Isla volcánica de Los Lobos.

Isla volcánica de Los Lobos. iStock

Estilo de vida

La isla española con acceso limitado donde se come la mejor paella de marisco: playas vírgenes, aguas turquesas y un Parque Natural

Paisajes volcánicos, calas de aguas cristalinas y naturaleza prácticamente intacta hacen de esta isla uno de los rincones más especiales de España.

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Aguas de color turquesa, caminos entre paisajes volcánicos, playas casi intactas y un acceso controlado para preservar el entorno hacen de este rincón atlántico uno de los destinos más singulares de España.

Al llegar, cualquier buena amante de los viajes se encuentra con un lugar donde todo parece avanzar a otro ritmo. Naturaleza en estado puro, tranquilidad y la posibilidad de probar algunos de los mejores pescados frescos y el mejor arroz con marisco frente al océano completan la experiencia.

Hablamos de la isla de Lobos, un pequeño islote situado entre Fuerteventura y Lanzarote que pertenece a un espacio natural protegido. Sus menos de cinco kilómetros cuadrados esconden playas claras, aguas transparentes y una enorme riqueza natural.

Isla de Lobos.

Isla de Lobos. iStock

Este pequeño territorio está protegido como Parque Natural desde 1982, una figura creada para preservar uno de los ecosistemas más valiosos de Canarias. Por ello, el acceso diario de visitantes está limitado y es necesario obtener una autorización antes de desembarcar.

Además, el tiempo de permanencia suele reducirse a unas horas y las entradas se supervisan para disminuir la presión sobre el entorno. Gracias a estas medidas se han preservado sus paisajes volcánicos, humedales y hábitats utilizados por numerosas aves marinas.

Faro de la isla de Lobos.

Faro de la isla de Lobos. iStock

Uno de los primeros rincones que sorprende es el Puertito, una pequeña ensenada de agua cristalina que regala una de las estampas más reconocibles de la isla. Sus antiguas casas de pescadores, la arena clara y el azul turquesa crean un paisaje difícil de olvidar.

A poca distancia aparece la Playa de la Concha, considerada uno de los rincones imprescindibles de Lobos. Sus aguas tranquilas y de poca profundidad resultan perfectas para bañarse o practicar snorkel mientras se contempla la costa norte de Fuerteventura.

Subir a un volcán para contemplar toda la isla

Dominando el paisaje aparece la Montaña La Caldera, un antiguo cono volcánico de 127 metros de altura que dibuja una de las siluetas más características de la isla.

El ascenso tiene cierta exigencia por la pendiente y la falta de sombra, pero las vistas compensan el esfuerzo. Desde arriba se contemplan el Atlántico, prácticamente toda la isla y las conocidas dunas de Corralejo, además de apreciar con claridad el carácter volcánico de este territorio

Vista aérea del volcán La Caldera, isla de Lobos.

Vista aérea del volcán La Caldera, isla de Lobos. iStock

Otro espacio especialmente interesante es Las Lagunitas, un conjunto de pequeñas charcas salinas que sirve de refugio para aves migratorias y para diferentes especies vegetales propias de este entorno.

Lobos posee también una enorme importancia ecológica para las aves marinas. Siglos atrás sus costas estuvieron habitadas por focas monje, conocidas entonces como lobos marinos y responsables del nombre actual del islote. Volcanes, humedales y costa forman aquí un ecosistema excepcional.

El faro y el último habitante de la isla

En la parte más septentrional se levanta el Faro de Punta Martiño, que orienta a las embarcaciones desde mediados del siglo XIX. Durante años fue también el hogar de Antoñito el Farero, recordado como el último residente permanente de Lobos.

Caminar hasta este extremo de la isla permite contemplar algunas de sus panorámicas más especiales y, al mismo tiempo, acercarse a una de las historias más particulares que conserva este pequeño territorio canario.

El mejor pescado en un entorno privilegiado

Aunque prácticamente toda la isla permanece libre de construcciones, junto al Puertito existe un pequeño restaurante que se ha convertido en una de las paradas habituales para quienes llegan hasta Lobos.

Los pescados frescos y algunas elaboraciones típicas de la cocina canaria protagonizan su propuesta. Sin embargo, la paella de marisco es uno de los platos estrella y el más solicitado por los clientes.

Comer junto al mar, sin grandes complejos turísticos alrededor y frente a un paisaje protegido, es otra forma de disfrutar de la tranquilidad que caracteriza al islote.

Una ruta para descubrir todos sus rincones

Recorrer Lobos caminando es una de las mejores opciones para conocerla. Un itinerario circular de aproximadamente 13 kilómetros que conecta buena parte de sus lugares más interesantes, pasando por playas, paisajes volcánicos, humedales y el faro.

Antes de comenzar conviene tener en cuenta que los servicios son muy escasos y que buena parte del camino carece de sombra. Llevar suficiente agua, protección frente al sol y un calzado adecuado resulta especialmente importante.

Y es precisamente esa escasa presencia de construcciones la que conserva buena parte de su encanto. Lobos mantiene una imagen cada vez menos habitual en las costas españolas: kilómetros de paisaje donde el mar, la roca volcánica y la naturaleza siguen ocupando prácticamente todo el horizonte.