Puré de patatas.

Puré de patatas. iStock

Estilo de vida

Paula, cocinera: "Para que un puré quede perfecto y sin grumos, hay que cortar las patatas en trozos grandes"

Se trata de una de las recetas más sencillas, pero deliciosas, sin embargo, el grado de exquisitez lo marca un simple truco.

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El puré de patatas es uno de esos platos que parecen sencillos hasta que alguien demuestra que pueden ser extraordinarios.

Durante años, la industria lo ha convertido en un acompañamiento plano, rápido y previsible, en polvo o en tarrina, siempre igual.

Pero basta asomarse a una cocina donde se trabaja con tiempo y con criterio para entender que, detrás de una textura perfecta, hay decisiones pequeñas que lo cambian todo.

Paula, una cocinera con un canal propio de cocina, ha demostrado que el puré de patatas puede convertirse en el plato más espectacular para cualquier ocasión.

No promete trucos imposibles ni atajos de chef televisivo. Lo que propone es algo más incómodo y más interesante: prestar atención. A la patata que eliges, al momento en que la trabajas, a la grasa que incorporas y, sobre todo, a lo que decides no hacer.

La importancia de la patata

El punto de partida es escoger bien la materia prima. No todas las patatas sirven para todo, y en el puré eso se nota más que en casi cualquier otra preparación.

Las variedades con un equilibrio razonable de almidón, como la Monalisa o la Kennebec, permiten obtener una crema esponjosa sin caer en la pasta elástica que arruina tantas buenas intenciones.

También importa cómo se cortan. Los trozos grandes no son un capricho estético, sino una forma de controlar la absorción de agua. Cuanto más pequeño es el corte, más líquido entra en la patata y más difícil resulta después conseguir un puré que no sea una sopa espesa disfrazada.

La cocción es un trámite, pero con consecuencias. Esta debe hervirse hasta que esté tierna, sin deshacerse, y trabajarse en cuanto sale del agua. Mientras el tubérculo sigue caliente, el almidón se comporta de manera más "amable" y permite ser transformado sin rebelarse.

Puré de patatas perfecto

Aquí entra en juego una de las advertencias más repetidas en el vídeo: el puré no se bate, se chafa. Las varillas eléctricas pueden parecer una solución rápida, pero si se insiste demasiado convierten la mezcla en una masa gomosa, más cerca del pegamento que de una guarnición digna.

Las grasas

La otra gran lección del tutorial es que un buen puré no es solo patata. Es también mantequilla, nata y un poco de paciencia. La gracia está en no añadirlas de cualquier manera.

La nata se calienta antes, con ajo y romero, en una infusión breve que no pretende robar protagonismo, sino dejar un fondo aromático casi invisible.

La mantequilla, en cambio, entra fría. Ese contraste ayuda a emulsionar y aporta una untuosidad que no se consigue de otro modo. No se trata de hacer un plato pesado, sino redondo. Un puré puede ser ligero y, al mismo tiempo, profundamente reconfortante.

El ajuste final se hace con leche caliente, añadida poco a poco, sin prisas, hasta encontrar la consistencia buscada. No hay una cifra exacta, porque no todas las patatas se comportan igual, ni todas las cocinas tienen el mismo clima.

El puré de patatas perfecto

Esta receta incluye matices que, aunque parezca que no tienen importancia, suponen la clave del éxito de este plato, a priori, simple.

Ingredientes

Ingredientes puré de patatas

  • Patatas. Debe ser una variedad con contenido de almidón equilibrado, específicamente Kennebec (gallega o de Prades) o Monalisa.
  • Nata
  • Mantequilla
  • Ajo y romero (para infusionar la nata)
  • Leche caliente

Paso 1

Pela las patatas y córtalas en trozos grandes (nunca pequeños) para cocerlas.

Paso 2

Mientras se cocinan las patatas, pon la nata en un cazo con el ajo y el romero. Déjala hacer "chup chup" durante 5 minutos y luego tápala para que los sabores se infundan bien.

Paso 3

Una vez cocidas, es crucial chafar las patatas cuando todavía están muy calientes. La herramienta recomendada es un prensa patatas para dar el mejor resultado y chafarlas. Si no tienes, puedes usar varillas eléctricas, pero debes batir lo justo; si te excedes, el puré quedará gomoso y pegajoso debido al sobretrabajo del almidón.

Paso 4

Incorpora la mantequilla y la nata (previamente colada para retirar el ajo y el romero) utilizando una espátula para integrar los ingredientes.

Paso 5

Si es necesario corregir la textura, añade leche caliente al gusto hasta obtener la consistencia deseada.

El resultado no deja indiferente y, si se piensa bien, tan solo hay que prestar atención a unos sencillos detalles.