A la izda. vestido de la línea infanta de Balenciaga. Retrato de Doña Inés de Zúñiga, condesa de Monterrey (en el centro) y modelo de Loewe.

A la izda. vestido de la línea infanta de Balenciaga. Retrato de Doña Inés de Zúñiga, condesa de Monterrey (en el centro) y modelo de Loewe. GTres

Moda y Belleza

Qué es el 'guardainfantes' y por qué las pasarelas quieren volver a ponerlo de moda

Ya sea para innovar, para dar que hablar o para quienes quieren asegurarse una distancia social razonable, por motivos de salud o timidez, los diseñadores insisten en la tendencia.

9 noviembre, 2022 01:35

Durante los desfiles de la reciente Semana de la Moda de París, en los que se presentaron las colecciones de prêt-à-porter de primavera-verano 2023, varias marcas optaron por sorprender a sus invitados, bien por el escenario o el contenido del desfile, como la pasarela embarrada de Balenciaga o el vestido en spray de Coperni sobre el cuerpo de Bella Hadid.

[Todas las sorpresas de la Semana de la Moda de París]

Pero si algo llamó poderosamente la atención de la prensa especializada fueron los desfiles de Loewe y de Dior. Jonathan Anderson presentó con Loewe la versión para el siglo XXI del guardainfante que llevaban bajo la ropa las mujeres de los siglos XVI y XVII.

Propuestas de Dior (a ambos lados) y Loewe (centro).

Propuestas de Dior (a ambos lados) y Loewe (centro).

Mientras que María Grazia Chiuri, directora creativa de Dior, recreaba su versión más romántica e histórica, en una colección inspirada en Catalina de Médici (1519-1589), la que fuera reina consorte de Francia desde 1547 hasta 1559. Los guardainfantes de Dior eran de encaje y calados al más puro estilo lencero.

Guardainfantes corto

Guardainfantes corto

Pero, ¿qúe es exactamente un guardainfante? Según el Diccionario de la RAE, es una "especie de tontillo redondo, muy hueco, hecho de alambres con cintas, que se ponían las mujeres en la cintura debajo de la basquiña".

En otras palabras, una armazón colocado alrededor de la cintura para ahuecar las faldas que, a lo largo de los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX, ha recibido diferentes denominaciones según el material del que estuviera hecho: podría ser de madera, aros de metal o mimbre (verdugado y guardainfante), de aros de ballena (tontillo) o de tela rígida (crinolinas o miriñaques y polisones).

Según Bárbara Rosillo, en su blog Arte y demás historias, el guardainfante tenía "forma de gran cesta invertida y realizado a base de aros de metal o mimbre unidos con cintas o cuerdas, cuya función era ahuecar la basquiña (falda exterior). Debido a su gran tamaño, la tela quedaba muy estirada, por lo que lucía espléndida, probablemente sin arruga alguna. Por su complejidad y dimensiones, la falda tenía unas aberturas que permitían recolocar los alambres en el caso que se salieran de su sitio”.

Y añade la doctora en Historia del Arte: “Más adelante, la forma redondeada de la falda evolucionó hacia un tamaño alargado que se denominó 'guardainfante de codos', ya que estos podían apoyarse sobre la falda”.

Juan Carreño de Miranda A la izda. Inés de Zúñiga, Condesa de Monterrey (1660), en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid.  A la derecha,, Francisca de Velasco, marquesa de Santa Cruz, de Juan Carreño de Miranda, 1665-1670. Colección de los marqueses de Isasi.

Juan Carreño de Miranda A la izda. Inés de Zúñiga, Condesa de Monterrey (1660), en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid. A la derecha,, Francisca de Velasco, marquesa de Santa Cruz, de Juan Carreño de Miranda, 1665-1670. Colección de los marqueses de Isasi.

Según escribe Rocío Martínez, graduada en el Máster de Estudios Avanzandos de Historia Moderna "Monarquia de España Siglos XVI-XVIII, de la Universidad Autónoma de Madrid en actuallynotes: "En la Monarquía Hispánica, durante la primera mitad del siglo XVII, se puso de moda un tipo de vestido muy especial que recibía el nombre de “guardainfantes”, porque se decía que una mujer podía ocultar perfectamente un embarazo llevando esta pieza de ropa".

Su mala fama provenía de que podía disimular tanto los embarazos legítimos como los ilegítimos, y como alegaban sus detractores, por sus dimensiones, una mujer podía incluso ocultar a un amante bajo el guardainfante.

En ocasiones se presentó como una manera de evitar el contagio de los brotes de cólera, viruela y otras enfermedades infecciosas, lo único cierto es que ciertamente aumentaba la distancia interpersonal o social, haciendo muy difícil el contacto físico. Y ofrecía un aspecto imponente, que podía impresionar a los visitantes.

'La Infanta Maria Teresa a los 14 años', pintada por Diego Velázquez en 1652. Kunsthistorisches Museum.

'La Infanta Maria Teresa a los 14 años', pintada por Diego Velázquez en 1652. Kunsthistorisches Museum.

Para esta especialista, autora de diversos estudios sobre la historia de los siglos XVI y XVII y que ha trabajado como asesora de cine, "con el paso del tiempo, los guardainfantes se fueron haciendo cada vez más y más grandes, decorados y ostentosos, considerándose muchas veces que la persona que llevaba el guardainfante más destacado era la que más poder demostraba".

Sin embargo, algunos eran tan enormes que impedían completamente la libertad de movimientos de las mujeres, que no podían pasar por las puertas ni sentarse en sillones o sillas con brazos. 

Mónica López Soler, en su blog La Alétheia de Zorba. Un viaje por la historia del vestido, recuerda un documento que el jurisconsulto Alonzo de Carranza dirige al rey Felipe IV en 1636, Discurso contra los malos trajes y adornos lascivos, en el que  describe el guardainfante como "una diabólica invención": “...No hay cosa más ajena del cuerpo humano (ordinariamente grácil y delicado) de las mujeres que el grueso y aparente bulto que ahora acompaña sus caderas". 

En el tema del guardainfantes, España marcó la pauta pues se trata de una moda que triunfa en la corte española. Son ejemplo de ello los cuadros que hace Diego Velázquez, el más representativo, La familia de Felipe IV que, desde el siglo XIX será más conocido en todo el mundo como Las meninas.

'La infanta Margarita en blanco y plata' y retrato pintado cuando tenía cinco años (1656), que está en el Museo de Historia del Arte de Viena. Y Las Meninas (1656). Ambos de Diego Velázquez.

'La infanta Margarita en blanco y plata' y retrato pintado cuando tenía cinco años (1656), que está en el Museo de Historia del Arte de Viena. Y Las Meninas (1656). Ambos de Diego Velázquez.

En la que sin duda es su obra maestra y que el pintor del Siglo de Oro español acabó en 1656, Velázquez, en plena madurez, nos muestra a la hija de Felipe IV y Mariana de Austria, Margarita Teresa de Austria y Habsburgo (1651-1673), junto a sus meninas. 

'Retrato de la reina Mariana de Austria' (pintado entre 1652 y 1653) que está en el Museo del Prado. Y a la dcha. 'La infanta Margarita Teresa con vestido azul'  (1659), en el Kunsthistorisches Museum de Viena. Ambos de  Velázquez.

'Retrato de la reina Mariana de Austria' (pintado entre 1652 y 1653) que está en el Museo del Prado. Y a la dcha. 'La infanta Margarita Teresa con vestido azul' (1659), en el Kunsthistorisches Museum de Viena. Ambos de Velázquez.

El peinado más usual era el que reproducía el volumen de la falda, peinado guardainfante. Algunos adornos y tocados como el chaperón o la gibelina con pluma, adornaban la cabeza.

Esta infanta de ascendencia española y alemana, acabaría siendo la emperatriz consorte del Sacro Imperio Romano Germánico al casarse con su tío, y a la vez primo, el emperador Leopoldo I. Y será retratada por numerosos pintores más, por lo que podemos ver la evolución del guardainfante.

La infanta doña Margarita de Austria, retrato  realizado por Juan Bautista Martínez del Mazo (c. 1665), que está en el Museo del Prado.  A la dcha. otro retrato suyo, atribuido a Francisco Ignacio Ruiz de la Iglesia, hacia 1665 (Fundación Yannick i Ben Jakober)

La infanta doña Margarita de Austria, retrato realizado por Juan Bautista Martínez del Mazo (c. 1665), que está en el Museo del Prado. A la dcha. otro retrato suyo, atribuido a Francisco Ignacio Ruiz de la Iglesia, hacia 1665 (Fundación Yannick i Ben Jakober)

El mismo Felipe IV llegó a prohibirlos, con multado de 20.000 maravedíes, pero la prenda siguio usándose hasta que, durante la segunda mitad del siglo XVII, la tendencia volvió cambiar y se impuso la moda francesa que impulsaba prendas más cómodas.

Pero esta tendencia llegará a Francia, María Antonia Josefa Juana de Habsburgo-Lorena (1755-1793), más conocida bajo el nombre de María Antonieta de Austria, la lucirá, como puede ver se en el retrato de la soberana realizado por Marie-Louise-Élisabeth Vigée-Lebrun en 1778. Y también en la película de Sofia Coppola.

En el país vecino recibió el nombre de pannier, en referencia a las dos cestas o sacos de tela que se llevaban a ambos lados de un burro u otra montura . Y se cuenta que hubo que modificar el tamaño de las puertas del palacio de la que fue reina consorte de Francia (al casarse, a los catorce años, con el entonces delfín y futuro Luis XVI), para que tanto ella como sus damas pudieran entrar a la vez o sentarse juntas. 

A la izda. fotograma de la película María Antonieta de Sofia Coppola. Y a la derecha, retrato de la soberana realizado por Marie-Louise-Élisabeth Vigée-Lebrun en 1778.

A la izda. fotograma de la película María Antonieta de Sofia Coppola. Y a la derecha, retrato de la soberana realizado por Marie-Louise-Élisabeth Vigée-Lebrun en 1778.

Se comprende que las mujeres de principios del siglo XX abrazaran con entusiasmo todo pequeño esfuerzo de liberarlas de aquellas estructuras pesadísimas e inmanejables y de capas y capas de tejidos y corsés que aprioionaban sus cuerpos y nnos la dejaban ni respirar.

El mérito se lo disputan Coco Chanel y Paul Poiret, con la inestimable ayuda de Madeleine Vionnet,  Madame Louise Chéruit o Lady Duff Gordon y otros tantísimos diseñadores que ya vieron que el futuro pasaba por confeccionarle a la mujer un uniforme para su nueva vida.

[Los 'uniformes de trabajo' de las mujeres]

A finales de 2019, justo antes de la pandemia, la periodista Hannah Marriott elogiaba  en su crónica de The Guardian la colección pre-fall 2020 de Jonathan W. Anderson para Loewe, en la que el diseñador norirlandés se había inspirado en la moda de los siglos XVI y XVII.

Modelos de Dior (primero y tercero) y Loewe (segundo y cuarto) inspirados en el guardainfantes.

Modelos de Dior (primero y tercero) y Loewe (segundo y cuarto) inspirados en el guardainfantes.

La crítica britanica de moda anunciaba que la influencia de lo visto en ese desfile "llegará lejos" e incluso hablaba de que podría llegar a "dominar la próxima década". Y parece que tenía razón, pues la tendencia ha vuelto con fuerza, quizás impulsada por la mayor distancia social a la que nos ha obligado la pandemia.

Anderson y Maria Grazia Chiuri no han sido los únicos en bucear en los archivos y los libros de arte e historia. En Moda, cuanto más hacia atrás te vayas en busca de inspiración, más probabilidades de encontrar algo original y que menos gente haya visto, copiado y explorado.

Ya lo hizo John Galliano durante el tiempo que estuvo al frente de Dior y, mas recientemente, lo han hecho Jeremy Scott (para Moschino), Thom Browne, Demna Gvasalia, Christopher John Rogers, Rick Owens y Vivienne Westwood.

Porque el siglo XXI se giró en sus inicios hacia el athleisure, el unisex y la comodidad absoulta y ahora, dos decádas y una pandemia después, la moda ya no quiere ser solo ponible para pasar sin problemas del gimnasio a la oficina, sino que también busca fantasía.

Y parece haber un nicho de mercado para estos vestidos escultóricos, diferentes, que alejan del resto a quienes los llevan, a la vez que los distinguen de los demás en ocasiones muy especiales. Si la tendencia ha venido para quedarse en nuetros armarios, el tiempo lo dirá. Pero cosas más raras se han visto.