Fachada de viviendas con todos verdes

Fachada de viviendas con todos verdes IStock

Interiorismo

Un arquitecto advierte a España: "Tener un toldo verde en la fachada hace que tu casa acumule mucho más calor"

Elegir el color adecuado del toldo o incorporar más vegetación alrededor de la vivienda pueden traducirse en menor consumo eléctrico.

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Con las continuas olas de calor que se están viviendo en España, cualquier solución para mantener la casa fresca parece buena. Bajar las persianas, encender el aire acondicionado o instalar un toldo son algunos de los recursos más habituales para combatir el calor.

Sin embargo, no todos los toldos cumplen la misma función y, según un arquitecto técnico, el color puede marcar una diferencia mucho mayor de lo que imagina la mayoría.

Jordi Martí ha lanzado una advertencia sobre uno de los elementos más característicos de muchas ciudades españolas, especialmente de Madrid: los tradicionales toldos de color verde oscuro.

Aunque forman parte del paisaje urbano desde hace décadas, el experto sostiene que, desde el punto de vista térmico, no son la mejor elección para proteger una vivienda del calor.

"Tener un toldo verde oscuro en la fachada es como tener un radiador delante de la ventana", afirma el arquitecto técnico, que explica que este tipo de tejidos absorben gran parte de la radiación solar y terminan transmitiendo más calor al entorno de la ventana.

La temperatura de la vivienda

La explicación tiene una base física muy sencilla. Los colores oscuros absorben una cantidad mucho mayor de energía procedente del sol que los colores claros.

Por ese motivo, un toldo verde oscuro o negro puede calentarse rápidamente durante las horas centrales del día y convertirse en una superficie que irradia calor hacia el cristal y la fachada, reduciendo parte del efecto protector que se busca con su instalación.

El arquitecto explica que el peor escenario sería optar por un toldo completamente negro, ya que este color es capaz de absorber hasta el 98% de la radiación solar.

A ello se suma otro factor importante, como es la posición del propio toldo. Al calentarse por la incidencia directa del sol, el aire caliente que genera queda muy próximo a la ventana, favoreciendo que parte de ese calor termine entrando en la vivienda.

Paradójicamente, muchos edificios mantienen este tipo de toldos por una cuestión estética o histórica. En Madrid, por ejemplo, los toldos verdes comenzaron a popularizarse durante las décadas de los años 60 y 70, cuando el crecimiento urbanístico impulsó la creación de normas para unificar la imagen de numerosas fachadas y evitar una mezcla de colores.

Con el paso del tiempo, el verde oscuro terminó convirtiéndose en un elemento casi emblemático del paisaje madrileño, aunque hoy las investigaciones sobre eficiencia energética apuntan hacia soluciones mucho más eficaces.

Alternativa contra el calor

Para mejorar el rendimiento de un toldo, Jordi Martí se apoya en los estudios desarrollados por Hubertus Pöppinghaus, investigador especializado en sombras y radiación solar.

Según estas investigaciones, los tejidos claros y reflectantes son los que ofrecen un mejor comportamiento durante el verano, ya que reflejan una gran parte de la energía solar en lugar de absorberla.

El experto recomienda optar por toldos blancos o en tonalidades muy claras siempre que sea posible, especialmente en fachadas muy expuestas al sol durante gran parte del día.

También señala que algunos modelos incorporan una doble cara: una superficie exterior clara, que refleja la radiación, y una cara interior más oscura orientada hacia el suelo o hacia la zona que se pretende proteger.

Esta combinación ayuda a mejorar el aislamiento térmico y reduce la necesidad de recurrir al aire acondicionado, con el consiguiente ahorro energético.

Martí añade que existen tejidos con recubrimientos de baja emisividad, una tecnología que limita el intercambio de calor y mejora el comportamiento del toldo tanto en verano como durante los meses más fríos.

El mejor aliado

Aunque elegir un buen toldo puede reducir notablemente la temperatura de una vivienda, el arquitecto recuerda que existe una solución todavía más eficaz: la vegetación.

"La sombra natural crea un mayor grado de confort térmico que la sombra artificial porque las plantas regulan su temperatura a través de la evaporación y el uso de la energía solar en la fotosíntesis", explica.

A diferencia de una estructura de tela o metal, un árbol no solo bloquea la radiación solar. También refresca el aire que lo rodea gracias al proceso de evapotranspiración, reduciendo la temperatura ambiente de forma natural.

Por eso, para quienes tienen jardín, terraza o patio, plantar árboles de hoja caduca o incorporar vegetación de gran porte puede convertirse en una estrategia muy efectiva frente a las olas de calor.

La recomendación de Jordi Martí pasa por que combinar ambas soluciones es aprovechar la protección que ofrecen los toldos, pero complementarla con zonas verdes siempre que sea posible.