Pilar Jurado, cantante, compositora y directora.

Pilar Jurado, cantante, compositora y directora. Esteban Palazuelos

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Pilar Jurado, cantante de ópera: "Ser artífice de uno mismo es no pedir permiso para ser todo lo que eres"

En Artifex Sui, su último proyecto discográfico, la artista madrileña condensa décadas de trabajo y una forma muy personal de entender la creación.

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Hay trayectorias que se escriben en línea recta y otras que se despliegan como una constelación. La de Pilar Jurado pertenece sin duda a las segundas: cantante, compositora, directora de orquesta, gestora cultural y pensadora incansable sobre el arte y su tiempo.

El título de su más reciente producción no es casual. Artifex Sui —artífice de sí mismo— funciona como una declaración de principios y, al mismo tiempo, como una suerte de autobiografía simbólica.

En conversación con Magas, la soprano y miembro de 'Las Top 100', cuenta cómo ha hecho de la resistencia a las etiquetas su motor creativo. "Es el resultado de todos estos años y también una perspectiva de todo lo que queda por hacer", resume.

Contra la autolimitación

En un mundo que tiende a simplificar, ella ha optado por lo complejo, por la suma. "Siempre he querido ser todo lo que soy", dice. En esa frase se cifra una carrera que ha desafiado inercias y prejuicios, especialmente en un ámbito tan exigente y tradicional como la música clásica.

Desde muy joven, Pilar Jurado aprendió a desconfiar de los límites impuestos desde fuera. "Una de las cosas que más he odiado desde pequeña era eso de 'quien mucho abarca, poco aprieta'", comparte.

La directora de orquesta posa para Magas.

La directora de orquesta posa para Magas. Esteban Palazuelos

Ese rechazo a la autolimitación se convirtió pronto en una forma de vida. "Las mujeres sabemos mucho de esto: las autolimitaciones son nuestro peor enemigo", afirma con contundencia.

En su caso, el entorno familiar jugó un papel decisivo. "Tuve la suerte de contar con una madre que no sólo no me frenaba, sino que me alentaba", explica. Aunque no faltaban las condiciones: "Mi padre decía: 'Si bajan las notas, se acabó la música, porque es un hobby'. Pero nunca lo fue realmente", afirma.

Porque, para Jurado, la pasión nunca ha sido sinónimo de ligereza. "Todo lo que he hecho me ha entusiasmado tanto que nunca lo he visto como una obligación externa, sino como un compromiso hacia mí misma", explica.

Y eso implica una disciplina férrea: "Es muchísimo trabajo. El mundo de la música clásica es tremendamente exigente. Cada especialidad —cantar, componer, dirigir— te pediría una vida entera. Pero para mí todas eran parte de lo mismo: la música y mi crecimiento personal".

30 años de creación

Este año, la artista celebra tres décadas desde que escribió su primera obra para orquesta. Fue a mediados de los 90, en un contexto especialmente significativo: "El primer encargo me lo hicieron en 1996 y se estrenó en 1997, que además fue el año de la inauguración del Teatro Real".

Un momento fundacional en el que todo parecía alinearse. "Ese año pasaron muchas cosas. Yo ya estaba en la primera ópera que se hizo en el Teatro Real y recibí el premio de composición de la SGAE, siendo la primera mujer en conseguirlo", sigue.

La cantante de ópera en sesión de fotos.

La cantante de ópera en sesión de fotos. Esteban Palazuelos

Sin embargo, la soprano rechaza la idea de haber buscado ser pionera. "Siempre digo que lo he sido en muchas cosas, pero no porque lo pretendiera, sino porque perseguía mis sueños", admite.

Esa naturalidad convive, sin embargo, con una conciencia clara de las barreras. "Hay un gran problema en las mujeres: pensamos que tenemos que ser algo especial para hacer ciertas cosas", reflexiona.

"A mí me pasó con la composición: no me atrevía a decir 'soy compositora', aunque ya había estrenado obras. En cambio, compañeros con mucho menos recorrido lo decían sin problema", cuenta.

El llamado síndrome del impostor no la frenó, pero sí la acompañó durante un tiempo. Al final, fue el propio trabajo el que habló por ella. "Tu trayectoria es lo que has hecho. Y yo era compositora desde siempre, desde que con seis años escribía cuentos, hacía poemas o me inventaba canciones", recuerda.

El impulso creativo

Ese llamado temprano hacia la creación es algo casi orgánico. "Cuando realmente sientes la creación desde dentro, lo que es una pena es que no se fomente más en los niños", lamenta.

Recuerda con humor cómo, siendo niña, firmaba libros como si ya fuera una autora consagrada o escribía pequeñas zarzuelas con apenas once años.

A lo largo de su carrera, se ha traducido en más de 150 obras estrenadas —y más de 200 escritas—, cada una con su propia génesis. "A veces nacen de un encargo, otras de una emoción o de una necesidad de contar algo”, explica. Pero siempre hay un hilo común: la conexión con el mundo: “El artista está obligado a ser un espejo de la sociedad".

Hitos y transformaciones

Si hay un momento que Pilar identifica como punto de inflexión en su carrera, no está tanto en la composición como en la interpretación. Fue cuando estrenó una obra de Luis de Pablo en el contexto de Madrid Capital Cultural.

Pilar celebra treinta años de carrera.

Pilar celebra treinta años de carrera. Esteban Palazuelos

"Ahí hubo un antes y un después como cantante — afirma—. Pasé de estar en mis inicios a que me reclamaran desde Europa y que grandes compositores quisieran escribir para mí. Fue un salto internacional muy potente". Ese mismo periodo coincidió con el reconocimiento como compositora. Fue el año en que terminó la carrera y comenzó a recibir premios por todo lo que presentaba.

A partir de ahí, su trayectoria se consolidó en múltiples frentes, culminando en uno de los grandes hitos de su carrera: el estreno de su ópera en el Teatro Real. "Ese sí que fue un gran punto de madurez", reconoce.

Dirigir(se) a sí misma

En Artifex Sui, Jurado da un paso más allá: también dirige su propia música. Una experiencia que describe como profundamente reveladora. "Cuando diriges a otros compositores, tienes una responsabilidad enorme hacia ellos. Estudias la partitura pensando qué quiso contar esa persona", explica.

Pero cuando se trata de su propia obra, el enfoque cambia: "Ahí eres tú la que querías contar algo. Es transmitir la música tal y como la sentiste".

Tradición y contemporaneidad

Uno de los rasgos más interesantes del proyecto es su diálogo entre tradición y lenguaje contemporáneo, especialmente a través de la incorporación de cantos sefardíes. La cantante lo sitúa en una tradición histórica: "Esto lo han hecho muchos compositores. Por ejemplo, Manuel de Falla cuando escribe sus canciones populares", cuenta.

En su caso, el objetivo es transformar esa materia prima. "Se trata de coger una música anterior y llevarla a otra dimensión, cambiar su atmósfera y convertirla en algo mágico", explica. Esa dimensión tímbrica, casi sensorial, es clave en su estética.

Conectar con el público

Frente a la idea de que la música contemporánea es inaccesible, se muestra clara: "Depende. Es un mundo muy ecléctico". En su propia obra, la conexión con el público ha sido siempre una prioridad.

La también gestora cultural frente a la cámara.

La también gestora cultural frente a la cámara. Esteban Palazuelos

Para ella, la clave no está en el lenguaje, sino en la capacidad comunicativa. "No podemos escribir como Mozart en el siglo XXI, pero sí hacer música que conecte", defiende.

Eso sí, advierte de un problema estructural: la falta de educación humanística. "Cuanto más complejo es el arte, más preparación necesitas. Y estamos perdiendo eso", señala alarmada.

Mujeres, poder y referentes

La cuestión de género atraviesa inevitablemente la conversación. "La música no tiene género", afirma. Pero reconoce que las desigualdades persisten, especialmente en los espacios de decisión. Pues donde más se nota la ausencia de mujeres es en la dirección, la creación o la producción.

En ese sentido, defiende la importancia de la formación y la solidaridad. "Cuando las mujeres están preparadas, demuestran que tienen la misma capacidad", sostiene. Pero también subraya la necesidad de abrir puertas. "Desde esos espacios puedes permitir que otras mujeres también estén", sigue.

Aun así, su mirada va más allá de esta dicotomía: "Me preocupa mucho más la situación de las nuevas generaciones en general. Tienen acceso a todo, pero han perdido el criterio".

En un mundo dominado por algoritmos, reivindica el pensamiento propio: "El criterio es fundamental para decidir cuáles son tus sueños".

Humanismo vs algoritmos

Esa preocupación la ha llevado incluso a formarse en inteligencia artificial. "Hice un máster porque sabía que esto iba a cambiarlo todo. Necesitamos entenderlo para utilizarlo bien, desde la excelencia", explica.

Lo que le inquieta no es la tecnología en sí, sino la pérdida de profundidad. "Vivimos a una velocidad vertiginosa, todo es superficial, no hay tiempo para reflexionar", advierte. En ese contexto, el arte adquiere una función aún más necesaria: "Necesitamos el humanismo más que nunca".

Pilar Jurado.

Pilar Jurado. Esteban Palazuelos

Madrid y la nueva creación

En una ciudad como Madrid, que vive un momento cultural especialmente intenso, la directora de orquesta cree que la música clásica tiene todavía mucho que decir. Pero lanza una advertencia: "Después de la pandemia, muchos programadores han optado por lo más popular para llenar salas", confiesa.

El riesgo, según ella, es descuidar la nueva creación. Y eso implica apostar por lo contemporáneo, incluso cuando no es lo más fácil.

En ese equilibrio entre tradición e innovación, entre exigencia y conexión, se sitúa el trabajo de Pilar Jurado. Una artista que ha hecho de su propia vida una obra en construcción constante. "Nadie te regala nada. Tienes que construir tu universo. Ser, en definitiva, artífice de ti mismo", concluye.