarea es sencilla: preparamos 250 ml de este líquido, metemos las toallas en la lavadora, echamos el vinagre encima de ellas y añadimos dos puñados de sal.
Las toallas se vuelve ásperas con el paso del tiempo. iStock
Sí, antes de lavar, no después ni durante, para que el producto actúe desde el inicio del ciclo y penetre bien en las fibras.
Seguidamente, programamos un ciclo de una hora y media como mínimo y 30 grados de temperatura. Cuando llegue a su fin, colgamos las toallas y, en cuanto se sequen, comprobarás cómo han quedado suaves y mullidas, con una caída más flexible y agradable al tacto.
Untip sencillo, barato y eficaz al que acudirás una y otra vez. También lo puedes emplear en la ropa de deporte, donde el suavizante tampoco está indicado porque reduce la transpirabilidad de los tejidos técnicos.
La pregunta que seguro os viene a la mente ahora es: “¿Por qué funciona para esto el vinagre de limpieza?”. La respuesta es que ayuda a disolver los residuos de cal, detergente y suavizante acumulados entre las fibras a través de los lavados, algo que el detergente normal no siempre consigue por sí solo.
Al 'despegar' esa película invisible, las toallas recuperan su capacidad natural para absorber el agua y su tacto aterciopelado.
Además, tiene un poder desinfectante y desodorante que elimina los malos olores sin dejar rastro del suyo propio cuando el tejido se seca. Al mismo tiempo, la sal ayuda a fijar los colores y a potenciar el efecto purificante, de modo que el tejido queda limpio, flexible y esponjoso, con un aspecto más cuidado.
Otra ventaja de este método es que no daña la lavadora ni el medio ambiente. Frente a los productos industriales, no deja residuos químicos y contribuye a mantener los conductos del electrodoméstico en mejores condiciones, algo que se nota a largo plazo.
Este uso, que seguro muchas no conocíais del vinagre de limpieza, se suma a otros muchos: es un desengrasante ligero que funciona bien para limpiar las salpicaduras de grasa en la cocina; resulta eficaz para las tablas de cortar alimentos porque ayuda a eliminar bacterias y malos olores, y también puedes utilizarlo para lavar frutas y verduras diluyéndolo en agua.