Mujer tomando una taza de café.

Mujer tomando una taza de café. iStock

Estilo de vida

Ni leer ni hacer crucigramas: esta es la mejor actividad para reducir el riesgo de demencia hasta un 76% según expertos

Un trabajo publicado a través del Albert Einstein College of Medicine trata de una de las enfermedades que más preocupa a una población envejecida.

Más información: Adiós a las pensiones: los expertos avisan de que las cotizaciones solo alcanzan para pagarlas hasta octubre de 2026

Publicada

Cuando se habla de proteger el cerebro, más allá de las recomendaciones de médicos y expertos en medicina, la mayoría piensa en crucigramas, libros o juegos de lógica como un método casero, accesible y entretenido. Sin embargo, la ciencia lleva años señalando a un hábito mucho más físico, social y, para muchos, más divertido.

Un estudio de seguimiento a largo plazo ha situado el baile en lo más alto de la lista de actividades asociadas a un menor riesgo de demencia. Y lo ha hecho con una cifra que llama la atención: hasta un 76% menos de probabilidades de desarrollarla.

La investigación siguió durante años a 469 personas sanas de entre 75 y 85 años. Los científicos analizaron cómo influían distintos hábitos de ocio en la salud cerebral: caminar, nadar, leer, jugar a juegos de mesa o resolver rompecabezas. Solo uno destacó con claridad sobre el resto.

Las personas que bailaban de forma regular, más de una vez por semana, mostraban una reducción del riesgo de demencia muy superior a la de quienes realizaban otras actividades, incluso físicas.

El trabajo, vinculado al Albert Einstein College of Medicine y publicado en una de las revistas médicas más prestigiosas del mundo, se ha convertido en una referencia en el campo del envejecimiento saludable. Mover el cuerpo al ritmo de la música podría ser una de las mejores inversiones para la salud del cerebro.

Un gimnasio para la mente

La clave está en que bailar no es solo hacer ejercicio. Es un desafío constante para el cerebro. Cada coreografía exige memorizar pasos, anticipar movimientos, coordinar brazos y piernas, mantener el equilibrio y adaptarse al ritmo.

A eso se suma, en muchos casos, la interacción con otras personas. Seguir a una pareja, moverse en grupo o simplemente sincronizarse con los demás añade una capa social que también estimula el cerebro.

Los expertos explican que esta combinación convierte al baile en una actividad "multidimensional". No trabaja una sola función, sino varias al mismo tiempo. Se activan áreas relacionadas con la memoria, la atención, la planificación, la orientación espacial y el control motor.

En los últimos años, otros estudios han reforzado esta idea. Programas estructurados de danza en personas mayores han mostrado mejoras no solo en el equilibrio o la movilidad, sino también en la memoria, el estado de ánimo y la función cognitiva general. Incluso en personas con deterioro cognitivo leve, los resultados apuntan a beneficios medibles.

El cerebro, como los músculos, responde al reto. Y el baile lo obliga a salir de la rutina. Además, hay un factor emocional que no es menor. La música despierta recuerdos, genera placer y reduce el estrés. Ese cóctel de estímulos positivos también juega a favor de la salud cerebral a largo plazo.

Pensar, recordar y socializar

Durante años, la prevención de la demencia se ha planteado como una suma de piezas separadas: ejercicio físico, por un lado, estimulación mental por otro, y vida social en un tercer plano. Cada una aporta algo, pero por separado.

El baile tiene la virtud de unirlas todas en una sola actividad. Mientras el cuerpo se mueve, la mente trabaja y la persona se relaciona con los demás. Esa triple exigencia podría explicar por qué su impacto es mayor que el de caminar o nadar, y también más potente que el de resolver pasatiempos sentado.

Pareja bailando en la cocina.

Pareja bailando en la cocina. iStock

Los investigadores son prudentes ya que recuerdan que este tipo de estudios son observacionales y no pueden demostrar una relación directa de causa y efecto. Es posible que las personas que bailan también tengan otros hábitos saludables que influyan en el resultado.

Aun así, el tamaño del efecto y la coherencia con otros trabajos científicos hacen que la hipótesis sea cada vez más sólida. Lo interesante es que no se trata de bailar bien ni de hacerlo de forma profesional. Basta con hacerlo con regularidad. En casa, en clases de grupo, en un centro de mayores o en cualquier espacio donde haya música y ganas de moverse.

Tampoco hay un estilo mejor que otro. Desde bailes de salón hasta sevillanas, salsa o simplemente moverse libremente. Lo importante es que suponga un pequeño reto para el cuerpo y para la mente.

En un momento en el que la longevidad aumenta y la demencia es uno de los grandes miedos asociados al envejecimiento, la idea resulta sorprendente por lo simple que es. No hace falta una aplicación, ni un libro complicado, ni horas de entrenamiento mental, tan solo ganas de moverse un poco y pasarlo bien al son de tu canción favorita.