Ejemplo de un diseño más especial.

Ejemplo de un diseño más especial. Foto de Xie Yujie Nick en Unsplash

Decoración

¿Por qué las lámparas de mesa y suelo son mejores que las de techo? La clave para una casa más acogedora

Adiós a los focos y plafones. Estas propuestas aportan calidez, son funcionales y cumplen una misión estética.

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Si enciendes la lámpara de techo, el salón se convierte en una oficina. Hacer lo propio con una lámpara de pie, desemboca en un hogar.

La luz cenital —la que cae desde arriba como si alguien hubiese decidido interrogarnos, sólo que con algo menos de glamour, sofisticación y sensualidad que Sharon Stone en la mítica escena de Instinto Básico— cumple su función: permite la visión.

Todo está ahí. El sofá, la mesa, la estantería. Incluso esa suciedad que sería preferible pasar por alto. Pero no, no hay escapatoria. No obstante, en cualquier caso, hay que tener en cuenta la máxima de que ver no es lo mismo que habitar. Y ahí es donde este complemento pierde fuerza. Es necesario que operatividad y gusto se alineen.

La luz que cae desde el centro del techo suele ser plana, homogénea, democrática en el peor sentido: ilumina todo por igual y, por tanto, no favorece a nada ni a nadie.

Aplasta rasgos, genera sombras duras bajo los ojos, endurece los volúmenes. Experimentar esto en casa provoca una sensación muy cercana a la de entrar en un probador diseñado por el peor enemigo de las mujeres.

Recuerda más a una oficina, a un supermercado o a la consulta del dentista cuando bajan el foco a una distancia cegadora, que a un salón en el que apetezca quedarse después de cenar.

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Es la luz de los espacios de paso, no la de los lugares donde se mora o que se habitan desde la capacidad y el deseo de estar presente.

Además, cuando se pretende que esa única fuente lo resuelva todo, la cosa se complica.

Para lograr una iluminación uniforme sólo con esta apuesta, muchas veces hay que recurrir a piezas empotrables, falsas escayolas —que por otra parte están muy de moda— y un pequeño despliegue de obra que no siempre compensa. Y que a veces resulta imposible si se trata de una vivienda de alquiler.

Todo para conseguir algo que quizás siga sin ser la solución que de verdad se desea. La alternativa —mucho más sencilla y bastante más interesante— pasa por asumir que la casa necesita de diferentes capas de luz. De puntos de calidez. Atrás quedaron esos foquitos que tenían sus raíces en el techo.

Las lámparas de mesa son, probablemente, la forma más inmediata de empezar esa conversación y utilizarlas en, por ejemplo, estanterías, es una apuesta ganadora. Ese lugar en el que la luz rebota contra los coloridos lomos de los libros.

Cuando se opta por esta propuesta es conveniente incluir varios refuerzos para tener en cada momento la iluminación necesaria.

Lámpara de mesa de Ratán Balzac de Katira por 242 €.

Lámpara de mesa de Ratán Balzac de Katira por 242 €. Katira

De este modo, se va regulando la rutina: de la llegada a casa, cuando todavía queda día y se busca algo más parecido a la luz que se encuentra fuera, hasta ese momento de intimidad con una misma, ante las páginas de la lectura del momento. La que acompaña hasta que el sueño hace acto de presencia.

Colocadas en una mesilla, generan una luz focal que invita a bajar revoluciones. La pausa se instala en casa, haciendo de ella un hogar. Ese remanso de paz tan necesario cuando los ritmos aprietan y las jornadas se alargan. En esos casos, el descanso se vuelve más fundamental si cabe.

No es casual que, cuando se quiere crear ambiente en un restaurante, nadie piense en subir los lúmenes del techo. Y ahora, precisamente, está de moda acudir a espacios gastronómicos en los que se cena prácticamente a oscuras o se toman cócteles en esa misma tónica. En Madrid se aprecia en locales como Trafalgar o Harrison 1933.

Tienen, además, una ventaja decorativa difícil de discutir: aunque se podrían definir como accesorios de casa, son casi pequeños muebles. Aportan textura, color y volumen.

Además, ahora con la tendencia del mix and match de materiales, la elección de algo tan sencillo en apariencia se vuelve algo más divertido: desde bases de cerámica a pantallas de lino pasando por pies metálicos.

Igualmente, esta mezcolanza se puede ir intercambiando con el paso de los tiempos y confeccionando cada diseño casi a medida. En Peralta Vidavi hay propuestas increíbles a las que siempre decir sí.

Lámpara de suelo fabricada en vidrio y metal de Zara Home. Tiene un precio de 119 €.

Lámpara de suelo fabricada en vidrio y metal de Zara Home. Tiene un precio de 119 €. Zara Home

Las lámparas de pie, por su parte, son una especie de arquitectura móvil. Su gran baza es la versatilidad. Se pueden mover, recolocar, girar ligeramente para que la luz rebote en la pared y se vuelva más suave... Las opciones son múltiples, y es una forma de apostar por la calidez en altura sin tener que fijar la vista en el techo y sucumbir a los terrores de esa iluminación.

Punto y aparte

Al margen de las alternativas mencionadas, también tendrían cabida en esa clasificación los apliques, esos elementos que parecían pertenecer únicamente a pasillos de hotel, patios y polideportivos.

Una vez más, se suma a la ecuación la cuestión de la estética. A veces se emplean incluso para darle vida a obras de arte, realzando las propuestas. Igualmente, le dan cobijo al descanso cuando se emplean en el dormitorio, sobre todo encima de cabeceros.

Lámpara VARMBLIXT de IKEA disponible por 49 €.

Lámpara VARMBLIXT de IKEA disponible por 49 €. Ikea

La clave en todo este planteamiento se encuentra en concebir este aspecto decorativo como algo más que encender o apagar un interruptor. En casa también hay que hacer vida y favorecer, de verdad, la desconexión y el descanso. Impregnar el hogar de personalidad.