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Interiorismo

Suiza da una lección a España con los albañiles: sueldos de hasta 6.200 euros y 9 días de descanso

Mientras en España un albañil cobra entre 1.400 y 1.800 euros, en Suiza puede superar los 6.000, con unas condiciones más favorables.

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La construcción atraviesa una situación muy distinta a ambos lados de los Pirineos. Mientras España arrastra una falta de mano de obra y unas condiciones salariales que siguen alejando a parte de los trabajadores, Suiza se ha convertido en un destino cada vez más atractivo para los profesionales del sector.

La diferencia no se explica únicamente por los miles de euros que puede alcanzar una nómina, algo que también ocurre en otros sectores, sino que el sistema suizo cuenta con convenios colectivos que fijan las condiciones de buena parte de la actividad y establecen salarios mínimos según la formación, la experiencia y la categoría profesional.

Pero detrás de las cifras que circulan en redes sociales también hay una realidad que conviene matizar. Suiza paga más, pero también es mucho más cara, de modo que el sueldo que recibe un albañil no puede compararse directamente con el de España sin tener en cuenta el alquiler, el seguro médico, los impuestos y el resto de gastos cotidianos.

Una construcción con salarios fijados por convenio

El sector de la construcción suizo cuenta con un marco laboral específico que marca buena parte de las condiciones de los trabajadores.

El principal referente es el Landesmantelvertrag (LMV), el convenio colectivo marco de la construcción, que establece salarios mínimos en función de la cualificación y de la categoría profesional.

La diferencia respecto a un trabajador que empieza sin experiencia y la de un oficial cualificado puede ser considerable.

Según los datos recogidos, un peón o trabajador sin experiencia puede situarse en torno a los 4.700-4.880 francos suizos brutos al mes (5.019 y 5.211 euros), mientras que un ayudante con experiencia puede alcanzar entre 5.180 y 5.450 (5.532 y 5.450 euros).

En puestos de responsabilidad y con una trayectoria amplia, las cantidades pueden ser todavía mayores.

Es precisamente de ahí de donde salen algunas de las cifras que han convertido a Suiza en un destino especialmente llamativo para los albañiles españoles. La formación, la experiencia, la categoría profesional, las horas realizadas y el cantón influyen directamente en la nómina.

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El caso de Rafael Cubero sirve para entender esa evolución. Este cordobés llegó a Suiza en 2012 y comenzó trabajando como peón por unos 4.400 francos brutos al mes.

Con los años, formación y experiencia, su situación cambió hasta alcanzar una nómina de alrededor de 8.200 francos (8.756 euros) cuando trabaja el mes completo. Actualmente cobra unos 44 euros por hora, mientras que como peón cobraba unos 35.

Además del salario ordinario, el convenio contempla otros conceptos que elevan la remuneración. Entre ellos está la decimotercera paga, equivalente a un salario mensual adicional, así como compensaciones por comida y determinados complementos vinculados al trabajo en obra.

Las horas extraordinarias y determinados trabajos realizados en sábados, noches o festivos también pueden llevar recargos.

Más horas en verano y menos en invierno

Más allá del salario, uno de los aspectos que más diferencia el funcionamiento de la construcción suiza es la adaptación de la jornada a las condiciones meteorológicas.

El convenio establece una media anual de unas 40,5 horas semanales, pero eso no significa que el trabajador mantenga exactamente el mismo horario durante todo el año.

En los meses de verano se aprovechan las horas de luz y las mejores condiciones meteorológicas para concentrar más actividad. La jornada puede llegar a las nueve horas diarias en determinados periodos.

Cuando llega el invierno, la situación cambia y las jornadas se reducen, especialmente cuando el frío, la nieve o las condiciones del terreno dificultan el trabajo.

Rafael Cubero cuenta que algunos meses de verano trabaja nueve horas al día, mientras que durante los meses más duros del invierno puede quedarse en unas siete horas y media.

La organización permite así adaptar el volumen de trabajo a una actividad que depende directamente de las condiciones exteriores.

El descanso entre jornadas también está regulado y existe un mínimo de horas consecutivas que debe respetarse. Los fines de semana, por norma general, no forman parte de la jornada ordinaria.

Cuando las necesidades de una obra obligan a trabajar un sábado, pueden aplicarse recargos sobre el salario.

El sistema también permite acumular determinadas horas realizadas durante los meses de mayor actividad. En lugar de convertir siempre esas horas en un pago inmediato, pueden integrarse en una bolsa de horas y recuperarse posteriormente mediante descansos.

Un sector que necesita trabajadores extranjeros

Esta situación coincide además con una necesidad real de trabajadores. Suiza mantiene una importante demanda de profesionales de la construcción y, según los datos recogidos, más de 20.000 puestos permanecen sin cubrir en el sector.

El problema tiene varias causas. Una de ellas es el relevo generacional, ya que parte de los trabajadores con más experiencia se aproxima a la jubilación mientras que muchos jóvenes suizos optan por formarse y trabajar en sectores como la tecnología, la banca, la farmacia o la ingeniería.

A esto se suma la actividad constructora del propio país. Las inversiones en infraestructuras, ferrocarriles, túneles, vivienda y rehabilitación energética mantienen una demanda constante de trabajadores especializados.

La consecuencia es que la construcción suiza depende en buena medida de profesionales procedentes de otros países. Portugal, Italia, Kosovo, España, Alemania y Francia se encuentran entre los lugares de origen de una parte importante de esa mano de obra.

Para los españoles existe, además, una ventaja administrativa. Aunque Suiza no forma parte de la Unión Europea, mantiene un acuerdo de libre circulación con la UE que facilita el acceso de los ciudadanos comunitarios a su mercado laboral.

Dependiendo de la duración del contrato y de la situación del trabajador, pueden ser necesarios permisos como el L, para estancias temporales, o el B, para residencias más prolongadas.

El idioma, sin embargo, puede convertirse en una barrera. En la parte germanófona del país, el alemán facilita considerablemente el acceso a los puestos de trabajo, mientras que en los cantones francófonos se utiliza el francés y en el Tesino el italiano.

En una obra, además, conocer el idioma no es solamente una cuestión de integración: comprender instrucciones, señales y normas de prevención puede resultar esencial para evitar accidentes.