La sala de cine del creativo.
Karla Sofía Gascón desfila para Pablo Erroz: perros modelo, portabotellas y un salón cinematográfico
Entre abanicos, plumas y terciopelo, la colección despliega un lenguaje de movimiento y contraste.
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En el marco de la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid, Pablo Erroz transformó la pasarela en un espacio escénico donde la moda se vive y se habita, con la presencia de Karla Sofía Gascón en el desfile.
Lejos de una simple sucesión de looks, la colección se presentó como un espacio habitado: un salón en el que, tras recorrer la pasarela, los modelos se acomodaban y permanecían. El concepto dejaba atrás la idea del tránsito para convertirse en imagen fija, casi fílmica.
Desde los primeros looks, se percibía una voluntad clara: construir una propuesta mixta donde las prendas circulasen entre cuerpos, sin distinción. Había una voluntad de construir algo más que siluetas: una atmósfera. Las formas, mayoritariamente largas y fluidas, se movían entre lo estructurado y lo aéreo.
Vestidos de gran longitud convivían con trenches ligeros, atravesados por volantes en tonos negros y cobrizos que aportan ritmo y profundidad. Había una ligereza constante, pero nunca ingenua: cada movimiento parecía medido, cada volumen, contenido.
Los materiales jugaban un papel clave en esta tensión. El terciopelo —en versiones mates y satinadas— introducía densidad visual, mientras que las plumas aportaban una dimensión más etérea.
A su lado, los tejidos de lentejuelas, especialmente en rayas blancas y negras, dibujaban un lenguaje gráfico que recorría la colección sin romper su equilibrio. El brillo se deslizaba por las propuestas.
Looks durante el 'show'.
Detalles aparentemente secundarios adquirían un peso narrativo. Alfileres visibles, casi como elementos en proceso y bolsos concebidos como portabotellas que cuestionan la función clásica del accesorio. Todo parecía pensado para desviar ligeramente la mirada, para introducir una disonancia sutil dentro de un conjunto controlado.
Algunos looks reforzaban esa dimensión escénica mediante elementos que rozaban lo performativo: abanicos que se sostienen en la mano o se integran en los propios volantes de los vestidos, mangas que se desplegaban como capas y piezas que oscilaban entre lo ornamental y lo funcional.
La paleta cromática acompañaba la intención con una gama suave y comedida —blancos, negro, beis, verdes, cobre, rosa pálido, azul— matizada por la presencia del marino. Tonos que no buscaban imponerse, sino sostener la atmósfera general del desfile.
Los canes en la pasarela.
Pero fue en la puesta en escena donde la propuesta alcanzó su punto más singular. Entre los modelos, perros —chihuahuas y dálmatas— aparecían como parte del relato, acompañando los looks con una naturalidad que descolocaba y, al mismo tiempo, reafirmaba la idea de cotidianidad.
En el universo escénico, también destacaba la presencia de Karla Sofía Gascón, que formó parte del casting, reforzando la dimensión performativa del espectáculo.
La moda se presentaba aquí no como un objeto distante, sino como algo que se vive, que se habita, que se comparte.
Karla Sofía Gascón en escena para Pablo Erroz.
En este contexto, el desfile dejó de ser únicamente una presentación para convertirse en una construcción narrativa.
Pablo Erroz propuso un auténtico universo donde cada elemento —prenda, gesto, espacio— participa de una misma idea: pensar la moda más allá del instante.