Mercedes, propietaria, en una captura de un vídeo de La Sexta.

Mercedes, propietaria, en una captura de un vídeo de La Sexta. La Sexta.

Interiorismo

Mercedes, propietaria en Puerta del Sol, sobre las viviendas turísticas: "Una noche son 400 euros, más de 12.000 al mes"

La mujer, de 67 años, cuenta cómo ha cambiado su edificio con la llegada de los pisos turísticos y denuncia las molestias que soporta a diario.

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Madrid se ha convertido en uno de los grandes epicentros de las viviendas turísticas. El fenómeno se concentra especialmente en el distrito Centro, donde el 5,9% del parque residencial está destinado al alquiler vacacional, con 5.098 viviendas registradas con este uso. Es decir, casi una de cada 17 casas ya tiene como destino principal a quienes llegan a la capital por unos días.

El resultado es una transformación visible de la vida cotidiana: portales con entradas y salidas, apartamentos que cambian de ocupantes y problemas de convivencia. Mientras el Ayuntamiento asegura haber reducido un 40% la actividad de las viviendas turísticas en el distrito desde 2024, los vecinos que permanecen siguen denunciando las dificultades para convivir con este modelo.

Son pocas las personas que, pese a todo, continúan viviendo en la casa en la que crecieron. Una de ellas es Mercedes Arnalte, de 67 años, vecina de la calle Preciados, que lleva toda su vida en el mismo edificio y se resiste a abandonar el lugar donde nació, a pesar de la situación.

Una vecina que se resiste a abandonar su casa

Mercedes ha vivido toda su vida en el mismo edificio, en pleno centro de Madrid. Allí nació y allí ha construido toda su historia familiar, cuando el inmueble estaba ocupado por familias que se conocían entre sí y los pisos tenían un uso muy distinto al actual. "He nacido en esta casa", recuerda en una entrevista para La Sexta.

Sin embargo, la realidad del edificio ha cambiado por completo con el paso de los años. "Éramos cuatro familias, porque había una por planta, y todo el mundo eran vecinos normales, familias normales, con hijos todos", explica. Ahora, buena parte de las viviendas tienen un uso turístico y los residentes permanentes son cada vez más difíciles de encontrar.

"Yo creo que soy de las pocas que queda, no sabemos cuántos somos, pero desde luego en esta manzana debo ser la única", lamenta Mercedes.

La convivencia, además, no siempre resulta agradable. Mercedes diferencia claramente entre quienes utilizan estos pisos simplemente para alojarse durante su visita a Madrid y quienes los convierten en un punto de encuentro para salir de fiesta.

"Esto va por rachas", explica. Hay momentos en los que todo permanece tranquilo porque "viene gente normal, educada, que no da problemas", pero también hay periodos en los que la situación se vuelve, según sus palabras, "horrorosa".

Es entonces cuando el descanso de los vecinos queda condicionado por quienes ocupan temporalmente las viviendas. "No piensan que vienen a una casa donde la gente trabaja y tiene que dormir por la noche. Además, es normal querer dormir por la noche", señala con ironía.

Edificio de correos y estatua del rey Carlos III en la plaza de la Puerta del Sol.

Edificio de correos y estatua del rey Carlos III en la plaza de la Puerta del Sol. iStock.

Cuando las fiestas se prolongan, Mercedes asegura que no tiene más remedio que llamar a la Policía. El procedimiento, según relata, pasa por esperar a que los agentes puedan acudir al inmueble y explicar qué está sucediendo.

"Les preguntan cuánto tiempo están, si tienen contrato, en qué plataforma han alquilado los pisos...", cuenta.

El problema, a su juicio, llega después. Mercedes considera que estas intervenciones no terminan teniendo consecuencias y que la situación acaba repitiéndose.

"Pero luego no hacen nada con eso", sostiene, convencida de que las denuncias de los vecinos no están sirviendo para modificar una realidad que lleva años denunciando.

Un edificio convertido también en centro de operaciones

Las molestias no terminan cuando se apagan las fiestas. En el propio edificio donde vive Mercedes, la actividad vinculada a los pisos turísticos se extiende también a las tareas de limpieza y mantenimiento de los apartamentos.

La vecina cuenta que una buhardilla del inmueble se ha convertido en un almacén utilizado para guardar material relacionado con la limpieza de varios pisos turísticos. La actividad comienza incluso durante la madrugada, cuando el resto de residentes intenta dormir.

"A las cuatro y media de la mañana viene el servicio de lavandería", explica. Según su relato, a esas horas se encienden las luces, se utiliza el ascensor y comienza el movimiento de ropa limpia y sucia por el edificio.

"Empiezan a sacar ropa limpia del ascensor, a subir y bajar el piso con ropa sucia. No es normal", protesta.

Para Mercedes, el problema no es únicamente que haya turistas en el edificio, sino que una actividad que funciona como un negocio turístico termine condicionando la vida de quienes tienen allí su vivienda habitual.

El tránsito constante de huéspedes, los servicios de limpieza y el cambio permanente de ocupantes hacen que el inmueble funcione de una manera muy diferente a como lo hacía cuando ella era niña.

Como consecuencia, su primera denuncia relacionada con los pisos turísticos llegó en 2018. Desde entonces, asegura haber continuado reclamando una solución porque, según sostiene, los apartamentos que conoce no disponen de la autorización necesaria. "Son ilegales, ninguno tiene licencia", afirma tajante.

La situación resulta especialmente frustrante para ella porque considera que las autoridades conocen la existencia de estos alojamientos.

De hecho, cuestiona las declaraciones del alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, sobre la dificultad para localizar los pisos turísticos. "El alcalde dice que no saben dónde están los pisos turísticos. ¿Cómo que no saben?", reprocha.

Mercedes insiste en que ella misma ha facilitado la información cuando ha presentado sus denuncias. "Si yo he puesto una denuncia donde digo dónde está el piso turístico, con calle, dirección, piso, distrito postal y número de teléfono", explica.

Imagen de Mercedes, en un vídeo de La Sexta.

Imagen de Mercedes, en un vídeo de La Sexta. La Sexta.

La crítica de la vecina apunta así a uno de los principales debates que rodean a las viviendas de uso turístico: no solo cuántas existen, sino cuántas funcionan de acuerdo con la normativa y hasta qué punto se controla su actividad.

El Ayuntamiento asegura que entre mayo de 2024 y diciembre de 2025 realizó 2.042 inspecciones y detectó 1.893 viviendas de uso turístico, de las que 1.788 operaban sin título habilitante.

Además, la regulación municipal ha cambiado. El Plan RESIDE, que entró en vigor en 2025, estableció nuevas restricciones para impedir que los pisos turísticos se implanten de forma dispersa dentro de edificios residenciales en determinadas zonas, con el objetivo declarado de proteger el uso residencial del centro.

Pero para vecinos como Mercedes, la existencia de una regulación no significa necesariamente que el problema haya desaparecido. Su reclamación es más sencilla: quiere que las normas se cumplan y que haya suficientes medios para comprobarlo.

"Esto es tan fácil como poner más inspectores", defiende. Y no habla de uno o dos, sino de "20 o 30 por distrito".

"Una noche son 400 y pico euros, más de 12.000 al mes"

Detrás de la transformación de estos edificios también existe una cuestión económica. Un piso situado en una zona como la Puerta del Sol puede generar ingresos muy superiores a los que proporcionaría un alquiler residencial tradicional cuando se explota de forma turística y mantiene una alta ocupación.

Mercedes pone el ejemplo de las viviendas que tiene a su alrededor para explicar por qué, a su juicio, cada vez resulta más difícil que determinados inmuebles sigan destinados a residentes. "Una noche son 400 y pico euros, más de 12.000 euros al mes", calcula.

Precisamente por eso, el debate sobre los pisos turísticos no se limita al ruido o a las molestias dentro de una comunidad de vecinos. También afecta a la disponibilidad de vivienda para quienes quieren vivir de forma permanente en el centro de Madrid y al tipo de ciudad que se construye.

"No les importa dónde pueda vivir la gente, ni el precio que está adquiriendo el alquiler de los pisos", sostiene Mercedes.

Sin embargo, ella afirma que, a pesar de la sensación de "aislamiento y tristeza" que tiene, está decidida a no marcharse: "Esta es mi vida, mi historia y la memoria de mi familia".