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Interiorismo

Ya ha entrado en vigor: los ayuntamientos multan con hasta 3.000 euros a los vecinos por el riego de las macetas

Las ordenanzas municipales regulan cómo deben cuidarse las plantas cuando el agua puede afectar a la vía pública o a otros vecinos.

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Las plantas en balcones, ventanas y terrazas forman parte del paisaje habitual de muchas ciudades españolas. Geranios, petunias o pequeñas jardineras aportan color a las fachadas y son, para muchos vecinos, una forma de disfrutar de un rincón verde en casa, especialmente durante los meses de verano.

Sin embargo, un gesto tan cotidiano como regarlas puede acabar teniendo consecuencias inesperadas si el agua rebosa las macetas y termina cayendo sobre la acera, salpicando o causando molestias a otros vecinos.

Aunque muchas personas lo desconocen, los ayuntamientos pueden multar estas situaciones a través de sus ordenanzas municipales de limpieza y convivencia. El objetivo no es prohibir tener plantas ni regarlas, sino evitar que el agua afecte al espacio público o a terceros y garantizar una convivencia segura.

Regar las plantas no está prohibido, pero sí hacerlo de forma que perjudique a otros

En España no existe ninguna ley estatal que prohíba regar las macetas ni que establezca una multa automática por hacerlo. Las sanciones nacen de las Ordenanzas Municipales de Limpieza y Convivencia Cívica que aprueba cada ayuntamiento dentro de sus competencias.

Aunque el contenido puede variar ligeramente entre municipios, todas persiguen un mismo objetivo: evitar que el agua procedente de propiedades privadas acabe ocasionando molestias, suciedad o riesgos en la vía pública.

Es decir, el problema no es el riego en sí, sino las consecuencias que puede tener cuando el agua rebosa las jardineras y cae sobre la calle o sobre viviendas colindantes. Si el agua gotea de forma continuada hacia la acera, se considera un vertido al espacio público y puede ser objeto de sanción.

También puede constituir una infracción cuando se moja a los peatones que circulan por la acera, cuando el agua cae sobre terrazas o balcones inferiores o incluso sobre la ropa tendida de otros vecinos. En estos casos, además de la posible multa municipal, pueden surgir reclamaciones por los daños ocasionados.

Otro aspecto que regulan muchas ordenanzas municipales son los horarios de riego. En aquellas fachadas que dan directamente a la calle suele establecerse que las plantas exteriores únicamente puedan regarse durante la noche o la madrugada, normalmente entre las 23:00 y las 07:00 u 08:00 horas, aunque cada municipio fija sus propias franjas.

La finalidad es sencilla: reducir el riesgo de que el agua caiga sobre los viandantes durante las horas de mayor tránsito.

Imagen de ilustración.

Imagen de ilustración. iStock.

A todo ello se suma una obligación relacionada con la seguridad. Las macetas colocadas sobre barandillas o alféizares deben estar correctamente sujetas mediante soportes adecuados que impidan su caída.

Aunque esta infracción no depende del riego, también suele aparecer recogida en las mismas ordenanzas por el peligro que supone para quienes pasan por debajo.

Las multas pueden llegar hasta los 3.000 euros

Las cuantías máximas que pueden imponer los ayuntamientos se apoyan en la Ley Reguladora de las Bases del Régimen Local, que establece los límites económicos de las sanciones municipales.

Las infracciones leves pueden castigarse con multas de hasta 750 euros. Es en esta categoría donde suelen encajar los casos más habituales, como un goteo puntual, un pequeño vertido de agua sobre la acera o el incumplimiento de los horarios establecidos para el riego.

En la práctica, cuando la Policía Local interviene por una situación de este tipo, las sanciones acostumbran a situarse en importes bastante inferiores, generalmente entre 50 y 100 euros, aunque algunos municipios contemplan cantidades desde unos 30 euros.

Las infracciones graves abarcan sanciones de entre 750,01 y 1.500 euros. Normalmente aparecen cuando existe reiteración tras advertencias previas o cuando la conducta genera un riesgo evidente para la seguridad. Un ejemplo sería provocar placas de hielo en invierno debido al agua que cae constantemente sobre la acera.

Las multas de entre 1.501 y 3.000 euros quedan reservadas para situaciones excepcionales. Se aplican cuando existe una desobediencia continuada a los requerimientos de la autoridad, cuando se producen daños importantes en bienes públicos o cuando se incumplen restricciones especialmente estrictas, como las derivadas de decretos de sequía en aquellos municipios donde se hayan aprobado.

Cómo detectan estas infracciones los ayuntamientos

Las sanciones suelen iniciarse por dos vías principales. La primera es la actuación directa de la Policía Local durante sus patrullas habituales. Si los agentes observan que el agua cae de manera constante desde un balcón o una ventana hacia la vía pública, pueden levantar la correspondiente denuncia.

La segunda vía son las denuncias presentadas por particulares. En muchas ocasiones son los propios vecinos quienes alertan de problemas repetidos, especialmente cuando el agua termina entrando en terrazas, mojando fachadas o afectando al acceso de comercios y portales.

También los peatones pueden avisar a la policía si consideran que la situación supone una molestia o un riesgo.

Cuando las incidencias son esporádicas, lo más habitual es que se produzca un aviso previo o un apercibimiento. Sin embargo, si la conducta se repite o se mantiene pese a las advertencias, el procedimiento sancionador puede seguir adelante.

Cómo evitar estas sanciones

Evitar problemas suele ser mucho más sencillo de lo que parece, y se pueden evitar este tipo de sanciones simplemente utilizando platos bajo las macetas o jardineras con depósito permite recoger el exceso de agua antes de que llegue al exterior.

También resulta recomendable regar poco a poco, ajustando la cantidad necesaria para que el sustrato absorba el agua sin rebosar.

Otro aspecto importante es consultar la ordenanza municipal del lugar de residencia, ya que cada ayuntamiento puede fijar horarios diferentes para el riego de las plantas que dan directamente a la calle. Esa comprobación apenas lleva unos minutos y puede evitar sanciones innecesarias.

Por último, quienes colocan macetas en balcones o ventanas deberían asegurarse de que cuentan con sistemas de anclaje adecuados. Más allá de cumplir la normativa, una correcta sujeción reduce el riesgo de accidentes y contribuye a una convivencia más segura entre vecinos y peatones.