La cantante posa con el piano del hotel Hyatt Regency de Madrid.
Marilia de Ella Baila Sola, en su 30 aniversario: "Debería haber una clase media de músicos y menos precariedad"
La cantante inicia una gira de conciertos para celebrar este cumpleaños en el sector, mirando al futuro y sin olvidar su pasado.
Más información: José Mercé (70), sobre su infancia en los 70: "Con 13 años me salí del colegio y a los dos meses me fui a cantar a Madrid"
Tres décadas en el mundo de la música pueden considerarse hoy en día casi un milagro, una heroicidad. Suele decirse que lo importante no es llegar, sino mantenerse y esta frase adquiere otra dimensión cuando se empieza siendo un dúo que bate récords a golpe de himno y se continúa en solitario, casi empezando desde cero.
Es el caso de Marilia de Ella Baila Sola —la muletilla es necesaria porque es parte de su pasado, no reniega de él, y también ha viajado con ella hasta el presente— que celebra su 30 aniversario con una gira que siente muy especial: íntima, de reencuentros, con la misma ilusión de aquella adolescente que tocaba en El Retiro de Madrid.
Escuchar a esta conquense hablar de su carrera es comprobar que su pasión por componer e interpretar canciones es un propósito de vida que nunca ha abandonado; el camino ha fluido, se ha transformado, pero la huella permanece.
Quizá en sus comienzos nunca imaginó que pasados los 50 seguiría aquí —o sí—, pero en cualquier caso sigue paseando por las notas del pentagrama buscando nuevos horizontes y soñando con lo mucho que aún le queda por escribir.
Marilia, siempre con su guitarra a cuestas, en Madrid.
Nos encontramos con ella en Madrid, días antes de que arranque su tour. Viene con su inseparable compañera, la guitarra, y no puede ocultar la emoción ante lo que se aproxima.
El 26 de marzo arranca el tour en la mítica sala Galileo de la capital, a la que seguirán otros escenarios en diferentes ciudades de España para luego hacer las maletas y marcharse a Latinoamérica.
Sobre el escenario sonarán aquellos temas que ya son historia como Amores de barra, Mujer florero o Lo echamos a suertes, y también muchos otros que han formado sus tres discos en solitario y que hablan de su evolución.
Cuando interiorizas la frase '30 años en el mundo de la música', ¿qué es lo primero que te viene a la cabeza?
La ilusión de componer canciones y cantarlas y de que haya alguien que quiera escucharlas. Me parece un regalazo. Esa es la recompensa de este aniversario: el cariño de la gente y el mío hacia ellos, porque al final nos hemos acompañado en el camino.
El público me ha dejado estar presente con mi trabajo en momentos muy diferentes de su vida y ellos me han permitido hacer algo que me encanta.
¿Cómo has planteado esta gira de aniversario?
Para mí, la clave es celebrar y compartir la andadura, la conexión que tenemos a través de los temas.
No la imaginé sólo como una serie de conciertos, sino como un reencuentro con los demás, con amigos, familia y compañeros. Por eso combino festivales y espacios grandes con lugares cercanos como teatros o la sala Galileo, que permiten otra cercanía. En todos los casos, es una oportunidad de compartir.
Contaré con colaboraciones y voces amigas, porque quiero agradecerles el haber estado ahí durante este tiempo. Así que habrá sorpresas sobre el escenario, pero hay que venir para verlas, no quiero adelantar nada...
Si echas la vista atrás, cuando eras una adolescente que tocaba en El Retiro, ¿imaginabas que llegarías hasta aquí?
Siento que la niña que empezó a hacer canciones con 11 años se mantiene. Lo que más me importa es componer y cantar; esa magia que se crea con el público es lo que me ha traído hasta aquí y hace que continúe.
Todo lo demás, lo que hay alrededor, es necesario, pero no lo más importante. Por supuesto, he contado con la ayuda de muchísima gente a lo largo de mi trayectoria y estoy muy agradecida.
¿Qué cosas has descubierto de la industria que no imaginabas entonces?
Cuando nos metemos en esta profesión, estamos aceptando la montaña rusa que supone. Yo soy la misma de los inicios, pero el sector sí está en pleno cambio y veremos hacia dónde va.
Quizá lo que más me sorprendió fue que pensé que se cuidaba más al músico, a las personas, el alma de este arte... Pero al final es un negocio y la música se trata como un producto, como un corcho, y eso me chocó bastante.
Es algo que tiene sentido desde el punto de vista empresarial, pero se trata de un ámbito muy inestable y creo que debería haber una clase media de músicos en este país y que no sea tan complicado vivir de esto.
Marilia empieza su gira 30 aniversario en una de las salas más míticas de la capital.
¿Cómo se sostiene una carrera de 30 años en un contexto tan inestable?
Esta profesión al final está un poco vapuleada y la precariedad lo está invadiendo todo de forma general. Ahora mismo creo que se hacen más esfuerzos para conseguir menos que en el pasado. Hace falta mucha fortaleza, por eso me hace tanta ilusión celebrar este aniversario.
Siento que el éxito también está en hacer las cosas lo mejor posible, poder dormir bien y aprender de los aparentes fracasos, que son muy útiles para darnos profundidad y empatía.
Es importante cuidarse en el plano de la salud mental, un tema del que ahora se habla mucho más y me alegro de ello. Estamos en una época frágil y creo que nos ayuda mucho volver a la naturaleza, cuidar lo básico, tener tiempo para estar tranquilos y no ir tan acelerados. Es una elección de vida que, a veces, pasa por mirar las cosas de una manera diferente a la que se impone.
Durante este tiempo, ¿has sentido el impulso o la necesidad de abrir otros caminos profesionales?
Sí. Componer para otros siempre ha sido una opción y en esta etapa estoy colaborando con compañeros que hacen películas y series, algo que me interesa muchísimo.
También hubo una época en la que me interesé enormemente por la Prehistoria y me puse a estudiar Geografía e Historia porque quería ir a desempolvar los huesos de Atapuerca.
He hecho cosas relacionadas con el arte, la escultura, la pintura... y el yoga me encanta. Pero siempre que iniciaba caminos nuevos, la música acababa llamándome otra vez. Siento que, si no utilizas algo que te sienta genial y te sana, no te encuentras bien. Poder desarrollar lo que hemos venido a hacer es un regalo.
¿Llevas la cuenta de cuántas canciones has compuesto en estas tres décadas?
No, pero sé que son muchas. Me gusta pensar también en esos temas que nunca se graban ni se registran y que son igual de necesarios. A veces hace falta esa composición que jamás enseñarías a nadie para que luego salga esa otra en la que por fin has expresado lo que querías.
Las amo a todas, como a los hijos: unas llegan más a la gente y otras no, pero el cariño que has puesto y lo que han significado para ti puede ser muy importante aunque nunca suenen.
¿Cómo consigues que no se parezcan entre sí?, ¿hay algún truco para no repetirte?
Supone un reto y es la parte del juego en la música, que consiste en probar y experimentar. En mi último disco hay una, Mi dragón, sobre la fuerza interior que quise llevar a un terreno más electrónico y luego hice una versión más acústica.
Me encanta experimentar sonidos distintos, pero también que cuando empiece un tema mío se me reconozca. Para mí es valioso sonar a mí, no parecerme a nadie.
El siguiente disco será un paso hacia otro lugar, pero todo está unido por la misma voz: es un puente del pasado al futuro, no una ruptura.
¿Qué te enseñó, en lo personal y en lo musical, ese binomio de Ella Baila Sola y el salto posterior a una carrera en solitario más intimista?
Para mí ha sido una evolución natural. Ese éxito tan enorme tenía detrás años de trabajo. No fue de repente, así que había una sensación de haber construido algo.
La continuación también ha sido un viaje: sigo disfrutando de lugares pequeños y grandes. No soy nostálgica del pasado, me gusta el futuro y me gusta evolucionar. La etapa de Ella Baila Sola la llevo en el corazón, pero también me gusta disfrutar de cada paso y ver lo bueno que tiene.
Me parece un éxito poder seguir haciendo lo que me gusta y haber escrito temas que siguen en la gente. Con los años se va yendo esa imposición de tener que demostrar, siento que ya no tengo que demostrar nada.
¿Cómo ves la evolución del papel de la mujer en la música?, ¿hay todavía mucho edadismo y culto a la imagen?
Cuando empezaron a sonar esas canciones hace 30 años, la industria abrió un poco el abanico, porque se vendían muchos discos y no tuvo más remedio que hacerles hueco. Ahora hay muchas más voces femeninas, pero creo que todavía hay que cambiar bastantes cosas.
Se mira mucho más físicamente a una mujer que a un hombre, sigue habiendo una exigencia distinta. La figura de la mujer florero y la necesidad de meternos en el mismo molde siguen ahí.
¿Es difícil no dejarse arrastrar por esas exigencias de encajar en un canon?
A mí no me resulta complicado, quizá porque he tenido la suerte de componer mis canciones y no recibir órdenes del tipo "tienes que ponerte esto" o "hacer aquello".
Sin embargo, mi sensación es que cuando una mujer despega, los consejos alrededor muchas veces son horribles y se repite lo mismo de siempre con otro lenguaje, con la justificación del empoderamiento o lo que sea.
La cantante asegura que sigue siendo la misma niña que componía canciones con 11 años.
Marilia, ¿hasta cuándo te sueñas en un escenario?
Me encantaría que fuera para siempre. Pienso, por ejemplo, en María Dolores Pradera o María del Mar Bonet, mujeres a las que admiro muchísimo y que han tenido una carrera larga y maravillosa.
Creo que se pueden construir cosas muy bonitas en cada etapa. Aprender a hacernos mayores me parece un regalazo y tenemos la oportunidad de hacerlo cada vez mejor.
Y fuera de la música, ¿qué sueños te quedan por cumplir?
Quizá te diría que lograr el equilibrio: poder hacer algo que te encanta y combinarlo con ver a las personas que amas, con la amistad, con estar tranquila y estar contigo. Cumplir años me está dando una perspectiva que me permite valorar lo importante que es eso.
Vivimos un momento en que a los artistas se les pide cada vez más que se posicionen en temas políticos, sociales... Ha sido sonada la polémica de Rosalía y sus declaraciones sobre Picasso... ¿Cómo vives esa exigencia?
Creo que cada uno debe elegir qué voz quiere apoyar, pero muchas veces hay más intereses que el discurso propio. Me parece que se mezclan cosas: sería bonito cuidar estas disciplinas, la música, el cine... Mimar la profesión, que es una artesanía, y no exigir que se politice todo. Se desvirtúan las palabras y se insulta cuando alguien no opina como tú, como si fuera Hitler.