El arquitecto e interiorista.

El arquitecto e interiorista. Cedida

Decoración

Víctor Escudero, director de Pazzo Interiorismo: "Hay que contar con la parte funcional del espacio y con la emocional"

El último proyecto del interiorista ha sido el diseño de Clínica ENA, ideado a raíz del concepto de la célula como máxima expresión de vida.

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Tras Pazzo Interiorismo se encuentra el arquitecto Víctor Escudero. Su estudio nada entre la pasión, la ambición necesaria que va de la mano del buen hacer, el amor por los proyectos que emprende y el factor sorpresa que trata de incluir en los mismos.

¿Su última apuesta? Un todo o nada por el diseño en Clínica ENA, un centro médico que nació de la vocación de una familia de médicos que comparten, además de su formación, el propósito de cuidar de las personas con cercanía, honestidad y excelencia.

Y es que el hecho de que la salud es lo primero es algo más que una expresión popular. Es un modo de vida que no atiende a tendencias ni a lo que marcan las redes sociales. El bienestar debería ser el centro de la rutina sin desatender los quehaceres, aunque a veces encontrar el equilibrio entre todos esos elementos resulta un poco más complicado.

En esas situaciones, delegar en profesionales es una herramienta vital. Cada cual se conoce muy bien a sí mismo, pero depositar la confianza sobre algo tan delicado en expertos avalados por su experiencia y buen hacer es un acierto seguro.

Todo ello ahora se ha hecho palpable, tangible, en las instalaciones de Clínica ENA en Orihuela, Alicante, donde el arquitecto Víctor Escudero ha planteado un espacio concebido para ser y para estar.

Para lograr que la visita a la consulta sea lo más placentera posible. Para sentirse acogido —casi abrazado—, como en casa, algo fundamental cuando lo que se tiene entre manos es la salud.

Todo esto se refleja a través de la calidez de los materiales y la sensación de protección que estos confieren. "Hemos revestido grandes volúmenes con madera de roble e incluido iluminación cálida integrada en los peldaños y foseados", ejemplifica el profesional.

Además, añade que en los gabinetes han usado papeles con texturas orgánicas y espejos curvos. "Queríamos que se sintiera la excelencia y el mimo de una familia que lleva años cuidando a pacientes, elevando la experiencia con toques dorados en las luminarias que aportan esa sofisticación y respeto por el usuario", cuenta.

El 'lobby' del centro médico.

El 'lobby' del centro médico. Cedida

Según el interiorista, cuando se abordan este tipo de propuestas, "hay que contar con la funcionalidad del espacio, pero también con la parte emocional del mismo", sobre todo aquella que tiene relación con el paciente.

"Son conceptos inseparables, pero cumplen roles distintos. Lo primero, dicta el flujo: en este caso se aprecia en la recepción amplia para una atención rápida o en la escalera cómoda para el tránsito", comenta.

En cuanto al segundo aspecto, dice que se encarga de dictar la atmósfera. "Un ejemplo claro es el uso de la luz natural: hemos abierto esos grandes óculos —en referencia a los enormes ventanales de la clínica— para que la luz lo bañe todo, porque es salud", detalla.

También comenta que, para que todo encaje en esta ecuación con dos factores, no se sacrifica la higiene —apuestan por los suelos de gran formato fáciles de limpiar—, pero tampoco que la consulta resulte agradable a los pacientes: "Elegimos mobiliario tapizado en texturas suaves tipo bouclé para que el tacto sea amable. Es un equilibrio técnico y sensorial", cuenta.

En el corazón del proyecto late una premisa biológica clave: la célula como unidad de vida. Y esta máxima se instala en cada rincón del espacio. Se cuela en las esquinas, sube hasta el techo y hace acto de presencia en el mobiliario del lugar.

Imagen de una de las salas de la clínica.

Imagen de una de las salas de la clínica. Cedida

"Lejos de la clínica tradicional, aquí se respira a través de una arquitectura orgánica y biomimética —es decir, que imita a la vida—. Como si nos adentráramos en el citoplasma de un organismo vivo, el interiorismo renuncia a la línea recta para abrazar la curva, el flujo y el movimiento continuo", expresa el profesional.

Los pensamientos nunca se hilan de forma individual, sino que se conciben como un todo. El cerebro no funciona como un archivador ordenado por fichas independientes ni como una nube abstracta donde todo se diluye sin bordes. Es precisión y es contexto.

Siguiendo con la idea de la célula como unidad que vertebra todo el proyecto, Escudero cuenta cómo se traduce el mismo para que la experiencia de quien visita la clínica sea lo más óptima posible en todos los aspectos:

"Es algo literal y físico. Se observa en los ventanales, que tienen forma de cápsula, rompiendo la rigidez de la fachada tradicional. En el interior, hemos evitado las esquinas a 90 grados. Todo fluye", explica.

También señala la zona de las escaleras, de la que destaca que no se trata únicamente de un elemento de paso, sino que se concibe como una escultura curva que conecta los niveles como un tejido vivo. "Para el paciente, esto se traduce en suavidad; el ojo no choca con aristas, sino que resbala por las formas, lo que genera una calma inmediata", detalla.

Y en esa lógica híbrida —que atiende a clichés como el tándem blanco y negro o una de cal y otra de arena— tan humana, entra sin duda el concepto de la arquitectura sanitaria. Una mirada como la de este proyecto que, sin duda, no puede resolverse únicamente con decisiones técnicas impecables ni sólo con un gesto estético que lo envuelva todo.

La propuesta de Escudero para Clínica ENA necesita piezas claras y contundentes —materiales, recorridos, iluminación, proporciones— y, al mismo tiempo, una narrativa espacial coherente que hace que todo encaje.

Clínica ENA x Pazzo Interiorismo.

La disciplina debe integrar cada elemento en un conjunto armónico que traduzca los valores que más importan cuando se entra en una consulta: tranquilidad y confianza.

Siguiendo con el símil de la célula como unidad de vida, aparecen los ventanales, que actúan casi como membranas permeables que unen el interior con el exterior en una suerte de metáfora de aquello en lo que consiste el bienestar.

Tiene que haber un equilibrio entre lo que se muestra y lo que se es y cómo se siente. La luz natural y la artificial funcionan como dupla incontestable en el espacio.

La intención de Víctor Escudero tras su proyecto era la de darle forma a un diseño que no sólo se habita, sino que se siente vivo.

Este detalle salta a la vista no únicamente gracias a los materiales empleados en la clínica —la madera ha sido un imprescindible—, sino también gracias a un poderoso entramado tubular blanco que recorre el techo y desciende como una escultura aérea.

El arquitecto ha querido volcar aquí una reinterpretación que parte de su mirada del citoesqueleto celular. A la vista del que contempla la imagen, también se asemeja la propuesta a esas raíces que sostienen los árboles, encargadas de dar vida.

Imagen donde se aprecia la construcción aérea.

Imagen donde se aprecia la construcción aérea. Cedida

Cuando arquitectura y medicina convergen, la clave del buen hacer, de la correcta fusión entre ambas partes, reside en el entendimiento de las mismas. Una clínica no es un espacio donde sólo se pasa consulta.

Se trata más de un ecosistema que se vertebra en torno a cada decisión. Es, en muchas ocasiones, un lugar de fe. De fe y de confianza en la profesionalidad de los expertos.

Por eso, el resto ha de acompañar. El diseño no puede ser el protagonista, sino que ha de mimetizarse con las necesidades y exigencias de, en este caso, ENA, que pone el centro de todo su trabajo en el paciente.

"Para lograr esto hemos jugado con la escala y el color. Hemos mantenido las paredes en un blanco impoluto, respetando la higiene que exige la medicina, pero hemos llevado la personalidad al techo. Ese azul profundo en la doble altura no solo da carácter, sino que organiza el espacio sin molestar en la operativa médica", destaca.

"Hemos conseguido que parezca un lobby de hotel de lujo; la medicina está ahí, en la tecnología y el servicio, pero el entorno elimina la frialdad típica de estos enclaves", detalla Escudero.

En este especial rincón de Orihuela, donde Víctor Escudero ha dejado su impronta, la presencia de, por ejemplo, el citoesqueleto no es solo un gesto estético; es una declaración de intenciones. Como las raíces que no vemos, pero que permiten que todo lo demás exista.

La madera, los recorridos fluidos, la continuidad visual entre estancias responden a esa misma lógica: reducir la fricción emocional que a menudo acompaña a una visita médica.

Y es que este tipo de propuestas influye y mucho en el estado de ánimo del paciente y en cómo se lee el ambiente:

"Aquí la clave es la microarquitectura que creamos en la sala de espera. Estar sentado en un espacio de doble altura puede hacerte sentir vulnerable o pequeño. Por eso, diseñamos esa pérgola de tubos blancos curvos sobre los sillones", referencia Víctor Escudero.

Según el interiorista, de este modo se crea un efecto refugio o nido. "Aunque estás en un espacio amplio y ventilado, sientes un techo más bajo y protector sobre tu cabeza. Eso reduce el estrés inconscientemente: te sientes abrazado por la arquitectura, no expuesto", concluye.

Y es que en proyectos como este —el que forman el tándem de Pazzo Interiorismo y Clínica ENA— no se trata de prometer experiencias extraordinarias, sino de cuidar lo esencial. Porque cuando se habla de salud, la disciplina de Escudero también diagnostica: puede generar tensión o puede transmitir calma. Y aquí, deliberadamente, la apuesta ganadora es la segunda.