Baño con ducha italiana a ras de suelo y mampara fija de cristal.

Baño con ducha italiana a ras de suelo y mampara fija de cristal. E.E.

Interiorismo

Las expertas coinciden: "Para reformar el baño en 2026, no pongas un plato de ducha, mejor instala una ducha italiana"

El suelo continuo facilita el acceso y aporta amplitud visual, aunque su instalación exige revisar el desagüe y la impermeabilización.

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La ducha italiana integra la zona de agua en el cuarto de baño mediante un suelo continuo y sin escalones. En su versión de obra, el revestimiento sustituye al plato visible y permite personalizar el acabado.

Esta búsqueda de continuidad aparece entre las tendencias que describe Núria Selva Villaronga, arquitecta del estudio NSV Arquitectura & Interiorismo, en una entrevista con El Mueble sobre el diseño de las duchas en 2026.

"Las duchas a ras de suelo, abiertas y de inspiración spa seguirán ganando protagonismo", explica la arquitecta. Su propuesta apunta a espacios con menos barreras físicas y visuales, donde la zona de ducha se incorpora al conjunto del baño.

La ducha italiana permite llevar esa idea a la reforma, aunque su instalación depende de las condiciones de cada vivienda. Antes de elegirla, hay que comprobar la profundidad del suelo y la posición de las tuberías.

Suelo continuo

La principal diferencia de una ducha alicatada está en su construcción. Las baldosas se colocan sobre una base con pendiente e impermeabilización, preparada para conducir el agua hacia el desagüe.

Se puede prolongar el pavimento del baño dentro de la ducha o utilizar otro revestimiento para delimitarla. El primer recurso reduce los cortes visuales; el segundo permite diferenciar la zona sin levantar un escalón.

Ese acabado puede hacer que el baño se perciba más despejado. No aumenta su superficie, pero evita que la mirada encuentre una separación marcada entre la ducha y el resto de la estancia.

La ausencia de desniveles también facilita la entrada y la salida. Para personas mayores o con dificultades de movilidad, elimina el obstáculo que supone tener que levantar el pie para acceder.

Esta ventaja no es exclusiva de las duchas de obra. Algunos platos prefabricados también pueden instalarse a ras del pavimento, por lo que conviene comparar ambas soluciones según el espacio y el presupuesto.

Con o sin mampara

Una ducha italiana no obliga a prescindir del cristal. Puede incorporar un panel fijo o una mampara que contenga las salpicaduras y mantenga la continuidad visual.

La elección depende de la distribución del baño. Si el lavabo, el inodoro o los muebles quedan cerca del rociador, un cerramiento puede evitar que se mojen durante el uso.

En espacios pequeños, una ducha completamente abierta requiere especial cuidado. Hay que estudiar la orientación del agua y la distancia hasta las zonas que deben permanecer secas.

La pendiente del suelo resuelve la evacuación del agua que cae sobre el pavimento, pero no frena las salpicaduras. Son dos cuestiones distintas que deben contemplarse al diseñar la instalación.

También conviene revisar la anchura de entrada. Un panel demasiado largo puede proteger el baño y, al mismo tiempo, dejar un paso estrecho o incómodo.

Antes de la obra

Para conseguir una ducha enrasada debe existir espacio bajo el pavimento donde alojar el sifón y conectar el desagüe. La altura disponible puede limitar las opciones.

En algunas viviendas antiguas, las tuberías se encuentran a una altura que dificulta evacuar el agua con la pendiente necesaria. Geberit señala que estas condiciones pueden obligar a elevar la zona de ducha.

Por eso, la revisión de la instalación debe preceder a la compra de materiales. Elegir primero las baldosas o la canaleta puede llevar a modificar después el proyecto y el presupuesto.

Una ducha de obra puede exigir más trabajo que la colocación de un plato convencional. El coste dependerá de la preparación de la base, los cambios de fontanería y el sistema de impermeabilización.

Existen bases prefabricadas para revestir que incorporan la pendiente y una lámina impermeabilizante. Facilitan parte de la ejecución, aunque las conexiones y los encuentros deben instalarse siguiendo las instrucciones del fabricante.

Evitar filtraciones

En una ducha alicatada, el revestimiento visible no sustituye a la impermeabilización. Bajo las baldosas debe instalarse un sistema que impida que el agua llegue al soporte.

Las esquinas, los encuentros con las paredes y la conexión con el desagüe necesitan especial atención. Una superficie bien acabada puede ocultar fallos que terminen provocando humedades.

La pendiente debe conducir el agua hacia la salida y ajustarse al sistema elegido. Si resulta insuficiente, pueden formarse charcos; su ejecución tampoco debe crear una superficie incómoda para ducharse.

El desagüe puede ser puntual o lineal. Su posición condiciona la colocación del revestimiento y debe permitir el acceso para retirar los pelos y los residuos que se acumulan.

Para el pavimento hay que elegir un producto apto para zonas húmedas y con prestaciones antideslizantes adecuadas. El color y la apariencia no permiten saber cómo se comportará una superficie mojada.

La piedra natural y los revestimientos continuos también requieren comprobar su idoneidad para una ducha. Antes de instalarlos, conviene conocer sus tratamientos y las necesidades de mantenimiento.

Durante el uso, la ventilación ayuda a evacuar la humedad. Limpiar el desagüe y revisar las juntas permite detectar obstrucciones o deterioros antes de que afecten a la instalación.