El filósofo francés, en un posado para Magas.

El filósofo francés, en un posado para Magas. Sara Terol Rico

Moda

El filósofo Gilles Lipovetsky y su teoría sobre la moda: "Está en todas partes y ha logrado reformular la autenticidad"

El pensador francés analiza un sector que se ha transformado en un fenómeno transversal y va mucho más allá de la ropa.

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Alejandra Caro
Publicada

Nunca se separa de su mochila. Baja de las montañas de Grenoble rumbo a Barcelona para participar en el European Fashion Summit, organizado por la Fundación Academia de la Moda Española. A sus 80 años, el filósofo y sociólogo francés Gilles Lipovetsky mantiene una agenda —y una energía— que desmentirían a cualquiera que intente reducirlo a la categoría de pensador veterano.

Durante décadas, ha sido una de las voces más singulares del pensamiento de la moda más allá de los prejuicios habituales: ni frivolidad pura, ni simple signo de clase, ni anécdota cultural. En su lectura, es una estructura transformadora de la modernidad. Y hoy, más que nunca, una estructura total.

Hay algo profundamente revelador en la manera en la que se presenta: sin artificio, sin solemnidad, con esa mezcla tan francesa de fluidez verbal y profundidad analítica. Marxista en su juventud —"porque todos los intelectuales en París en aquella época lo eran"—, hoy se ilumina hablando frente a una cerveza y un plato de jamón.

Lipovesky explora la nueva realidad moderna en su último ensayo.

Lipovesky explora la nueva realidad moderna en su último ensayo. Sara Terol Rico

No es una contradicción. Es, en cierto modo, la prueba de su coherencia.

Ateo convencido, no teme a la muerte. Pero sí siente una urgencia: la de seguir leyendo, pensando, escribiendo. "Me gustaría vivir otros cien años", dice, no por ambición, sino por curiosidad y para seguir explorando la vasta biblioteca de ideas que alberga en su mente.

Su última aventura, el ensayo L’odyssée de la surpuissance (La odisea del superpoder), en el que explora la nueva realidad moderna de control casi absoluto pero de extrema fragilidad y ansiedad, demuestra que sigue estando, dans l’air du temps (acorde a los tiempos).

Y son precisamente estos tiempos los que, en su opinión, están haciendo prosperar la industria fashion.

Hoy la moda está en todas partes: en los coches, las casas, el inmobiliario, la música… Ya no hay producción industrial sin ella. Es lo que yo llamo el capitalismo artista, el capitalismo estético. Y es un fenómeno estético, no solo un fenómeno social", reflexiona.

Estético, aclara, "significa que toca las emociones; no se trata únicamente de lo bello, sino de lo emocional".

Es en este mundo sensorial donde, para Lipovetsky, deja de ser un sector para convertirse en un fenómeno transversal que va mucho más allá de la ropa.

Porque cuando comerciamos con emociones, creamos necesidades.

"Y es con esta inteligencia que el mercado necesita esta dimensión de la moda, porque reactiva constantemente el deseo de compra de los consumidores. Es una lógica global que ha cambiado la fisonomía del capitalismo…", explica.

La moda ya no organiza sólo el vestuario. Organiza el deseo.

Pero ¿qué ocurre cuando esa lógica se desplaza del objeto al sujeto? ¿Qué pasa cuando deja de vestir el cuerpo para empezar a estructurar la identidad? Lipovetsky no se detiene ahí. Porque, si la moda ha colonizado la economía, las redes sociales están redefiniendo el individuo.

O, más exactamente, la manera en que este se muestra: "Está claramente relacionado con esa cultura del yo y de la autenticidad que nace en el siglo XVIII. Pero la pregunta es inevitable: ¿es lo mismo cuando Rousseau escribe Las confesiones?".

La distancia es mayor de lo que parece. "La autobiografía nace como un ejercicio de verdad: recordar, comprender, mejorar, enfrentarse tanto a lo bueno como a lo malo. Lo que vemos hoy en las redes sociales es otra cosa", asegura.

Gilles Lipovetsky, con Alejandra Caro.

Gilles Lipovetsky, con Alejandra Caro. Sara Terol Rico

Porque, en palabras del propio Gilles, lo que ocurre en las redes sociales es la anexión de la cultura de la autenticidad individual por la lógica de la moda: "Se habla de uno mismo, sí.

Pero ya no bajo el signo de la verdad, sino bajo el de la valorización. Hoy sólo existe lo bueno. Siempre estás guapo, siempre sonriente. Todo va bien".

Es lo que él denomina un ego casting: una puesta en valor de uno mismo, como lo era antaño el vestuario.

"Antes, el individuo se construía a través de la ropa. Hoy se escenifica directamente: su vida, sus relaciones, sus experiencias... La estructura, sin embargo, es la misma. Este fenómeno es, en esencia, una puesta en escena. Ahora la puesta en escena eres tú y, de alguna manera, quieres seducir. Buscas likes. Entras en una dinámica de seducción que es, en el fondo, la lógica misma de la moda", argumenta.

"En términos estructurales, la conclusión es clara: la moda ha ganado. No solamente porque está en todas partes, sino porque ha logrado reformular incluso aquello que parecía oponérsele: la autenticidad", añade.

Esta no desaparece. Se transforma. Se estiliza. Se escenifica. Se convierte en forma.

Porque con Lipovetsky, todo converge inevitablemente hacia la moda. Y ahí surge la pregunta incómoda: ¿esta necesidad de validación personal a través de lo digital no se convierte en una nueva forma de esclavitud?

La respuesta no es tajante, pero sí inquietante: "No se puede entender el hiperindividualismo sin lo colectivo. Nos construimos como un teatro para agradar a los demás. Es cierto: esta dinámica es inseparable de la cultura de la autenticidad. Pero es una mistificada. Porque lo que debería ser verdad se convierte en representación. Ya no estamos en la verdad, sino en la teatralidad".

Entonces, ¿queda algún espacio para la expresión real del individuo?

"Quizá, paradójicamente, en la ropa. En la vestimenta, el gesto sigue siendo, en cierto modo, íntimo. Te pones unos vaqueros porque te gustan. Sin más. No necesitas aprobación. En internet, en cambio, esperas validación. ¿No tengo likes?·, dice.

Y sin embargo, incluso ahí, la moda sigue operando como lenguaje.

Hoy la gente expresa lo que le gusta, no lo que dicta la industria. Pero a través de lo que llevas, sigues diciendo algo.

Y ese algo ha cambiado. Ya no dices "pertenezco a una clase rica sino que expresas quién eres. Soy una mujer de 42 años, así me gusta mostrarme, me gusta este estilo y no este otro".

Eso lo dices a través de la ropa. Por eso la moda sigue siendo, más que nunca, un medio de expresión. Antes lo era de clase. Hoy lo es de identidad.

Y ahí aparece, finalmente, la paradoja.

En última instancia, el pensamiento de Lipovetsky nos enfrenta a una tensión que define nuestro tiempo. Vivimos en una era de hiperindividualismo, pero profundamente colectiva. Nos construimos como individuos, pero en relación constante con los demás.

Buscamos autenticidad, pero la expresamos a través de códigos estéticos compartidos.

Queremos ser únicos, pero necesitamos ser vistos. Y en el centro de todo ello está la moda. No como industria, sino como lógica, como sistema de sentido, como forma de organizar el deseo, la identidad, la emoción.

Quizás por eso, al hablar con él, da la sensación de que todo converge inevitablemente en ella.

No porque todo sea moda, sino porque esta ha aprendido a absorberlo todo. La cultura. La economía. La psicología. Incluso la autenticidad.

Y, sin embargo, en medio de esta expansión total, permanece algo profundamente humano en su análisis. La intuición de que, más allá de los sistemas, seguimos buscando lo mismo: sentido, reconocimiento, expresión.

La moda no crea ese deseo. Lo canaliza. Lo amplifica. Lo convierte en forma.

Y en ese proceso, redefine —una y otra vez— lo que significa ser individuo en el mundo contemporáneo.

Quizás esa sea su verdadera fuerza. Y también su mayor ambigüedad.