Lorena, en una captura del vídeo de Eric Ponce.
Lorena, dueña de una cafetería en España: "En un año hemos hecho 138.000 € y me queda en el banco un 8-9 %"
Según los empresarios, facturar mucho no significa ganar mucho dinero, ya que una parte muy importante de los ingresos se destina a cubrir costes.
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Durante décadas, tener un bar, una cafetería o un pequeño restaurante ha sido una de las formas más habituales de sacar adelante a una familia en España. Muchos de estos negocios han pasado de padres a hijos y, además de convertirse en una fuente de ingresos, han acabado siendo lugares de encuentro donde vecinos, amigos y generaciones enteras comparten buena parte de su vida cotidiana.
Con el paso de los años, el emprendimiento ha ido ganando peso y abrir un negocio propio ha dejado de ser una opción reservada para unos pocos. Cada vez son más quienes deciden apostar por un proyecto personal convencidos de que, con esfuerzo y una buena idea, puede convertirse en una forma de construir su futuro.
De hecho, los pequeños negocios de hostelería generan cerca del 4,8 % del PIB español y desempeñan un papel fundamental en la economía, la cohesión social y la supervivencia de muchos municipios.
Sin embargo, detrás de cada cafetería llena de clientes hay una realidad mucho menos visible. Las largas jornadas, la inversión inicial, los costes fijos y la presión por mantener la rentabilidad hacen que muchos propietarios apenas puedan disfrutar de los frutos de su trabajo.
Precisamente de esa cara menos conocida ha hablado Lorena, propietaria de Bristol Coffee, en una entrevista para el canal de Eric Ponce, donde ha explicado cuánto factura su negocio, cuánto dinero le queda realmente y todo lo que supone levantar una cafetería desde cero.
Abrir una cafetería es mucho más que servir café
A las siete de la mañana, cuando la mayoría de vecinos de Viladecans todavía no ha empezado su jornada, Lorena ya está trabajando dentro de Bristol Coffee.
Antes incluso de abrir las puertas al público, pesa el café, prepara la maquinaria, hornea la bollería y organiza la repostería que venderá durante el día. Es una rutina que repite seis días a la semana desde que inauguró hace alrededor de un año y medio la primera cafetería de especialidad del municipio catalán.
Su historia comenzó varios años antes, durante una etapa viviendo en la ciudad inglesa de Bristol, donde descubrió el café de especialidad y un concepto de cafetería muy diferente al que conocía hasta entonces.
No solo le llamó la atención la calidad del producto, sino también el ambiente acogedor de aquellos establecimientos, donde el café era el centro de una experiencia mucho más cuidada.
Cuando regresó a Barcelona decidió formarse como barista y trabajar en distintos locales para adquirir experiencia antes de dar el paso definitivo. Su objetivo era abrir una cafetería de ese estilo en Viladecans, una localidad donde todavía no existía una propuesta similar.
Como ocurre con la mayoría de los negocios de hostelería, el principal obstáculo llegó antes incluso de levantar la persiana y la inversión inicial alcanzó aproximadamente los 105.000 euros.
Para reducir costes y evitar los largos trámites administrativos que supone empezar desde un local vacío, optó por hacerse con un traspaso. Sin embargo, pronto descubrió que la licencia existente correspondía a una panadería y no a una cafetería, lo que limitaba aspectos tan importantes como el número de mesas disponibles para atender a los clientes.
Después de asumir nuevos trámites y gastos consiguió modificar la licencia, aunque esa no fue la única inversión importante, sino que fue la maquinaria especializada la que absorbió buena parte del presupuesto.
Una cafetera profesional para café de especialidad, molinillos de precisión, hornos y amasadoras fueron imprescindibles para poner en marcha un proyecto que pretendía diferenciarse por la calidad del producto.
Esa inversión continúa incluso después de la apertura. A medida que el negocio ha ido creciendo, Lorena ha sustituido algunos equipos por otros de mayor capacidad para responder a una demanda cada vez mayor.
La facturación de Lorena
La facturación mensual de Bristol Coffee se sitúa habitualmente entre los 11.500 y los 12.000 euros. Sin embargo, esa cifra está muy lejos de convertirse en beneficio.
Solo los gastos fijos, entre alquiler, salarios y cotizaciones sociales, rondan entre los 7.000 y los 7.500 euros cada mes.
A ello se suman todos los costes variables que implica mantener abierta una cafetería. El café supone alrededor de 1.500 euros mensuales, la leche fresca de granja unos 300 euros y después llegan refrescos, bubble tea, ingredientes para elaborar la repostería, envases y otros suministros necesarios para el funcionamiento diario.
En conjunto, los gastos pueden situarse fácilmente entre los 9.000 y los 10.000 euros cada mes.
Eso obliga a alcanzar un volumen mínimo de ventas todos los días. Según explica la propia empresaria, el negocio necesita ingresar unos 470 euros diarios para cubrir todos los costes: cualquier jornada que quede por debajo de esa cifra complica la rentabilidad del establecimiento.
Aun así, los resultados obtenidos desde la apertura le han permitido amortizar completamente el préstamo bancario que solicitó para iniciar el proyecto.
Todavía le queda recuperar el dinero que aportó de sus propios ahorros, aunque calcula que, si mantiene el ritmo actual, podrá haber recuperado toda la inversión en aproximadamente tres años.
La parte que más ha sorprendido de su testimonio ha sido la referente al beneficio real. Aunque durante el último año la cafetería facturó alrededor de 138.000 euros, el margen neto que finalmente permanece en la cuenta bancaria apenas representa entre un 8 % y un 9 % de esa cantidad una vez descontados todos los gastos.
Esta diferencia ilustra una realidad frecuente entre los pequeños negocios de hostelería. Facturar mucho no significa necesariamente ganar mucho dinero, ya que una parte muy importante de los ingresos se destina a cubrir costes operativos, salarios, materias primas, impuestos y amortización de inversiones.
También desmonta otra idea muy extendida: el café no es el producto más rentable del negocio. Cada servicio tiene un coste aproximado de 55 céntimos y se vende por 1,80 euros, un margen bastante más ajustado de lo que muchos consumidores imaginan.
Donde realmente encuentra una mayor rentabilidad es en la repostería elaborada por ella misma. Las galletas caseras dejan alrededor de un 40 % de beneficio y los cruasanes comerciales alcanzan aproximadamente un 55 %.
Además, las galletas se han convertido en uno de los productos estrella de la cafetería, especialmente durante el invierno, cuando puede vender hasta 70 unidades al día, frente a las entre 10 y 20 que suele despachar durante los meses de verano.
Precisamente elaborar esa repostería dentro del propio establecimiento fue una de las decisiones más importantes para garantizar la viabilidad económica del proyecto.
Un antiguo jefe, propietario de un obrador, le advirtió de que comprar la repostería ya elaborada apenas le dejaría margen de beneficio. Por ese motivo decidió fabricar ella misma las masas, primero con una pequeña amasadora y, conforme aumentaban las ventas, con equipos de mayor capacidad.
Cada jornada prepara masas, congela rellenos y hornea productos que ya se han convertido en una seña de identidad del local, como las galletas rellenas de Nutella, Oreo o pistacho, además de tartas de queso y cinnamon rolls que solo elabora los viernes y sábados y que suelen agotarse rápidamente.
En ese crecimiento también han desempeñado un papel importante las redes sociales. Lorena reconoce que apenas dispone de tiempo para dedicarles la atención que le gustaría, aunque asegura que cada publicación acaba traduciéndose en clientes que acuden expresamente a probar el producto que han visto en Instagram o TikTok.
De hecho, el día de la inauguración una exempleada compartió un vídeo en TikTok que se hizo viral y provocó una larga cola de clientes que llegaba hasta la esquina del establecimiento.
Desde entonces, nuevos lanzamientos como los cinnamon rolls, las galletas o las bebidas de temporada consiguen atraer visitantes cada vez que aparecen en sus perfiles.