Cristina, dueña de Fresanto, en una captura del vídeo de Adrián G. Martín.

Cristina, dueña de Fresanto, en una captura del vídeo de Adrián G. Martín. YouTube.

Estilo de vida

Cristina, dueña de un food truck, sobre su negocio: "En tres días podemos ganar hasta 8.000 euros vendiendo fresas"

Su negocio basa la rentabilidad en un producto de alta demanda y unos márgenes que pueden alcanzar el 50 %.

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Los food trucks llevan siendo una de las principales demandas de ferias, festivales y grandes eventos desde su llegada masiva en 2013. Estos espacios buscaban ofrecer comida rápida, que llene y sea fácil de comer de pie, en su mayoría con cartas breves y directas.

Con el paso de los años, el modelo ha evolucionado y también lo han hecho las propuestas. Ya no todo gira en torno a hamburguesas, pizzas o perritos calientes: algunos negocios han encontrado su hueco especializándose en un único producto y convirtiéndolo en su principal reclamo.

Es el caso de Cristina y Joan, propietarios de Fresanto, un food truck especializado en fresas con chocolate. La pareja realizó una inversión inicial de unos 80.000 euros para poner en marcha el negocio, una cantidad que esperan recuperar en un plazo de dos años gracias a la rentabilidad de sus ventas.

Una propuesta diferencial

El olor a chocolate y el color rojo intenso de las fresas son el sello de identidad de Fresanto, un food truck que no pasa desapercibido en ferias y festivales. Detrás de esta marca se encuentra Cristina, una ex–community manager que decidió cambiar las redes sociales por la carretera, los eventos y la fruta fresca.

La idea de Fresanto surgió cuando Cristina y Joan descubrieron que la oferta gastronómica de los food trucks se centraba casi exclusivamente en lo salado: hamburguesas, pizzas, perritos calientes. Una carencia de la que nació una oportunidad, ofrecer un postre famoso y rentable.

"La fresa es una fruta que gusta a todo el mundo. Además, tiene algo elegante, casi exótico, y combina de maravilla con el chocolate", explica Cristina. Desde el principio, buscaron diferenciarse, lo que implicó una mayor inversión.

Una apuesta que marcó también la estética del negocio. Fresanto no es un food truck al uso, sino un remolque que se reconoce desde lejos por su enorme fresa cubierta de chocolate derretido.

Todo está pensado para atraer la mirada y despertar el antojo. Incluso la barra de atención fue rediseñada: Cristina y Joan hicieron un agujero en el suelo del remolque para poder atender desde una altura más baja y permitir que el cliente vea el proceso completo de preparación, desde el corte hasta el baño de chocolate.

Sin embargo, todo esto ha tenido un precio y, según cuentan, los costes iniciales pueden superar fácilmente los 50.000 euros, aunque Fresanto fue un ejemplo de apuesta decidida: su inversión total rondó los 80.000 euros.

Fresanta, el negocio de Cristina y Joan.

El remolque, el diseño personalizado, la homologación y, sobre todo, la implementación de un sistema de pago automatizado dispararon el presupuesto. Este sistema, que permite al cliente hacer su pedido y pagar con tarjeta o efectivo a través de una pantalla táctil, elimina la necesidad de contratar a una persona para cobrar.

A pesar de la inversión inicial, Fresanto ya está generando beneficios gracias a la alta rentabilidad del producto. La empresa confía en recuperar el capital invertido en un plazo de dos años, ya que un vaso de fresas, que se comercializa a 8 euros, ofrece una rentabilidad aproximada del 50 %.

No obstante, el margen puede variar: tanto el precio del chocolate, que es más caro que el de la propia fruta, y el de la fresa, que fluctúa según la temporada, son factores que escapan del control del emprendedor.

Además, la rentabilidad del producto se dispara cuando trabajan en eventos, como festivales, donde Cristina y Joan pueden facturar hasta 8.000 euros en tres días.

Estas cifras son excepcionales, pero, según cuenta Cristina, la media más realista ronda entre 1.000 y 2.000 euros diarios. Como autoempleo para dos personas, el modelo es sólido: puede generar sueldos netos de entre 2.000 y 3.000 euros mensuales, siempre que la temporada sea buena y los eventos acompañen.

"El mínimo para ser rentables es vender 50 unidades al día", explica la dueña de Fresanto. Aun así, es un negocio que exige mucho trabajo y, tal y como cuenta Cristina, ella y su pareja trabajan prácticamente todos los fines de semana del año.

A pesar del éxito en el remolque, Cristina no ve Fresanto solo como un autoempleo. Su objetivo es convertir el food truck en una herramienta de marca, un escaparate móvil que dé visibilidad a la empresa y permita abrir nuevos canales de venta.

"Nos gustaría tener un local fijo o un corner en un centro comercial. Allí podríamos trabajar los treinta días del mes, no solo los fines de semana, y eso nos daría una facturación mucho más estable", explica.