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Un albañil jubilado, sobre los salarios: "Hoy cualquier persona de la construcción gana más que alguien que tiene una carrera"
El sector afronta una escasez histórica de profesionales cualificados mientras los sueldos se revalorizan por la falta de mano de obra.
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Durante años, el mensaje ha sido claro para miles de jóvenes: estudiar una carrera universitaria era el camino más seguro hacia un empleo estable, un buen salario y mejores oportunidades laborales. La formación superior se presentó como la mejor inversión de futuro, mientras que los oficios manuales perdieron protagonismo entre las nuevas generaciones.
Los datos reflejan esa tendencia. Más de la mitad de los jóvenes españoles menores de 34 años, concretamente el 52%, cuenta con un título universitario o una formación profesional superior, por encima de la media europea, situada en el 44%. Además, la tasa de matriculación en educación superior ha aumentado 11 puntos durante la última década en España.
Sin embargo, ese incremento del nivel formativo no siempre se ha traducido en una mejor inserción laboral. Cerca del 35% de los graduados universitarios trabaja en puestos por debajo de su nivel de formación y hasta un 21% desempeña empleos que no guardan relación con los estudios cursados.
Una realidad sobre la que cada vez alertan más expertos, pero también profesionales que la observan desde su propia experiencia, como Ángel Flores, un albañil jubilado que sostiene que hoy muchos trabajadores de la construcción cobran más que quienes desempeñan un trabajo de oficina o cuentan con una carrera universitaria.
La construcción paga más, pero no encuentra trabajadores
La construcción atraviesa uno de los momentos más contradictorios de las últimas décadas. Aunque la actividad se ha recuperado y la demanda de profesionales no deja de crecer, las empresas se enfrentan a la dificultad de encontrar trabajadores cualificados.
De acuerdo con los informes, en España faltan alrededor de 700.000 trabajadores en el sector de la construcción y albañilería, pese a que los salarios son hoy mucho más competitivos que hace unos años.
Para Ángel Flores, albañil jubilado tras toda una vida dedicada al oficio, esta situación no responde a una falta de interés puntual, sino que es el resultado de decisiones que comenzaron a tomarse tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, explica a ABC Sevilla.
En su opinión, el sector dejó de formar a nuevas generaciones cuando más lo necesitaba y ahora está pagando las consecuencias.
"Vino la crisis y muchos trabajadores se quedaron parados y buscaron otros oficios. La gente se desplazó a otros trabajos. Cuando la construcción volvió a arrancar, las empresas ya no querían peones, querían albañiles expertos, gente que supiera, que tuviera experiencia. Y eso hizo que no se enseñara a una generación", explica.
Durante décadas, el aprendizaje en la construcción seguía un proceso natural. Los jóvenes comenzaban como peones y, poco a poco, aprendían junto a oficiales con experiencia hasta dominar el oficio.
Ese sistema permitía garantizar el relevo generacional y conservar unos conocimientos que solo pueden adquirirse con años de práctica.
Sin embargo, la recuperación del sector tras la crisis cambió completamente esa dinámica. La necesidad de terminar obras con rapidez llevó a muchas empresas a contratar únicamente trabajadores experimentados, eliminando prácticamente las oportunidades para quienes querían iniciarse en la profesión.
Según Flores, esa decisión rompió la cadena de transmisión del conocimiento. "No se enseñó a los peones para que pudieran aprender el oficio. Por eso ahora falta personal".
Mientras tanto, el mercado laboral ha dado un giro inesperado. La escasez de profesionales ha provocado que los salarios aumenten de forma considerable hasta situarse, en muchos casos, por encima de los que perciben trabajadores con estudios universitarios.
Para el albañil jubilado, esta transformación responde simplemente a la ley de la oferta y la demanda.
"No es porque esté mal pagado. Hoy en día está muy bien pagado. Hoy cualquier albañil, o cualquier persona de una rama de la construcción, gana más que alguien que está en una oficina o que tiene una carrera", asegura Flores al medio citado.
A su juicio, lo que se gana en este oficio ha dado un giro radical. Hace unas décadas, como abundaban los profesionales especializados, la competencia era feroz y los sueldos eran muy bajos. Hoy la historia es justo la contraria: al haber menos gente preparada, el trabajo por fin se paga como merece.
"Ahora se cobra más porque hay menos albañiles. Hay menos gente con oficio y por eso el trabajo está más valorado. Antes tener una carrera te daba más calidad de vida y más dinero, pero hoy el que tiene un oficio gana más dinero", sostiene.
Pese a ello, el incremento salarial no está siendo suficiente para atraer a los más jóvenes. Flores considera que las prioridades de quienes se incorporan al mercado laboral han cambiado y que el dinero ya no es el único factor que determina la elección de una profesión.
"Yo creo que la juventud busca otro tipo de empleo. Primero, buscan un horario mejor. Hoy en día creo que la juventud no busca solo ganar más dinero, busca más calidad de vida. Quieren otro tipo de vida, otro horario, aunque en la construcción ahora también se trabaja de otra manera", afirma.
Paradójicamente, las condiciones laborales también han evolucionado de forma importante. Las largas jornadas que durante años caracterizaron al sector de la construcción han ido desapareciendo y los horarios actuales permiten una mayor conciliación.
Según explica, antes era habitual trabajar de ocho de la mañana a seis de la tarde e incluso acudir los sábados hasta el mediodía; sin embargo, después llegaron las semanas con jornadas más largas de lunes a jueves para reducir las horas del viernes.
En la actualidad, muchas empresas trabajan de ocho de la mañana a cuatro de la tarde y durante el verano adelantan aún más la jornada, finalizando incluso a las dos o las tres de la tarde.
Además de la falta de relevo generacional, Flores lamenta otro cambio profundo que ha experimentado la construcción: la desaparición progresiva de los oficios especializados.
Hace años era habitual encontrar profesionales dedicados exclusivamente al tabicado, al enfoscado, al alicatado o a la colocación de suelos. Esa especialización permitía que cada trabajador desarrollara un alto nivel de experiencia en una tarea concreta.
Hoy, en cambio, la escasez de mano de obra ha obligado a que un mismo profesional asuma prácticamente todas esas funciones. El albañil actual debe dominar múltiples técnicas y encargarse de buena parte de los trabajos que antes se repartían entre distintos especialistas.
Aunque en las grandes obras todavía existen algunos perfiles especializados, reconoce que la realidad es muy distinta en la mayoría de proyectos. "Ahora hay albañiles que hacen de todo. El albañil es el que hace todos los oficios de albañilería, menos fontanería y electricidad".
Mientras miles de titulados universitarios encuentran dificultades para acceder a empleos acordes a su formación, la construcción necesita incorporar con urgencia profesionales cualificados para cubrir una demanda creciente.
Sin embargo, recuperar ese relevo generacional exige tiempo, formación práctica y volver a apostar por un aprendizaje que, según quienes conocen el oficio desde dentro, nunca debió desaparecer.