Una escena de la serie 'Emily in Paris', en la que Emily y Mandy disfrutan de una cita de amigas,

Una escena de la serie 'Emily in Paris', en la que Emily y Mandy disfrutan de una cita de amigas, @alexandralapp

Estilo de vida

¿Es el tiempo el nuevo bolso de lujo? Por qué ahora preferimos disfrutar de un martes libre a poseer objetos de deseo

El 35% de las madres en España sufre 'pobreza de tiempo'. Por eso, tener el control de la propia rutina cotiza al alza.¿Es el tiempo el nuevo Birkin? Por qué el nuevo lujo consiste en disfrutar de un martes libre y no en poseer logotipos

Más información: Los siete bolsos de Hermès y Dior que han batido récords en la última subasta de Christie's en París

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Ya lo decía y analizaba la activista digital y redactora creativa Laura Camps de Agorreta en su libro publicado el año pasado, titulado precisamente No nos da la vida (Ed. Bruguera).

La autora aborda en este ensayo la relación entre trabajo y tiempo disponible, y cómo hemos llegado a la situación actual.

Hoy día, rara es la persona que no se queja, y con razón, de la falta de tiempo para hacer otra cosa que no sea trabajar, en cualquiera de sus modalidades.

Y cada vez se ve más, en las redes sociales habitan seres afortunados que disfrutan –o eso aseguran– del llamado 'nuevo lujo': poder estar un martes en la playa en vez de reunido en la oficina. Por ejemplo.

Porque la nueva riqueza personal se cuenta en minutos, horas y días, y no en euros. Disponer de horas y tener su control absoluto es de 'nuevo rico'.

La falta de tiempo libre es común en la sociedad y afecta más a las mujeres.

La falta de tiempo libre es común en la sociedad y afecta más a las mujeres. iStock

Según datos recientes de Time Use Initiative for a Healthy Society, la organización internacional con sede en Barcelona dedicada a promover el 'derecho al tiempo', el 21 % de la población general en España sufre 'pobreza' del mismo. La cifra aumenta en las mujeres con hijos, alcanzando al 35% y casi duplicando la tasa de los hombres en su misma situación.

La última Encuesta de Población Activa (EPA) del Instituto Nacional de Estadística (INE), correspondiente al primer trimestre del año, indica que el teletrabajo habitual u ocasional en España tras la pandemia se ha estancado en torno al 15,6 % de los ocupados, lejos de la media de vecinos europeos como Alemania o los países nórdicos, donde supera el 30 %.

Según datos también de la EPA, en el primer trimestre del 2026 se hicieron 5,89 millones de horas extra a la semana. Salir de la oficina a tu hora y tener tiempo para leer, pasear o aburrirte ya no es ocio; cada vez más supone un indicador de riqueza social.

A nivel global, y en línea con lo anterior, el informe Voice of the Consumer: Lifestyles Survey de la consultora de mercado Euromonitor International, informa de que el 75% de los consumidores mundiales afirma que las experiencias en el mundo real son muy importantes, y dos tercios (66%) prefieren gastar su dinero en ellas antes que en bienes físicos.

Mientras, el mercado de la moda premium se estanca o incluso cae por la incertidumbre económica mundial, y el lujo experiencial (viajes de autor, retiros wellness, alta gastronomía y hospitality) lo supera. Son las conclusiones del trabajo entre la consultora Bain & Company, la Fondazione Altagamm y el Global Luxury Study.

Símbolo de status

Durante años, el lujo se ha asociado a lo material: casas, coches, bolsos, relojes, joyas... Ahora, asistimos a un cambio de paradigma: es poder decidir sobre tu tiempo. La percepción de control sobre lo que hacemos, cuándo, dónde y con quién, es la clave.

“Tener tiempo significa tener capacidad de elección. Poder parar y priorizar. No vivir permanentemente reaccionando a urgencias o apagando fuegos. Y eso, por desgracia, hoy no es tan común”, afirma Patricia Benayas, experta en gestión de tiempo y productividad personal.

Ante la normalización de frases como 'no me da la vida', "que alguien trabaje a un ritmo moderado, coma sin mirar el móvil o termine su jornada con energía resulta un rara avis", asegura.

Para Belén Iriberri, fundadora de la agencia-boutique de experiencias deluxe Nectarine Society, "el estatus social ya no se comunica tanto a través de lo que mostramos, sino de lo que elegimos. Ahora, el valor está en el criterio, el acceso a vivencias con significado, el conocimiento y la capacidad de rodearte de historias que aporten".

Gema Requena, experta en tendencias y catalización cultural, cree que el lujo "es elástico y subjetivo" y coexisten varias modalidades que se van redefiniendo, "aunque mantienen constantes como la escasez".

Las experiencias sensoriales y únicas son el nuevo lujo para muchos.

Las experiencias sensoriales y únicas son el nuevo lujo para muchos. @nectarine_society

Y añade que para unos puede suponer disponer de una agenda vacía y, para otros poseer una obra de arte única o acceder a tecnologías médicas antienvejecimiento". O también desaparecer del sistema durante un tiempo, apunta.

Los cambios en las tendencias de consumo nunca responden a motivos únicos, suelen ser multifactoriales. Y Requena cree que, en este caso, se debe a "la saturación material en economías desarrolladas, la economía de la atención y sobrecarga digital, la transformación del trabajo y difuminación de los límites vida–trabajo o la revalorización del bienestar físico y mental".

Y por supuesto, también a "la incertidumbre sistémica que aumenta el valor de lo que aporta tranquilidad, estabilidad, calma y cierta desconexión y descanso", añade.

"Si antes el estatus se expresaba más a través de objetos visibles, hoy convive con otros códigos más complejos como son el tiempo disponible, el bienestar, la privacidad o, incluso, la coherencia y propósito vital", asegura Requena, fundadora y directora también de la consultora de tendencias y futuros Nethunting.

Vender (y comprar) tiempo

Hasta no hace tanto, el éxito se demostraba con un logotipo en el bolso y una agenda asfixiante. Estar ocupado era el estatus. Hoy son muchos quienes que prefieren invertir en experiencias antes que en objetos materiales. En un mundo hiperconectado y digitalizado, la verdadera opulencia se refleja en minutos.

Esta nueva forma de lujo implica, lógicamente, que las marcas no venden ese tiempo en sentido literal, "sino control sobre el tiempo o su disfrute", explica Gema Requena.

¿El resultado? La satisfacción por parte del cliente: "Percibe que está gastando calidad de vida y capacidad de decidir cómo quiere vivir su tiempo".

Y cree que el lujo es un concepto amplio, aunque sigue siendo, como constante histórica, "aquello que una sociedad percibe como escaso, deseable y significativo. Y que funciona como marcador de diferenciación. Lo que cambia es qué se considera escaso, deseable y significativo en cada momento".

Además, Requena explica cómo operan las marcas y empresas que venden este tipo de lujo inmaterial y experiencial: "Lo que están 'vendiendo' o proporcionando es acceso a aquello que hoy es escaso y valioso".

"Las marcas que mejor están respondiendo no abandonan su legado, sino que lo reinterpretan en términos de acceso, experiencia y estilo de vida", concluye.

Belén Iriberri destaca que hoy, el verdadero lujo no es tener más cosas sino experimentar momentos especiales.

"Vivir situaciones que nos emocionen y conecten, y que permanezcan en nuestra memoria. A través del arte, la gastronomía, la hospitalidad y el storytelling, las marcas tienen la oportunidad de generar vínculos mucho más profundos con sus comunidades", añade.

La fundadora de Nectarine Society explica también que "en un mundo cada vez más inmediato, el diseño artesanal y el movimiento slow representan precisamente la búsqueda de crear algo con significado y permanencia: apreciar una conversación interesante, una cena bien pensada, una obra de arte o una experiencia que no se puede comprar simplemente con dinero".

Sentir el lujo

El consumidor ya no busca el estatus a través del logotipo visible sino a través de un bienestar intangible. Las marcas de moda tradicionales lo saben, y por eso están abriendo hoteles, cafés y clubes privados: intentan venderte el espacio y el tiempo que ya no encuentras en tu día a día.

"El lujo contemporáneo tiene que ver con la sensibilidad, no con la ostentación", asegura Belén Iriberri. Y coincide con Gema Requena en la importancia de vivir un mundo cada vez más digital y marcado por la IA.

"Las personas buscan autenticidad, conexión y experiencias reales. Las marcas que triunfen serán las que despierten emociones y construyan historias humanas que trasciendan al producto", afirma.

Y sostiene que este nuevo lujo "tiende a ser un estado de vida, una condición de libertad o una demostración social. Y digo 'nuevo' porque en el fondo no varía tanto del viejo, sino en la forma y sus códigos de expresión".

Millennials y Gen Z

Este cambio de mentalidad en la interpretación de lo que significa el universo luxury está siendo liderado por los millennials y la generación Z, grandes protagonistas en esta redefinición de la idea de éxito social.

Lo confirma el informe de tendencias presentado por Deloitte y Randstad Workmonitor Report (Global Powers of Luxury), que concluye que el 60% de los profesionales jóvenes preferiría tener un trabajo con menor salario pero que les garantizara flexibilidad absoluta y control de su tiempo, por encima de un puesto de alto prestigio corporativo pero con horarios 'esclavos'.

Gema Requena explica que, "si bien boomers y X lo asocian más a la propiedad, y millennials a experiencias, con los Z se trata de identidad, coherencia y libertad personal. Pero todo eso también queda atravesado por un común denominador económico que es lo que generalmente te facilita esa libertad".

Y destaca la importancia de entender, reconocer y conectar con las tendencias, sus expresiones y las conexiones culturales con cada contexto y generación: "El riesgo para las marcas tradicionales no es desaparecer, sino perder relevancia cultural si no amplían su narrativa hacia estos nuevos códigos".

De ahí la importancia de que observar, investigar, identificar y entender cada contexto, tendencias, valores, expresiones y narrativas.

¿Un lujo democrático?

Cuando pensamos en poder disponer libremente del propio asueto para ir a la playa, formarse, hacer deporte o aquello que uno desea, el contexto personal, laboral y familiar es determinante.

La realidad es que la forma en la que lo vivimos no depende sólo de nuestra organización. "El dinero compra tiempo", aclara Patricia Benayas por si alguien tenía dudas.

La experta explica que "no es lo mismo gestionarlo teniendo apoyo, recursos o flexibilidad que hacerlo sosteniendo muchas responsabilidades a la vez". Y añade que "muchas mujeres siguen asumiendo una carga invisible que condiciona mucho su sensación de disponibilidad y descanso".

¿Un consejo para poder alcanzar, o aproximarnos al menos, a esa idea de lujo como control y disfrute del propio tiempo? "Existen pequeños cambios, como tener muy claras las prioridades, reducir el ruido, dejar espacio entre tareas y aprender a proteger ciertos momentos del día. Y dejar de improvisar constantemente. La planificación es fundamental", explica.

Y recuerda: "El verdadero lujo no es hacer más cosas sino tener espacio para disfrutarlas".

Tiempo y salud mental

Hablamos de 'nuevo lujo' y consumo prémium. Pero no sólo. Independientemente del poder adquisitivo, cualquier persona puede sentirlo a su nivel. De hecho, cada vez se escucha más esa frase popular de que 'el lujo está en las pequeñas cosas'.

Pero la falta de la posibilidad de disponer de tus horas o días como uno quisiera impacta también en nuestra salud mental. Algo tan básico como controlar el propio tiempo se ha vuelto en nuestra contra, y los perjuicios son reales.

Patricia Benayas cree que esta relación es directa, y que no se trata solamente de tener ratos libres, "sino de no vivir constantemente saturados. Cuando una persona siente que no llega, que todo es urgente y que no tiene espacio ni para pensar, el cerebro entra en modo supervivencia".

Ahí es cuando la capacidad de concentración disminuye, y fallan el descanso o la toma de decisiones. "Por eso muchas personas ya no asocian el lujo con hacer más, sino con vivir con más calma y claridad", opina.

Y explica, para aquellos workaholics, o 'esclavos' de sus puestos de trabajo y obligaciones, que "tener margen en la agenda no es perder productividad, suele ser lo contrario: cuando una persona puede priorizar bien, anticiparse y bajar el nivel de ruido mental, trabaja mejor y vive mejor. Una agenda llena no siempre significa una vida llena".