Mathilde Favier en una imagen de sus redes sociales.

Mathilde Favier en una imagen de sus redes sociales. Instagram

Lujos

Mathilde Favier, la mujer que conectó la alta costura con Hollywood y convirtió el cáncer en una lección de vida

La directora de Relaciones Públicas de Dior, fallecida en un accidente de tráfico, fue mucho más que una de las mujeres mejor conectadas de París.

Más información: Muere a los 57 años Mathilde Favier, directora de relaciones públicas de Dior, junto a su marido en un accidente

Titina Penzini
Publicada

En el mundo de la moda hay quienes crean las colecciones y quienes consiguen que estas trasciendan las pasarelas para entrar en el imaginario colectivo. Mathilde Favier pertenecía a ese segundo grupo.

Durante décadas fue uno de esos nombres que todo el mundo conocía en París, aunque el gran público apenas comenzaba a descubrir a la mujer que había detrás de una de las agendas más extraordinarias de la moda internacional.

Su muerte repentina, a los 57 años, el pasado 17 de agosto en un accidente de tráfico en Francia, junto a su pareja, el productor de cine Nicolas Altmayer, ha provocado una enorme conmoción entre quienes compartieron con ella trabajo, amistad y vida.

Nicolas Altmayer y Mathilde Favier en la alfombra roja de 'Amaga Navidad', durante la 79.ª edición del Festival Internacional de Cine de Cannes, en Cannes (Francia), el 19 de mayo de 2026.

Nicolas Altmayer y Mathilde Favier en la alfombra roja de 'Amaga Navidad', durante la 79.ª edición del Festival Internacional de Cine de Cannes, en Cannes (Francia), el 19 de mayo de 2026. Gtres

Pero detrás de la profesional infatigable estaba, sobre todo, una mujer profundamente vinculada a su familia y a sus amigos.

Sus hijos, Héloïse y Carlo Agostinelli, han dejado estos días en sus redes sociales el retrato de una madre extraordinariamente presente, afectuosa, alegre y protectora.

Una mujer para quien la elegancia parecía tener bastante más que ver con los valores, los afectos y la manera de tratar a los demás que con aquello que se llevaba puesto.

Acercó la couture a las estrellas

Mathilde creció casi orgánicamente dentro de la moda francesa. Su hermana, Victoire de Castellane, dirige desde hace décadas la alta joyería de Dior, mientras que su tío Gilles Dufour fue uno de los colaboradores más próximos de Karl Lagerfeld en Chanel.

Ella misma comenzó muy joven en ese universo y desarrolló después una carrera que pasó por la prensa de moda, Prada y Miu Miu antes de incorporarse a Dior, donde terminó convirtiéndose en una figura fundamental de las relaciones públicas internacionales de la maison.

La arquitecta de la moda

Gracias a su brillante personalidad y charm su verdadero talento fue conectar la alta costura parisina con Hollywood, las grandes celebridades, los editores de moda y una sociedad internacional que ella conocía desde dentro.

No era simplemente una cuestión de contactos. Mathilde comprendía los códigos de esos mundos porque formaba parte de ellos, pero tenía además una cualidad mucho más difícil de fabricar: sabía relacionar a las personas.

Podía recibir a una estrella internacional antes de un desfile, acompañarla entre fotógrafos y cámaras y hacer que un universo tan intimidante como el de la alta costura pareciese natural.

Esa mezcla de profesionalidad, humor, cultura y cercanía explica buena parte de la enorme red afectiva que hoy lamenta su ausencia.

Si existe un territorio en el que Mathilde Favier dejó una huella difícil de sustituir es el de las relaciones entre la alta costura, Hollywood y las celebridades.

Mucho antes de que los embajadores globales, las alfombras rojas convertidas en acontecimientos digitales y los front rows retransmitidos en tiempo real fueran una parte fundamental del negocio del lujo, Mathilde había comprendido algo esencial: una gran Maison no necesita simplemente vestir a una estrella, necesita construir una relación con ella.

Su formación había comenzado casi de manera natural. La moda pertenecía a su universo familiar.

Su hermana, Victoire de Castellane, es desde hace décadas una figura esencial de la alta joyería de Dior, mientras que su tío Gilles Dufour trabajó estrechamente con Karl Lagerfeld en Chanel.

Mathilde conoció ese mundo desde muy joven y comenzó profesionalmente en la prensa de moda antes de dar el salto a las Relaciones Públicas.

Tras una primera etapa vinculada a Dior Joaillerie, llegó uno de los grandes hitos de su carrera: 11 años en Prada y Miu Miu. Allí desarrolló la comunicación de las dos casas en Francia y consolidó una red que combinaba moda, cultura, sociedad y personajes públicos.

En 2011 regresó a Dior, iniciando una etapa que se prolongaría durante aproximadamente catorce años y que terminó por convertirla en una de las figuras fundamentales de las Relaciones Públicas y las relaciones con celebridades de la Maison.

Desde allí participó en la construcción y gestión de una extraordinaria constelación internacional de talento.

Durante sus años en Dior, nombres como Natalie Portman, Jennifer Lawrence, Rihanna, Anya Taylor-Joy, Jisoo, Michelle Yeoh, Rosalía, Lady Gaga o Céline Dion estuvieron vinculados al universo de la casa.

Algunas de esas relaciones precedían a su llegada; otras se consolidaron o nacieron durante su etapa. Su trabajo consistía precisamente en conseguir que esa relación entre una personalidad y Dior fuese algo mucho más profundo que llevar un vestido durante una noche.

Jennifer Lawrence, convertida en imagen de Dior en 2012, representa perfectamente esa alianza entre Hollywood y la casa francesa: campañas, alfombras rojas, Oscar y una relación que se prolongó durante años.

Con Jisoo, Dior se introdujo de lleno en el fenómeno global del K-pop y en una nueva generación capaz de transformar un desfile en un acontecimiento planetario a través de las redes sociales.

Anya Taylor-Joy representó una nueva aristocracia cinematográfica, sofisticada y global.

Rosalía, nombrada embajadora mundial de Dior y rostro de Lady Dior en 2024, confirmó otro cambio que Mathilde entendía muy bien: el poder cultural ya no residía exclusivamente en Hollywood.

También estaba en la música, en las redes y en artistas capaces de traspasar idiomas y fronteras.

El trabajo de Mathilde alcanzaba quizá su expresión más visible en las grandes alfombras rojas. Michelle Yeoh, vestida de Dior Haute Couture cuando recibió en 2023 el Óscar a mejor actriz, protagonizó uno de esos momentos en los que moda e historia se encuentran en una misma imagen.

Uno de los episodios que mejor resume la dimensión internacional de su trabajo llegó durante los Juegos Olímpicos de París de 2024.

La ceremonia inaugural se convirtió en una gigantesca pasarela francesa ante cientos de millones de espectadores.

Lady Gaga apareció vestida de Dior y Céline Dion cerró la ceremonia desde la Torre Eiffel, también con una creación de la Maison, en uno de los regresos musicales más emocionantes de los últimos años: París, alta costura, música, espectáculo y celebridades reunidos ante el mundo.

Ese era exactamente el territorio de Mathilde ya que su verdadero talento no consistía simplemente en conseguir que una estrella llevase Dior, consistía en conseguir que quisiera volver.

Cuando apareció la palabra cáncer

En 2016, su vida cambió radicalmente. A los 46 años le diagnosticaron cáncer de mama.

Durante aquellos meses alternó la Avenue Montaigne, los desfiles y las celebridades con sus sesiones de quimioterapia en la Clinique Hartmann, en París.

Años después decidió hablar abiertamente de aquella experiencia y, el 18 de enero de 2024, dedicó una larga conversación en un pódcast a explicar cómo había aprendido a vivir después de una enfermedad que había dividido su existencia en un antes y un después.

Una de las ideas más importantes de su testimonio era sencilla y necesaria: cuando alguien escucha por primera vez la palabra cáncer, necesita escuchar también que existe un después.

Un diagnóstico oncológico ya no equivale necesariamente a una sentencia fatal. Junto con el tratamiento médico aparecen la esperanza, el acompañamiento, la recuperación y, para muchísimas personas, una nueva vida.

Mathilde hablaba de esa reconstrucción desde su propia experiencia. De cuidar la mente tanto como el cuerpo. De aprender a escucharse. De dormir, alimentarse mejor, caminar, hacer ejercicio, practicar yoga y buscar momentos de calma. De mindfulness y de bienestar, pero sin convertirlos en consignas vacías ni en sustitutos de la medicina.

Se trataba de algo más elemental: volver a encontrar un equilibrio después del miedo.

Su característica coupe garçon, tan francesa y con algo de las mujeres de los años sesenta, terminó convirtiéndose también en parte de esa nueva imagen. Un pelo muy corto, directo, libre, que parecía resumir perfectamente su manera de plantarse ante la vida después de haber atravesado la enfermedad.

Otra Mathilde en redes

En los últimos años, quienes la seguían en Instagram pudieron conocer una Mathilde distinta a la de los desfiles y las alfombras rojas.

Cada vez aparecían con mayor naturalidad la alimentación, el bienestar, el ejercicio, la salud mental y los pequeños rituales cotidianos. No como una transformación forzada, sino como parte de su propia manera de entender la vida.

Especialmente entrañable era su complicidad con su amiga Isabella Capece, cofundadora de Maisie Café en París.

Su relación iba mucho más allá de cualquier colaboración profesional. Desde 2020 compartían directos y contenidos en Instagram alrededor de recetas saludables, bienestar y art de vivre.

Mathilde era, además, una habitual de Maisie Café, ese pequeño refugio parisino basado en una cocina vegetal, ecológica y de temporada.

Con Isabella encontraba un terreno común que se había vuelto esencial para ambas: comer bien, moverse, practicar yoga, cuidar la mente y entender el bienestar como una combinación entre cuerpo, alimentación y equilibrio emocional.

Era una faceta particularmente reveladora de Mathilde. La misma mujer capaz de moverse entre la alta costura, Hollywood y la sociedad parisina podía defender con absoluta convicción algo mucho más sencillo: caminar, respirar, comer conscientemente, practicar yoga y rodearse de personas que hacen bien.

La vida después

Su compromiso no terminó en su propia recuperación.

Mathilde se involucró activamente con el Institut Rafaël, concebido en Francia como una casa dedicada al acompañamiento de las personas durante y después del cáncer, con una visión que integra atención física, psicológica y emocional.

También quiso que su éxito personal tuviese una dimensión solidaria. Parte de los beneficios de su libro, Mathilde à Paris, publicado en 2024, fue destinada al Institut Rafaël, al que apoyó igualmente mediante otras iniciativas.

El libro podía parecer, a primera vista, una celebración de París: sus direcciones favoritas, sus amigos, la moda, el arte, la decoración, la gastronomía y ese savoir-faire que ella representaba con tanta naturalidad. Hoy puede leerse de otra manera.

Como el testimonio de una mujer que había comprendido que vivir bien no consiste únicamente en vivir rodeada de cosas bellas. También significa cuidarse. Comer bien. Moverse. Dormir. Escuchar el cuerpo. Pedir ayuda cuando hace falta. Conservar a los amigos. Disfrutar de una mesa. Practicar yoga. Reír. Y entender que una experiencia traumática puede cambiar nuestra forma de mirar la vida sin arrebatarnos necesariamente las ganas de vivirla.

Mathilde Favier dedicó buena parte de su carrera a acercar mundos: París y Hollywood, la alta costura y las celebridades, las grandes maisons y quienes acabarían convirtiéndose en sus mejores embajadores

Pero quizá su legado más íntimo esté en otra conexión mucho más sencilla. La que terminó estableciendo entre belleza y bienestar, elegancia y generosidad, cuerpo y mente, enfermedad y esperanza porque después del cáncer, Mathilde no quiso simplemente volver a su vida anterior sino al contrario quiso vivirla mejor.