Lara Marogna, directora creativa de Marcolin.

Lara Marogna, directora creativa de Marcolin.

Lujos MAGAS PARA MARCOLIN

Lara Marogna (Marcolin): "Las gafas antes eran un estigma, una señal de que no eras 'perfecto'. Hoy son estilo"

Para la directora creativa del gigante del 'eyewear', las gafas no son un accesorio ni un objeto sin alma. Son la extensión de quien es: son una identidad.

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En Belluno, en el norte de Italia, a unos 100 kilómetros de la mágica Venecia, nació Lara Marogna, quien hoy es una de las figuras clave en la industria internacional del eyewear.

Formada en Diseño Industrial en la IUAV University of Venice, comenzó su carrera en el mundo de la joyería —un territorio que sigue muy presente en su forma de entender el diseño— antes de dar el triple salto mortal definitivo al universo de las gafas.

En 2011 se incorporó a Marcolin, una de las empresas líderes mundiales del sector por su capacidad de combinar artesanía y tecnologías avanzadas. Desde entonces, ha construido una trayectoria ascendente marcada por su capacidad para interpretar el ADN de cada marca dentro de la casa.

Lara Marogna en un retrato cedido a Magas.

Lara Marogna en un retrato cedido a Magas.

Tras años como directora creativa de distintas licencias, en 2023 asumió el cargo de Group Style & Product Development Director, desde el que lidera un equipo multidisciplinar de diseñadores, cool hunters y expertos en color.

Bajo su dirección, el desarrollo de producto —incluido el departamento de prototipos— se ha convertido en un referente dentro del sector, combinando artesanía, precisión técnica y nuevas tecnologías como la impresión 3D.

Prototipo de gafas de Marcolin diseñadas por Lara Marogna.

Prototipo de gafas de Marcolin diseñadas por Lara Marogna.

Lara Marogna recibe a Magas con una seguridad imponente. Elegante, estilosa, muy italiana, con el cabello suelto y ondulado y unas grandes gafas de vista —probablemente diseñadas por ella misma—, proyecta una autoridad natural que después queda impregnada en sus modelos. En Lara, las gafas no son un accesorio ni un objeto sin alma. Son la extensión de quien es: son una identidad.

El portfolio de Marcolin incluye algunas de las marcas más exclusivas, como Zegna, TOM FORD, Adidas Sport and Originals, Christian Louboutin, Guess y Max Mara, entre otras. Ahora, con Marogna y su exquisito savoir faire al frente, estamos ante la historia de un éxito.

Con el objetivo de entender qué hay detrás de cada diseño, de cada montura y de cada detalle, la directora creativa de Marcolin comparte su visión sobre estilo, tendencias y sus preferencias personales.

Lara, usted lleva más de 15 años en Marcolin. ¿Cómo ha cambiado su forma de entender el diseño de gafas desde que empezó?

Al principio tenía una visión bastante superficial del diseño. Me preguntaba: ¿qué puedo hacer en el mundo de las gafas? Me parecía un espacio muy pequeño, muy limitado para la creatividad. Yo venía de la joyería, que es algo que me encanta —mi padre era joyero—, y diseñaba para sus clientes. Era satisfactorio, pero al mismo tiempo sentía que faltaba algo, como un propósito más completo. Siempre he tenido la necesidad de diseñar cosas que mejoren la vida de las personas.

Qué interesante. Desarrolle un poco esa idea.

Durante mis estudios de Diseño Industrial quería hacer algo casi de carácter médico. Me interesaba esa idea de combinar dos dimensiones del diseño: lo que necesitamos como seres humanos y la parte estética. Y entonces entendí que las gafas podían ser exactamente eso.

¿A qué se refiere?

Porque, en su origen, las gafas eran casi una prótesis, incluso un estigma: algo que marcaba tu rostro, que evidenciaba que había un problema, que no eras perfecto. Durante siglos fue así. Y es increíble ver cómo ha evolucionado: hemos conseguido transformar algo que era un signo negativo en algo que hoy es estilo. Ha sido un proceso enorme.

¿Qué es lo que le interesa comunicar ahora?

Como te decía antes, al principio pensaba que era un espacio muy cerrado, muy limitado. Pero después me di cuenta de que cuanto más pequeño es el espacio, más se expande la creatividad. Te obliga a buscar nuevas soluciones, interpretaciones y a centrarte mucho más en el detalle. Y eso es precisamente lo que más me interesa: esa dualidad. Porque las gafas son, al mismo tiempo, una necesidad y una forma de disfraz.

Equipo de Diseño Marcolin trabajando.

Equipo de Diseño Marcolin trabajando.

En una época en la que la moda cambia tan rápido, ¿qué permanece al diseñar unas buenas gafas?

Para nosotros hay una palabra clave: clásico. Pero no en el sentido de algo aburrido o pasado, sino como sinónimo de armonía perfecta. Diseñamos para el rostro, que es la parte más expresiva del cuerpo. Todo el mundo detecta un error en unas gafas mucho más rápido que en otros productos. Medio milímetro puede cambiar completamente una cara. Por eso es un trabajo muy preciso.

¿Cómo se consigue que un diseño siga funcionando igual de bien hoy y dentro de cinco o diez años?

En óptica, las formas no cambian tanto como parece. La gente no quiere algo demasiado llamativo. Todo está en los detalles: el grosor, la estructura, cómo está construida la montura. Y, sobre todo, la comodidad. Es lo primero que percibe la gente. De hecho, cuando observo a la gente en las tiendas, lo primero que valoran es: “¡Guau, son súper cómodas!”. Ese es el primer filtro: si lo superas, entonces ya empiezan a fijarse en los detalles.

¿Y después?

Después entran en juego otros elementos, como el color o el material. Por ejemplo, el acetato permite trabajar con muchos matices. El habana, inspirado en el carey, tiene muchísimas variaciones de tono y textura. Ahí está realmente el trabajo.

En su caso personal, ¿está viviendo un momento más maximalista o minimalista?

La verdad es que, a la hora de elegir, soy bastante aburrida. Creo que cuando alguien tiene una personalidad definida, tiende a mantenerse fiel a ella. Y cuando encuentro la montura perfecta, no soy de cambiar constantemente: la llevo día tras día. Y eso que tengo a mi disposición miles de formas, pero aun así es muy difícil encontrar la adecuada, incluso para mí, aunque pudiera diseñármela. Por eso tiendo a repetir, porque encaja con mi personalidad.

¿Sucede lo mismo con las gafas de sol?

Con las gafas de sol es distinto. Ahí todo depende del día. Son casi como una máscara. Es como tu estado de ánimo —o incluso algo más instintivo—: si tienes una reunión importante, quizá prefieres algo más recto, más masculino, más oscuro; o, en otros momentos, algo más romántico o más dramático. En ese caso sí juego más y suelo llevar varias opciones conmigo. Al final, tanto las gafas graduadas como las de sol envían un mensaje. Siempre dicen algo de la persona que las lleva.

Gafas de Marcolin.

Gafas de Marcolin.

¿De dónde le viene la inspiración?

La calle es importante, pero trabajamos con dos años de antelación. No se trata de copiar lo que vemos, sino de anticiparlo o incluso hacer lo contrario. Ahora, por ejemplo, venimos de una etapa muy audaz y estamos moviéndonos hacia lo opuesto. También es fundamental escuchar a las marcas con las que trabajamos. Cada una tiene su propio lenguaje. Nos empapamos de ese universo, pero también necesitamos cierta distancia. El proceso es muy colectivo: escuchar, interpretar, digerir. Al principio no trabajamos con datos, sino con sensaciones.

Muchas personas desarrollan una relación muy personal con sus gafas, como Anna Wintour, por ejemplo, que siempre lleva las suyas. Son inseparables. ¿Por qué ocurre eso?

Las gafas forman parte de cómo reconoces tu propio rostro. Quieres proyectar una determinada expresión. Hay casos muy claros, como Karl Lagerfeld: no eran solo las gafas, era todo su look, que acabó convirtiéndose en un logo en sí mismo. Y cuando te acostumbras a verte así, es muy difícil cambiar. Creo que es la parte más importante del rostro.

¿Una especie de maquillaje?

Exacto. Cuando una mujer se acostumbra a una forma concreta de maquillarse tiende a repetirla cada día porque es la imagen que quiere proyectar. Y con las gafas pasa exactamente lo mismo. Además, también tienen una función de protección. Es como en el póquer: cubres tu expresión. Sobre todo hoy, con las redes sociales, donde cualquiera puede hacerte una foto e interpretar tu gesto, necesitamos algo que nos proteja de esa exposición constante.

¿Diría que las gafas dicen más de alguien que su ropa?

Creo que todo es cuestión de equilibrio. Puede crear armonía o romperla de forma intencionada. Por ejemplo, combinar algo muy romántico con unas gafas más masculinas genera contraste. Es como una receta: puedes jugar con los ingredientes para cambiar el resultado. Pero, al final, lo primero que miramos en alguien son los ojos.

¿Qué gafas lleva usted en el bolso ahora mismo?

Seguramente algunas geométricas, con una montura muy potente, de esas con mucha presencia, de nuestros modelos icónicos de Tom Ford. Estas nacieron como una montura masculina, pero, como ocurre muchas veces, terminó percibiéndose más como femenina. Tiene una expresión muy fuerte. Me gusta llevarlas con looks más femeninos, porque me interesa ese contraste. Es una pieza que representa bastante bien la personalidad que quiero proyectar en mi día a día.

El equipo de Marcolin, en proceso de diseño.

El equipo de Marcolin, en proceso de diseño.

¿Y en sus momentos del día a día?

Uso opciones más femeninas y clásicas, como Max Mara, cuando quiero algo más suave. Y Christian Louboutin es otra historia: ahí entra una expresión más ligada al empoderamiento, a la feminidad y a la sensualidad, a una forma más consciente de disfrutar de esa parte de ti misma.

¿Cuáles no se pondría nunca?

Las tipo pantos, más redondeadas. No encajan con mi personalidad. En general, las mujeres tenemos muchas más opciones de formas —cat eye, mariposa, dramáticas—, mientras que en los hombres todo se reduce más. Pero, en mi caso, las formas redondas no funcionan.

¿Recuerda las primeras gafas con las que se obsesionó?

Sí, unas ovaladas en los años 90. Fue la primera vez que entendí las gafas como una forma de pertenecer a un grupo. Ahí descubrí su poder.

Si no se dedicara al eyewear, ¿qué diseñaría?

Creo que diseñaría joyería, porque es un campo mucho más libre. El diseño de gafas, en cambio, debe operar dentro de normas técnicas y estándares de certificación muy precisos, lo que condiciona fuertemente el proceso creativo.