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Paula, la joven de 23 años que dejó su trabajo el primer día: "Un puesto de 40 h no me iba a venir bien a la salud"

Paula explica por qué decidió abandonar el puesto y defiende que su situación personal le permitió priorizar otras oportunidades laborales.

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Paula tiene 23 años y solo necesitó una jornada para saber que no quería continuar en su nuevo empleo. Había encontrado trabajo como dependienta con un contrato de 40 horas y una jornada de lunes a sábado, pero después de conocer sobre el terreno cómo sería su día a día decidió no volver al puesto.

La decisión fue voluntaria y, según ha explicado, no estuvo relacionada con ningún conflicto con la empresa ni con sus compañeros, sino con el horario, la distribución de la semana y las funciones que tendría que desempeñar. "Conforme me explicaban el trabajo, ya sabía que no quería estar allí", contó la joven en sus redes sociales.

Ahora, después de que su historia haya generado críticas y debate, Paula ha explicado que su situación personal fue determinante para poder tomar esa decisión. Vive con su madre, no tiene cargas familiares y asegura que no existe una necesidad económica que la obligue a conservar un empleo que considera incompatible con su bienestar.

Una decisión "por salud"

La decisión de Paula llegó después de una jornada en la que fue conociendo cómo sería realmente el trabajo. Llevaba tiempo buscando empleo y, por eso, conseguir por fin un puesto le produjo inicialmente una sensación agridulce: había encontrado una oportunidad, pero al empezar a conocer sus funciones se dio cuenta de que no se veía allí.

"Hermanas, he durado un día en el trabajo por voluntad propia. Os prometo que tengo una mezcla de emociones, de estar tanto tiempo buscando trabajo, por fin tienes el trabajo y cuando te dan el trabajo ves que no te gusta", relataba en el vídeo que compartió en sus redes sociales.

Durante esas primeras horas, Paula empezó a plantearse si quería mantener aquel empleo o volver a empezar la búsqueda. En realidad, explica, no había ocurrido nada concreto que le hiciera marcharse, no tuvo ningún problema con sus compañeros y tampoco se produjo ninguna situación desagradable durante la jornada.

Lo que ocurrió fue más sencillo: a medida que conocía el puesto, tenía cada vez más claro que no quería que esa fuera su rutina durante los próximos meses.

El horario era uno de los aspectos que más le hacía cuestionarse la decisión. Para ella, aceptar un contrato de 40 horas semanales, con una jornada de lunes a sábado, suponía asumir una parte importante de su semana en un lugar en el que ya había comprobado que no se sentía cómoda.

La situación llegó a afectar a su estado de ánimo y, como consecuencia, la joven explicó que ya al día siguiente se levantó llorando porque no quería regresar al trabajo. Como consecuencia, comunicó que no quería continuar con el trabajo.

Después de que su vídeo explicando la situación acumulase millones de visualizaciones, la joven ha tenido que aclarar muchos aspectos, entre ellos su situación personal. La joven reconoce que no todas las personas podrían tomar la misma decisión que ella.

Paula vive con su madre y, según explicó en Espejo Público, no tiene cargas familiares ni responsabilidades económicas que dependan directamente de ella.

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Esa circunstancia le permitió valorar la posibilidad de abandonar el puesto sin que hacerlo supusiera quedarse sin recursos para mantener una familia o hacer frente a otros gastos imprescindibles.

"Entiendo las críticas de que haya durado poco, pero es que considero que no tengo ninguna responsabilidad económica que me ate", explicó durante su intervención en el programa, "gracias a dios, puedo entrar en un puesto y decidir que no lo quiero", añadió.

Una persona que necesita urgentemente un sueldo para pagar una vivienda, mantener a sus hijos o contribuir a la economía familiar puede no disponer del mismo margen para renunciar a un empleo después de una primera jornada.

De hecho, ese es uno de los elementos que más ha marcado el debate alrededor de su historia. La discusión no gira únicamente en torno a si un trabajador debe permanecer o no en un puesto que no le gusta, sino también sobre cuánto margen real tiene cada persona para tomar esa decisión.

"Lo primero que hice fue llamar a mi madre y me dijo que me diera un poquito más de tiempo, pero también con ella tengo mi lugar seguro", contó. Fue ella quien le transmitió que podía seguir buscando otra oportunidad si consideraba que aquel puesto no era para ella.

Esa posibilidad es precisamente la que Paula considera determinante. No plantea que cualquier persona deba abandonar un empleo ante la primera dificultad, sino que defiende que quienes cuentan con un margen económico para hacerlo puedan decidir no permanecer en un lugar en el que consideran que no van a estar bien.

"Simplemente, sentí y, como tengo la posibilidad de no entrar ahí y abrir mi abanico a otras oportunidades, pues lo hice", explicó Paula, añadiendo que ha tenido otros trabajos y sabe lo que es trabajar.

En empleos anteriores, también vinculados al sector de la venta al público, llegó a permanecer varios meses. Según había explicado anteriormente, tres meses es el periodo más largo que había permanecido en un puesto.

Paula, además, introdujo un elemento diferencial en sus intervenciones públicas: la salud mental. La joven considera que mantener una jornada de 40 horas como dependienta, de lunes a sábado, en un puesto en el que ya sabía que no quería estar podía terminar teniendo consecuencias sobre su bienestar.

"Un puesto de 40 h como dependienta no me iba a venir bien a la salud", confesó.