Brigitte Macron y el presidente francés, en un acto oficial en 2026.

Brigitte Macron y el presidente francés, en un acto oficial en 2026. Gtres

Estilo de vida

El efecto Brigitte Macron llega a su hija: por qué aún choca que una mujer salga con un chico más joven (y no al revés)

El romance de Tiphaine Auzière, de 42 años, con un chico de 22 ha vuelto a poner sobre la palestra este sesgo.

Más información: Tiphaine, la hija de Brigitte Macron, de tal palo tal astilla: se enamora con 42 años de un joven de 22 llamado Antoine

Alba Díaz
Publicada

Cuando una mujer de 42 años sale con un hombre de 22, el lenguaje cambia. Aparecen palabras como joven, chico, veinteañero, crisis... Cuando ocurre al revés, tendemos a emplear otras: maduro, atractivo, experimentado, 'hombre que sabe lo que quiere'...

La frase "sigue los pasos de su madre" se le ha adjudicado a Tiphaine Auzière, de 42 años, abogada, política y la menor de los tres hijos del primer matrimonio de Brigitte Macron.

Ella ha confirmado en Instagram su relación con Antoine Lecomte, un estudiante de administración de empresas de 22 años al que conoció este verano en Le Touquet, donde él trabajaba como instructor de kitesurf. Ya se lo ha presentado a sus hijos y, además, cuenta con el apoyo de su madre.

Como su madre

El paralelismo es tentador y la prensa no lo ha dejado pasar. Macron y su esposa se llevan 25 años; Tiphaine y Antoine, 20. Ella conoce la historia mejor que nadie, porque era una niña cuando su madre empezó esta relación.

Para entender por qué esta comparación resulta tan inevitable, hay que volver al origen. Brigitte tenía 40 años y era profesora de teatro en el instituto La Providence de Amiens; Emmanuel, un alumno de 17. Se casaron en 2007, cuando él había cumplido 29 y ella tenía 54.

Desde que llegó al Elíseo en 2017, la diferencia de edad de la pareja presidencial se ha convertido en un tema recurrente. Tanto que se ha cuestionado el aspecto de Brigitte, se la ha señalado por su edad y ha tenido que defenderse judicialmente de rumores sobre su identidad de género.

En 2019, el entonces presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, llegó a burlarse públicamente de su físico. Ningún jefe de Estado con una esposa más joven ha tenido que soportar un escrutinio semejante.

Brigitte Macron y su hija, Tiphaine Auzière, en 2017.

Brigitte Macron y su hija, Tiphaine Auzière, en 2017. Getty

Otros casos

El contraste se entiende mejor si se compara con una pareja en la que el mayor es el hombre. Michael Douglas y Catherine Zeta-Jones también se llevan 25 años. Cuando empezaron a salir en 1998, pocos apostaban por la relación (la propia actriz recuerda que le decían que cuando ella tuviera 50, él tendría 75). Pero esa duda nunca se convirtió en sospecha sobre él.

Madonna lleva más de dos décadas encadenando parejas notablemente más jóvenes. Bailarines, modelos, músicos de veintitantos... Y cada nueva relación ha sido recibida con la misma mezcla de burla y escándalo, como si a partir de cierta edad el deseo femenino dejara de tener derecho a existir en público.

Sin embargo, Mick Jagger, pasados los 80 y con parejas que podrían ser sus hijas, ha protagonizado el titular contrario: el de la vitalidad envidiable. El mismo gesto, deseo por alguien más joven, se lee como patología en un caso y como estatus en el otro.

Catherine Zeta-Jones y Michael Douglas se llevan 25 años y son un matrimonio estable.

Catherine Zeta-Jones y Michael Douglas se llevan 25 años y son un matrimonio estable. Gtres

La lección de Sand

El patrón no es nuevo ni digital. En el siglo XIX, la escritora George Sand, seis años mayor que Frédéric Chopin, mantuvo con él una relación que escandalizó a la sociedad parisina de la época, no tanto por la diferencia de edad como por el hecho de que fuera ella quien llevara los pantalones, literalmente.

Ella se vestía de hombre y firmaba con seudónimo masculino para poder publicar. Antes, había estado con Jules Sandeau, ocho años menor. La prensa de su tiempo la llamó ‘'escandalosa' con la misma facilidad con la que hoy se cuestiona a una mujer de 40 con pareja de 20.

Priyanka, un matiz

Tampoco Priyanka Chopra, diez años mayor que Nick Jonas, se libró del examen público. La actriz ha reconocido que el escrutinio por la diferencia de edad, sumado a la mezcla de culturas y religiones, le resultó "muy doloroso" en los primeros años, algo que desmiente la idea de que un matrimonio feliz y consolidado esté exento del juicio.

La diferencia con Douglas y Zeta-Jones no es que a ella la trataran mejor: es que, otra vez, la duda recayó sobre si la relación aguantaría, no sobre la salud mental de él.

El cine, cómplice

La ficción ha reforzado durante décadas este desequilibrio. El arquetipo del hombre maduro con acompañante joven no necesita justificación narrativa: es James Bond, es el protagonista de cualquier película de Woody Allen, es el ejecutivo de series enteras de los 90.

El caso opuesto casi siempre ha requerido un giro de guion que lo explique: la comedia sobre la cougar con gafas de sol, el drama de la mujer madura en plena crisis. Solo en los últimos años, con series como And Just Like That, ha empezado a mostrarse a mujeres de 40 y 50 años con vidas sexuales activas sin convertir esa vida en el chiste del capítulo.

Redes, mismo guion

En redes sociales, el patrón se repite a escala doméstica. Cuando una creadora de contenido de 40 años publica una foto con una pareja más joven, los comentarios oscilan entre la burla y la advertencia moral.

Si ocurre al revés, el algoritmo lo trata como contenido aspiracional. Basta comparar las respuestas bajo publicaciones equivalentes de Shakira, cuyas citas tras su separación de Piqué generaron oleadas de memes, con las de cualquier hombre de su edad haciendo lo mismo sin que nadie levante una ceja.

Edadismo con apellido

Lo que la prensa despacha como anécdota tiene nombre en la literatura académica: age-hypogamous relationships o female-older relationships.

Un experimento publicado en el campo de la psicología social y recogido en ScienceDirect (es una de las principales fuentes mundiales de investigación científica, técnica y médica) analizó específicamente cómo se juzgan las parejas con gran diferencia de edad y encontró que la condena social no depende solo de los años que separan a los dos miembros, sino de quién los acumula.

Cuando el hombre es el más joven, ese romance se percibe como menos aceptable, menos atractivo y con menos probabilidades de éxito que una pareja equivalente con los papeles invertidos.

Es la confirmación empírica de algo que el caso Auzière-Macron ilustra sin necesidad de estadísticas: la misma resta de edades produce lecturas sociales opuestas según el sexo de quien tiene más años.

El precio de romper la regla

La socióloga Carol Warren, que entrevistó en profundidad a parejas de mujer mayor y hombre más joven (casadas, convivientes y ya separadas) documentó que ambos miembros llegaban a la relación conscientes del estigma, pero no de forma simétrica.

Ellas cargaban con la ansiedad de que se las leyera como la madre de su pareja y con una vigilancia constante sobre su propio cuerpo y su aspecto, mientras que a ellos les pesaba más sentirse de una generación distinta.

Ese hallazgo conecta directamente con el edadismo de género del que habla la investigación feminista: el reloj social presiona de forma desigual, y una mujer de 40 o 50 años que decide con quién compartir su vida sigue teniendo que justificar esa decisión de un modo que a un hombre en su misma posición no se le exige.

No es casualidad que el propio estudio de Warren señale que ese miedo a la reacción ajena puede atenuarse con el tiempo, pero rara vez desaparece del todo.

La pareja presidencial gala llevan casi dos décadas casados.

La pareja presidencial gala llevan casi dos décadas casados. Gtres

Quién persigue a quién

El propio estereotipo de la cougar que caza deliberadamente a hombres jóvenes tampoco resiste el contraste con la evidencia. La socióloga Milaine Alarie (quien tiene decenas de investigaciones al respecto) entrevistó a 55 mujeres de entre 30 y 60 años con parejas menores para su estudio They're the ones chasing the cougar (2019) y encontró justo lo contrario de lo que asume el imaginario popular.

Es decir, muy pocas se describían a sí mismas como quien había iniciado o perseguido la relación, con frecuencia era el hombre joven quien había dado el primer paso.

El mito de la depredadora resulta, otra vez, una proyección más cómoda que la realidad que cuentan quienes viven estas relaciones.

Lo que queda claro

Tiphaine Auzière no ha hecho nada que no hiciera su madre hace 30 años, ni nada que no haga cualquier hombre con 20 años más que su pareja sin que se le pregunte por ello.

Pero la comparación con Brigitte ya está escrita en todos los titulares, y esa insistencia dice más sobre nosotros que sobre ella. De Sand a Paulson, de Madonna a Shakira, el patrón se repite. Lo que se juzga no es la diferencia de edad, sino quién tiene permiso para desear sin dar explicaciones.

Y esa licencia, durante siglos, ha sido casi exclusiva de los hombres. La ciencia lleva años documentándolo con nombre y cifras (Warren, Alarie, el experimento sobre percepción social de estas parejas), y todos apuntan al mismo sitio: no hay un motivo objetivo para que la misma resta de edades produzca titulares distintos según quién los acumula.

El día en que a Tiphaine Auzière solo se la mencione por su trabajo como abogada y no por la edad de su pareja, sabremos que ese patrón, por fin, ha empezado a romperse.