Cartera de correos en España

Cartera de correos en España Imagen generada con IA

Estilo de vida

Nuria, funcionaria de Correos: "Reparto citas médicas con 3 meses de retraso y me da vergüenza, eso antes era impensable"

La falta de mano de obra sumada a las órdenes directas de los directivos, hacen que este empleo se haya convertido en uno de los más criticados.

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Durante más de dos décadas, Nuria ha recorrido carreteras y pueblos de Guadalajara repartiendo cartas, notificaciones y paquetes. Nunca, asegura, había vivido una situación como la actual dentro de Correos.

La trabajadora, cuyo nombre es ficticio para preservar su identidad, hablaba con EL ESPAÑOL para denunciar que a la falta de personal y la acumulación de correspondencia se ha sumado ahora la nueva tarea de ofrecer seguros a los ciudadanos durante su jornada de reparto.

"Nos obligan a vender seguros de una conocida empresa a la gente", explica. Una función que, según relata, ha generado malestar entre parte de los trabajadores porque consideran que se aleja de su labor habitual.

"Dicen que tenemos que registrar una serie de contrataciones, pero yo no soy comercial, soy cartera. La gente se cabrea y nos dice, como es lógico: 'No quiero un seguro, quiero mi carta'", señala.

Después de más de 20 años trabajando en el servicio postal, sostiene que nunca había tenido que afrontar este tipo de objetivos comerciales mientras realizaba el reparto.

Retraso de 3 meses

La venta de productos no es, sin embargo, su principal preocupación. Nuria asegura que el problema de fondo es la falta de trabajadores disponibles para cubrir las rutas y atender toda la correspondencia pendiente.

"Cuando empecé era impensable que una carta se quedara sin repartir. Hoy llevo correspondencia con más de tres meses de retraso", lamenta.

Según los datos de CCOO recogidos en la información original, la cobertura de personal en Guadalajara no alcanzaría el 30% de las necesidades y existen unidades que funcionan con 13 repartidores cuando deberían contar con 34.

Nuria describe una situación en la que las ausencias ya no siempre son cubiertas. "Antes, si un compañero se ponía malo, te llamaban para cubrir ese día. Ahora te vas de vacaciones y nadie te reemplaza, así que cuando vuelves, el correo está acumulado".

Ella trabaja con una jornada parcial de seis horas, pero asegura haber llegado a asumir una carga muy superior. "Este verano he tenido que hacer el trabajo de cuatro personas con jornada completa", afirma.

La acumulación termina provocando, según explica, una imagen negativa de los propios carteros ante los vecinos. "Nos llaman vagos por la calle, pero la realidad es que no damos abasto".

La importancia de la entrega

La trabajadora también señala un cambio en las prioridades del reparto. Según su testimonio, determinados envíos urgentes o de paquetería pasan por delante de otra correspondencia porque generan mayores ingresos.

"Solo les importan los paquetes porque dejan más dinero. Si es un envío barato, se queda atrás", critica.

Como ejemplo menciona las cartas relacionadas con hospitales, revisiones médicas, citas u operaciones. Frente a otros envíos más rentables, sostiene que este tipo de correspondencia puede terminar acumulándose.

"He entregado cartas del hospital con más de tres meses de retraso. Me da vergüenza echarlas al buzón", asegura.

Para Nuria, detrás de estos retrasos existe una transformación del modelo de funcionamiento que termina afectando especialmente a quienes viven en zonas rurales. "Antes pasábamos por los pueblos pequeños cada día. Los jefes nos dicen: 'Hoy no vayas allí, no hay carga de trabajo', pero esas personas tienen derecho a recibir su correo", denuncia.

Trabajo mal hecho

Su crítica no se limita a las condiciones laborales. Después de años recorriendo hasta siete pueblos de Guadalajara, considera que Correos está perdiendo parte de su carácter de servicio público.

La sobrecarga, sostiene, también está teniendo consecuencias entre los empleados. Habla de trabajadores desmotivados y de una plantilla cada vez más cansada por la presión y la dificultad para sacar adelante todo el trabajo acumulado.

"Cada año va peor. Nos sentimos abandonados. Hay más puestos directivos que repartidores", afirma. Aun así, Nuria insiste en que su protesta no gira únicamente alrededor del salario. Lo que más le preocupa, asegura, es terminar cada jornada sabiendo que quedan cartas pendientes y vecinos que todavía esperan una comunicación.

Después de más de dos décadas como cartera, resume su situación con una frase: "Esto no va de sueldos. A mí me gusta mi trabajo, pero lo que me duele es no poder hacerlo bien. Todo es improvisación y presión".