Imagen de ilustración.

Imagen de ilustración. iStock.

Interiorismo

Oro verde: la planta que debes tener junto a ventanas y balcones para evitar los mosquitos este verano

De acuerdo con los investigadores, las sustancias presentes en sus hojas resultan especialmente poco atractivas para mosquitos y otros insectos.

Más información: Antonio Arias, notario: "Si tienes una casa en el pueblo puede dejar de ser tuya, solo hace falta que pase el tiempo"

Publicada

Con la llegada del calor, también regresan algunos de los visitantes menos deseados del verano. Los mosquitos aparecen al caer la tarde, se cuelan por ventanas y balcones y convierten momentos tan cotidianos como cenar al aire libre o dormir con la ventana abierta en una auténtica batalla contra las picaduras.

Aunque el mercado está lleno de insecticidas, velas aromáticas y dispositivos eléctricos para combatirlos, cada vez más personas buscan alternativas sencillas y naturales que no alteren la estética de terrazas y balcones ni supongan una preocupación adicional para quienes conviven con mascotas.

Lo que pocos imaginan es que una de las plantas más habituales de la temporada puede convertirse en una aliada inesperada. La tomatera, presente en miles de hogares durante los meses de verano, desprende sustancias naturales que resultan poco atractivas para los mosquitos, una característica que agricultores e investigadores llevan años estudiando.

La tomatera, una aliada inesperada

Cuando se habla de plantas capaces de repeler insectos, suelen aparecer nombres como la citronela, la lavanda o la albahaca. Sin embargo, existe otra opción mucho más común que suele pasar desapercibida pese a que está presente en huertos, terrazas y balcones de toda España: la tomatera.

Más allá de producir uno de los alimentos más consumidos durante el verano, esta planta genera una serie de compuestos naturales que actúan como mecanismo de defensa frente a numerosos insectos.

Son sustancias que la propia tomatera utiliza para protegerse en la naturaleza y que desprenden un aroma muy característico, especialmente perceptible cuando se rozan o manipulan sus hojas.

Ese olor tan reconocible, que para muchas personas recuerda inmediatamente a los huertos tradicionales, resulta poco agradable para numerosos insectos. Entre ellos se encuentran los mosquitos, que tienden a evitar zonas donde la concentración de estos compuestos es más elevada.

Por ese motivo, desde hace generaciones, muchos agricultores han colocado tomateras cerca de determinados cultivos para ayudar a reducir la presencia de plagas.

Esta práctica forma parte de la llamada asociación de cultivos, una técnica tradicional que busca aprovechar las propiedades naturales de ciertas plantas para proteger otras especies más vulnerables.

Imagen de una tomatera.

Imagen de una tomatera. iStock.

Las tomateras suelen situarse junto a lechugas, coles y otras hortalizas especialmente sensibles a pulgones, mosca blanca y distintos insectos.

Aunque no eliminan por completo las plagas, sí pueden contribuir a disminuir su presencia y reducir la necesidad de recurrir a productos químicos.

Lo que descubrió la ciencia sobre las hojas del tomate

La fama de las hojas de tomate como repelente natural no se basa únicamente en la experiencia popular. Diversas investigaciones han estudiado los compuestos presentes en esta planta y su capacidad para alejar insectos.

Uno de los trabajos más conocidos fue desarrollado por investigadores de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, encabezados por el entomólogo Michael Roe.

Durante sus estudios consiguieron aislar una sustancia presente en variedades silvestres de tomate que mostró una notable capacidad para repeler mosquitos, garrapatas, pulgas e incluso cucarachas.

El hallazgo despertó un enorme interés porque los resultados obtenidos fueron comparables a los de algunos repelentes comerciales ampliamente utilizados. A partir de esa investigación se desarrolló un compuesto patentado que llegó a incorporarse a determinados productos cosméticos y repelentes.

Entre las sustancias responsables de estas propiedades destacan compuestos como la tomatina, el linalol, el cineol, el eugenol o el cariofileno. Muchas de ellas también están presentes en otras plantas aromáticas conocidas por su capacidad para mantener alejados a los insectos, aunque en concentraciones diferentes.

Los investigadores comprobaron además que algunos de estos derivados podían mantener su efecto durante varias horas, lo que reforzó la idea de que la tomatera es mucho más que una planta destinada únicamente a producir frutos.

Cómo aprovechar las hojas para elaborar un repelente casero

La propia tomatera ya actúa como una aliada frente a los mosquitos cuando se cultiva cerca de ventanas, balcones o zonas de descanso al aire libre.

Sin embargo, sus propiedades pueden aprovecharse todavía más, ya que las hojas que se retiran durante la poda permiten elaborar un repelente casero capaz de concentrar los compuestos aromáticos responsables de este efecto.

La elaboración es sencilla. Basta con hervir un puñado de hojas frescas en aproximadamente un litro de agua durante unos quince minutos. Después se deja enfriar la mezcla, se filtran los restos vegetales y el líquido resultante se introduce en un pulverizador limpio.

Esta preparación puede aplicarse sobre marcos de ventanas, terrazas, balcones y otras zonas exteriores donde suelen concentrarse los mosquitos. También se utiliza en jardines y huertos para ayudar a mantener alejados determinados insectos.

Conviene repetir la aplicación de forma periódica, especialmente tras lluvias o riegos abundantes, ya que los compuestos aromáticos se van disipando con el paso del tiempo.

Además, las propiedades de la tomatera no terminan ahí. Las hojas pueden aprovecharse para elaborar preparados destinados al cuidado de otras plantas o incorporarse al compost una vez tratadas adecuadamente.

También se utilizan para crear purines vegetales que algunos jardineros emplean como complemento en el mantenimiento del huerto. De este modo, una parte de la planta que normalmente acabaría en la basura encuentra nuevos usos dentro del propio ciclo de cultivo.