Amaia Montero, en el escenario de los Premios Juventud.

Amaia Montero, en el escenario de los Premios Juventud. Cedida.

Estilo de vida

Amaia Montero vuelve con sus 'Rosas' y Antonio Banderas pone a Ceuta en el centro: así vivimos los Premios Juventud 2026

La primera edición europea de los premios reunió en Starlite Marbella a grandes nombres de la música latina y española.

Más información: Alicia García (Starlite): "A veces se piensa que los artistas son raros, pero nosotros vemos lo duro de su profesión"

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Hay noches que, antes de vivirlas, sabes que vas a recordar para siempre. La gala de los Premios Juventud 2026 fue exactamente eso para todo aquel que la vivió —tanto desde dentro como desde fuera— ayer, jueves 3 de septiembre.

Por primera vez en sus 23 años de historia, la gran fiesta de la música latina cruzaba el Atlántico para celebrarse fuera de América. Y el escenario elegido no podía ser otro que el auditorio de Starlite Marbella, justo en el año en que el espacio celebra su 15º aniversario.

La alfombra roja comenzó poco después de las cinco de la tarde. Y mientras los primeros artistas empezaban a desfilar por la Cantera de Nagüeles, nosotros cruzábamos también la puerta de una gala que, hasta entonces, solo habíamos visto desde el otro lado de la pantalla.

Una alfombra roja que ya anticipaba que la noche iba a ser diferente

Mientras el sol caía, la Cantera de Nagüeles comenzaba a transformarse. El lugar donde durante el verano se suceden algunos de los conciertos más importantes del país se preparaba para recibir, por primera vez, una de las grandes fiestas de la música latina.

Por la alfombra roja desfilaron nombres llegados de distintos puntos del mundo. Alleh, Yandel, Elena Rose, Carlos Baute o Camilo compartieron espacio con rostros españoles como Antonio Banderas, Marta Sánchez, Ana Mena, Jesús Vázquez, Javi de Hoyos —esta vez dejando el micrófono al otro lado— o La Oreja de Van Gogh.

Y precisamente dentro de este grupo se encontraba un nombre que inevitablemente concentraba todas las miradas: Amaia Montero.

Su regreso a La Oreja de Van Gogh había convertido cada aparición pública de la banda en un acontecimiento y esta tenía algo todavía más especial, ya que era su primera gran gala televisada de premios desde que la cantante volvió a ocupar el puesto de vocalista del grupo.

"Estamos de maravilla, creo que se nos ve", decía Amaia durante el breve encuentro con la prensa. Y sí, se les veía. Había complicidad, ilusión y una sensación de estar viviendo algo que llevaba demasiado tiempo esperando para ocurrir.

Ellos estaban de maravilla, pero nosotros íbamos a estar mucho mejor unas horas después, ya que tendríamos la oportunidad de escuchar Rosas en directo. En mi caso, además, por primera vez en la voz de quien la convirtió en una de las canciones más reconocibles del pop español.

Pero mientras los rostros más conocidos del mundo pasaban y paraban, Starlite y Premios Juventud continuaban trabajando como un mismo equipo para hacer posible una gala inédita, ubicada en uno de los espacios más especiales en los que he estado jamás.

Una gala bajo las estrellas

Starlite tiene esa capacidad de convertir un espacio natural en un escenario que parece pensado específicamente para una noche como esta. Y quizá por eso la elección tenía tanto sentido desde el principio.

Durante quince años, por sus escenarios han pasado artistas internacionales de la talla de Elton John, Maroon 5, Julio Iglesias, Andrea Bocelli, Sting, Alejandro Sanz, Rosalía o Luis Miguel. Ahora le tocaba el turno a los Premios Juventud.

Lo que ocurría dentro era, en realidad, la continuación de lo que había empezado fuera.

En este caso, la gala reunió a más de 250 artistas, creadores y personalidades y contó con alrededor de 25 actuaciones musicales, en una noche retransmitida internacionalmente y distribuida en más de 150 países.

Una diversidad que no solo se reflejaba sobre el escenario, sino también entre quienes estábamos al otro lado. Porque si algo tienen estos premios es la capacidad de reunir en un mismo lugar a públicos muy diferentes, unidos por algo tan sencillo como una canción.

Y es que, en mi caso, una de las cosas que más me sorprendió es cómo las generaciones dejan de importar. Hay algo especialmente bonito en mirar alrededor y comprobar que todos están vibrando al ritmo de la misma canción, incluso cuando hay muchos años de diferencia entre ellas.

El público más joven reconoce a los artistas que dominan ahora las listas y, al mismo tiempo, los nombres que llevan décadas formando parte de la música en español consiguen exactamente la misma respuesta.

Los más veteranos, en cambio, se acercan —muchos por primera vez— a ese grupo que escuchan sus hijos, y recuerdan aquellos que tan felices les hacían.

Es, justamente, una de las cosas que definen a Starlite: un lugar en el que puedes ver a un chico acercarse a pedirle una foto a La Pantera mientras, a pocos metros, su madre está pendiente de cómo conseguir una entrada para Manuel Carrasco.

La verdad es que no hay mejor ejemplo para ilustrarlo que Marc Anthony. Cuando comenzó a sonar Vivir Mi Vida, la reacción fue inmediata. Da igual la edad. El público se levantó, cantó y bailó al mismo ritmo. Todos, bajo las mismas estrellas.

La noche avanzó entre actuaciones y grandes momentos. Quevedo compartió escenario con Elvis Crespo para cantar La Graciosa, que volvió a brillar como ya había hecho durante todo el verano. Después, junto a Las Kuatro (antes Nueva Línea), interpretó Al Golpito y nos hizo sentir, por unos minutos, que habíamos aterrizado en Canarias.

Quevedo, en la gala de los Premios Juventud.

Quevedo, en la gala de los Premios Juventud. Cedida.

También hubo espacio para los debuts y los estrenos. Camilo presentó en exclusiva Árbol, un adelanto de su próximo álbum, mientras Manuel Carrasco se estrenó en Premios Juventud con un medley de Buchito y Oh Si Pudiera.

Santos Bravos, la primera boy band latina de HYBE Latin America, debutó también en la gala. Además, la apertura corrió a cargo de Farruko, Juan Magán y DJ Rous, que presentaron Marbella Nights, el himno oficial de esta edición.

El tiempo pasó volando —y te lo dice alguien que estuvo toda la alfombra roja de pie, con un vestido largo que acabó enganchado hasta en un guardia de seguridad— y cuando quise darme cuenta, sonaron los primeros acordes de Rosas. El público sabía perfectamente lo que estaba a punto de ocurrir.

Amaia comenzó a cantar y, durante unos minutos, la gala dejó de ser una gala. El escenario se convirtió en un lugar de reencuentro y el público, prácticamente, en un coro.

Treinta años después del nacimiento de la banda, escuchábamos la canción en la voz que la convirtió en parte de la memoria de varias generaciones.

Los reconocimientos y galardones

Más allá de la música, los Premios Juventud también quisieron poner el foco en quienes utilizan su influencia para generar un impacto positivo.

La gala reservó uno de sus reconocimientos más especiales para cuatro figuras que, desde ámbitos y trayectorias muy diferentes, han hecho de su voz una herramienta de cambio: el premio Agente de Cambio.

Este reconocimiento reunió sobre el escenario a Antonio Banderas, Marc Anthony, Yandel y La Oreja de Van Gogh, cuatro nombres de trayectorias muy diferentes unidos por su compromiso social y por la influencia que ejercen sobre distintas generaciones.

En todos los casos, el premio buscaba reconocer algo que va más allá de su trabajo sobre los escenarios: la capacidad de utilizar la popularidad y la plataforma que les da su profesión para apoyar causas y proyectos que buscan generar un cambio.

Y quizá por eso, al recoger el galardón, Amaia Montero quiso quitarse parte del protagonismo. "El mérito es para quien está detrás de todas las asociaciones con las que trabajamos", explicó al recoger el galardón.

En el caso de Marc Anthony, ese compromiso tiene uno de sus principales ejemplos en Maestro Cares Foundation, organización que cofundó en 2012 junto a Henry Cárdenas y que trabaja para mejorar la calidad de vida de niños y comunidades desfavorecidas de Latinoamérica y Estados Unidos mediante proyectos relacionados con vivienda, educación, salud y desarrollo comunitario.

Antonio Banderas, por su parte, recogió el premio en una noche especialmente significativa para él: en su tierra y en un escenario muy vinculado a su trayectoria solidaria. El actor está detrás de la Fundación Lágrimas y Favores, creada en Málaga en 2010 para impulsar proyectos benéficos, educativos y sociales.

Sin embargo, su discurso no se quedó en la labor que le había llevado hasta allí. Banderas quiso hablar de libertad, de la necesidad de informarse y, especialmente, de Ceuta.

"Le quiero dedicar este reconocimiento a los ciudadanos de Ceuta, tierra multicultural, tierra multirreligiosa, para que les permitan volver a su esencia, la esencia de una ciudad en paz", finalizó el Chico Almodóvar, acompañado de los vítores del público.

Un premio inesperado para la mujer que hizo posible el escenario

La historia de los Agentes de Cambio tuvo también un reconocimiento inesperado. Sandra García-Sanjuán, cofundadora y presidenta ejecutiva de Starlite Music Group, también recibió por sorpresa este mismo reconocimiento de manos de Borja Voces.

"Estoy emocionada porque es un premio que para mí es importantísimo, porque realmente mi misión y el legado que quiero dejar se trata de eso, de transformar", confesó.

No era un premio cualquiera ni un lugar cualquiera para recibirlo. García-Sanjuán está detrás de un proyecto que nació hace quince años en Marbella y que ha crecido hasta convertirse en un ecosistema que une música, cultura, entretenimiento, producción audiovisual, hospitalidad y filantropía.

Por eso, mientras anoche se celebraba la llegada de Premios Juventud a Europa, también se estaba celebrando, de alguna manera, la propia historia de Starlite.

España también tuvo su noche

Y más allá del cambio, los Premios Juventud quisieron reconocer también a quienes ponen banda sonora a nuestra vida cotidiana: a los artistas cuyas canciones escuchamos en un viaje en tren, de camino a casa o en esos momentos que, con el tiempo, terminan asociados para siempre a una canción.

Por eso, el palmarés reunió a algunos de los nombres más importantes de la música latina. Shakira, Bad Bunny, Karol G, Romeo Santos, Alejandro Fernández y Prince Royce estuvieron entre los grandes triunfadores de esta edición.

Shakira sumó tres galardones: Artista Premios Juventud Femenina, Colaboración OMG por Dai Dai, junto a Burna Boy, y Mejor Canción Pop por Bésame, junto a Alejandro Sanz.

Bad Bunny recibió los premios a Artista Premios Juventud Masculino y Mejor Tour por Debí tirar más fotos World Tour, mientras Karol G fue reconocida con Álbum del Año por Tropicoqueta. Romeo Santos y Prince Royce también consiguieron tres reconocimientos por sus trabajos conjuntos.

Y España, en una edición celebrada por primera vez en nuestro país, también tuvo su noche. Aitana fue una de las grandes protagonistas con tres premios: Mejor Euro-Song por Superestrella, Mejor Álbum Pop por Cuarto Azul y Couple Goals, junto a Plex.

Quevedo, Alejandro Sanz y Lola Índigo completaron la presencia española entre los artistas premiados. Y cuando las luces del escenario comenzaron a apagarse, todavía quedaba una última parte de la noche por vivir.

Mau y Ricky, en el afterparty oficial.

Mau y Ricky, en el afterparty oficial. Cedida.

Después de la ceremonia, la celebración continuó en el lounge de Starlite, donde Mau y Ricky protagonizaron el afterparty oficial y prolongaron la noche hasta la madrugada.

Porque quizá esa sea la mejor manera de entender lo que ocurrió ayer en Marbella: los Premios Juventud no fueron únicamente una entrega de premios. Fueron una sucesión de encuentros.

El encuentro de Amaia con el público. El de dos generaciones de artistas en un mismo escenario. El de España con Latinoamérica. El de una gala nacida en América con un festival que lleva quince años construyendo su propio lugar en Marbella.

Y también el de una periodista que entró por un túnel sin saber exactamente qué iba a encontrarse y terminó viendo cantar Rosas a Amaia Montero, escuchando a Marc Anthony hacer bailar a varias generaciones y asistiendo a un discurso de Antonio Banderas dedicado a una ciudad que, durante unos minutos, estuvo presente en el corazón de todos los que estábamos allí.

Todo el resto es historia.