Berta y Nuria, cocineras, junto a un plato de pollo al ajillo.

Berta y Nuria, cocineras, junto a un plato de pollo al ajillo. E.E.

Estilo de vida

Berta y Nuria, cocineras: "El pollo al ajillo más fácil y sabroso lleva contramuslos, 11 dientes de ajo y vino blanco"

Una receta tradicional, económica y llena de sabor que se prepara en pocos pasos y aprovecha el mismo aceite para potenciar todos los aromas.

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El pollo al ajillo es uno de los grandes clásicos de la gastronomía española. Una elaboración sencilla y económica que necesita pocos ingredientes para conseguir un plato lleno de sabor.

Aunque existen diferentes formas de prepararlo, el ajo, el aceite de oliva y el vino blanco suelen ser los protagonistas. La elección de la pieza de pollo también puede marcar la diferencia en el resultado.

Las cocineras Berta y Nuria, conocidas en redes sociales por su cuenta de Instagram (@cocina.en.la.nube), comparten una versión fácil preparada con contramuslos de pollo, 11 dientes de ajo y vino blanco.

En su elaboración utilizan seis dientes de ajo laminados y otros cinco enteros, una combinación que permite aromatizar el aceite y conseguir que el sabor del ajo esté presente durante toda la cocción.

Otro de los puntos importantes es aprovechar el mismo aceite durante todo el proceso. Primero se utiliza para dorar los ajos y el laurel y, posteriormente, para cocinar el pollo.

De esta manera, la carne absorbe parte de los aromas que han quedado en la sartén antes de añadir el vino blanco y el agua con los que se termina de formar la salsa.

Antes de comenzar, las cocineras aconsejan tener todos los ingredientes cortados y preparados. Así se puede controlar mejor la cocción y evitar, sobre todo, que los ajos se doren más de la cuenta.

Receta de pollo al ajillo

  • 1,2 kg de contramuslos de pollo deshuesados
  • 6 dientes de ajo laminados
  • 5 dientes de ajo enteros
  • 2 hojas de laurel
  • 1 vaso de vino blanco
  • Medio vaso de agua
  • Un chorrito de zumo de limón
  • Sal
  • Pimienta
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Patatas fritas para acompañar (opcional)
  • 1 guindilla (opcional)

Paso 1

Aromatizar el aceite. Calentar aceite de oliva virgen extra en una sartén amplia junto con los cinco dientes de ajo enteros y las dos hojas de laurel.

Paso 2

Retirar los ajos. Cuando estén dorados, sacarlos de la sartén y reservarlos. Es importante que no lleguen a quemarse para evitar que aporten un sabor amargo.

Paso 3

Dorar los ajos laminados. Añadir al mismo aceite los seis dientes de ajo laminados. Si se quiere un punto picante, incorporar también una guindilla para que aromatice el aceite. Retirar los ajos cuando estén dorados y reservarlos.

Paso 4

Cocinar el pollo. Salpimentar los contramuslos e incorporarlos al aceite ya aromatizado. Cocinarlos a fuego fuerte hasta que estén bien dorados por ambos lados.

Paso 5

Añadir el vino. Volver a incorporar los ajos reservados y agregar un vaso de vino blanco y medio vaso de agua.

Paso 6

Incorporar el limón. Añadir, si se desea, un chorrito de zumo de limón para aportar un ligero toque cítrico.

Paso 7

Reducir la salsa. Cocinar a fuego medio hasta que el líquido reduzca y se forme una salsa concentrada y aromática.

Paso 8

Servir. Colocar el pollo sobre unas patatas fritas y repartir por encima los ajos y abundante salsa.

Las claves del pollo al ajillo

Más allá de la cantidad de ajo, uno de los aspectos que puede determinar el resultado es la pieza de pollo elegida. En esta receta se utilizan contramuslos deshuesados en lugar de pechuga.

El contramuslo contiene más grasa que otras partes del pollo, lo que ayuda a que conserve mejor la jugosidad durante la cocción. Además, soporta bien el dorado inicial y la posterior reducción de la salsa.

El objetivo es conseguir una carne bien dorada por fuera sin que quede seca en el interior. Para ello, conviene evitar cocinarla durante demasiado tiempo antes de incorporar los líquidos.

También es recomendable que las piezas tengan un tamaño similar. De esta forma, se cocinan de manera más uniforme y se evita que unas estén listas antes que otras.

El ajo requiere todavía más atención. Al cocinarlo en aceite libera su aroma, pero si alcanza una temperatura excesiva puede quemarse rápidamente y aportar un amargor desagradable.

Precisamente por eso, Berta y Nuria retiran los ajos una vez dorados y los incorporan de nuevo más adelante. El aceite queda aromatizado sin necesidad de mantenerlos continuamente al fuego.

La receta combina además ajos enteros y laminados. Los primeros se utilizan al comienzo junto con el laurel, mientras que los segundos se doran posteriormente en ese mismo aceite.

Otro ingrediente fundamental es el vino blanco, que se incorpora cuando el pollo ya ha adquirido color. Al reducirse junto al agua y los jugos de la carne, ayuda a formar la salsa característica del plato.

El chorrito de zumo de limón es opcional. Su acidez aporta un contrapunto al sabor intenso del ajo y del aceite, pero se puede prescindir de él si se busca un resultado más tradicional.

Cómo acompañarlo

Berta y Nuria proponen servir el pollo al ajillo sobre una base de patatas fritas, de manera que estas absorban parte de la salsa que queda en la sartén.

Es probablemente uno de los acompañamientos más clásicos, pero no el único. El arroz blanco también funciona bien porque recoge la salsa sin competir con el sabor de la elaboración principal.

Otra alternativa es acompañarlo con una ensalada sencilla o con verduras salteadas. Son opciones más ligeras que permiten mantener el protagonismo del pollo y del ajo.

Para quienes disfruten de los sabores más intensos, las cocineras sugieren incorporar una guindilla. Conviene añadirla durante el sofrito de los ajos para que el aceite absorba su picante.

También pueden utilizarse algunas hierbas aromáticas. El tomillo, el romero o un poco de perejil fresco al final de la preparación aportan matices diferentes sin transformar por completo la receta.

El aceite de oliva virgen extra juega igualmente un papel importante, ya que sirve de base para aromatizar los ajos, dorar el pollo y construir posteriormente la salsa.

Por eso, además de controlar el fuego, conviene utilizar un aceite de buena calidad y no desecharlo después de cocinar los ajos. Aprovechar ese mismo aceite durante toda la elaboración es una de las claves para concentrar el sabor.

El resultado es una receta tradicional, sencilla y con ingredientes fáciles de encontrar que se puede preparar tanto para una comida cotidiana como para compartir.

Y para quienes quieran llevarla un paso más allá, basta con acompañarla de unas buenas patatas y servirla recién hecha, cuando el pollo todavía está jugoso y la salsa conserva todo el aroma del ajo y el vino blanco.