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Conchita, cocinera, 84 años: "El truco para unas albóndigas perfectas no es la carne, es 1/2 taza de puré de patata"
La cocinera usa ingredientes sencillos, muy habituales en los hogares españoles, pero que al unirse crean una masa jugosa y llena de sabor.
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- Total: 55 min
- Comensales: 6
Las albóndigas ocupan un lugar destacado en la gastronomía española. Estas pequeñas bolas de carne picada son un plato tradicional profundamente arraigado que se consume de norte a sur, tanto en los hogares más humildes como en los bares más populares de la ciudad.
Su atractivo es evidente: admiten mil preparaciones, resultan irresistibles al paladar y aportan un buen equilibrio nutricional. Además, a simple vista parecen fáciles, pero la realidad es que alcanzar la textura y el punto exactos requiere más oficio del que podría pensarse.
Y si alguien entiende de trucos de cocina, esas son las abuelas españolas, como Conchita. En sus redes sociales comparte algunos de sus mejores consejos y uno de los más comentados consiste en añadir puré de patata a la mezcla para potenciar el sabor y la textura de las albóndigas.
Las albóndigas de Conchita: una receta original
Las albóndigas de Conchita siguen esa línea de cocina casera donde cada detalle cuenta. Su mezcla combina carne de ternera y magro, cebolla pochada, huevo, pan rallado, leche con caldo y un toque de perejil que realza el aroma.
Son ingredientes sencillos, muy habituales en los hogares españoles, pero que al unirse crean una masa jugosa y llena de sabor. La cebolla pochada aporta suavidad y dulzor natural, mientras que la pastilla de caldo disuelta en leche intensifica el gusto sin necesidad de añadir sal.
Una vez conocidos los ingredientes y sus beneficios, estos son los pasos a seguir.
Ingredientes
Receta para las albóndigas de Conchita
- 1/2 kg de carne molida (picada) - mitad ternera y mitad magro de cerdo
- 1 cebolla
- 2 ajos
- 1 huevo
- Pimienta negra y blanca al gusto
- 1 pastilla de carne
- Perejil fresco
- 125 ml de leche
- 1/2 taza de puré de patata de caja en polvo (o en su lugar, una patata pequeña natural rallada)
- 2 cucharadas de pan rallado
- Tomate frito o casero
- Pimiento rojo asado (o en su lugar, pimientos del piquillo)
Paso 1
Incorpora medio kilo de carne picada (mitad ternera y mitad magro) en un bol y añade un huevo, un ajo prensado, pimienta molida y pimienta blanca.
Paso 2
Disuelve una pastilla de caldo en un chorrito de leche caliente y agrégala.
Paso 3
Añade una cebolla pochada, perejil picado y una tacita de puré de patata de sobre.
Paso 4
Mezcla todo y añade dos cucharadas de pan rallado para ajustar la textura.
Paso 5
Amasa bien y deja reposar.
Paso 6
Forma bolitas con la masa (unas 20–22 para 6 personas), rebózalas en harina y fríelas en aceite de oliva hasta dorarlas.
Paso 7
Pica cebolla y un par de ajos y sofríelos en aceite de oliva.
Paso 8
Incorpora tomate (natural, frito o de bote) y deja hervir la mezcla.
Paso 9
Mete las albóndigas en la salsa y, si queda espesa, añade agua o un buen caldo (de judía verde o de cocido).
Todo ello hace que estas albóndigas resulten tiernas, equilibradas y con ese punto tradicional que recuerda a la cocina de siempre. En medio de esa combinación aparece el ingrediente más llamativo: el puré de patata.
La función de este ingrediente no es solo aumentar el volumen o abaratar la mezcla, sino mejorar la textura. El puré aporta humedad, hace la masa más esponjosa y ayuda a que las albóndigas queden especialmente tiernas por dentro.
¿Qué aporta el puré de patata?
El puré de patata en las albóndigas actúa como un suavizante natural. Su textura fina y su capacidad para retener humedad hacen que la carne no se compacte en exceso durante la cocción, evitando esas albóndigas duras o secas que a veces aparecen cuando solo se usa pan rallado o huevo como unión.
Este ingrediente logra crear una masa más aireada, ligera y moldeable, lo que facilita dar forma a las bolitas y ayuda a que mantengan su estructura sin agrietarse.
La receta de albóndigas de Conchita
Además, la patata tiene un sabor neutro pero fácilmente reconocible, que integra y equilibra el resto de ingredientes. No compite con la carne ni con el tomate, sino que aporta una base suave. Su capacidad para absorber también contribuye a que las albóndigas queden tiernas, incluso después de freírlas y guisarlas en la salsa.