María Adame, auxiliar de ayuda a domicilio.

María Adame, auxiliar de ayuda a domicilio.

Estilo de vida

María, cuidadora a domicilio: "No somos limpiadoras, ni recaderas, estamos cansadas de que nos traten como sirvientas"

En España hay más de 1.644.000 personas con dependencia reconocida y la labor de auxiliares a domicilio como María es clave para garantizar su cuidado.

Más información: Lorena, limpiadora en España: "En mi país era profesional y aquí estoy cuidando abuelos para sobrevivir"

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En España más de 1.644.000 personas se encuentran en una situación de dependencia reconocida, según datos del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda. Una cifra con la que es posible hacerse una idea del número equivalente de familias que se ven obligadas a dedicar gran parte de su tiempo a los cuidados, siendo según los datos en su mayoría las mujeres las que soportan una mayor carga en el cuidado.

Sin embargo, para muchas familias que necesitan apoyo adicional, la figura del auxiliar de ayuda a domicilio es esencial. Este servicio no solo alivia la carga de los cuidados, sino que garantiza una atención más digna y profesional a las personas dependientes. Actualmente, el sector emplea a más de 565.000 personas en España, en su mayoría mujeres y la demanda no deja de crecer.

Pero a pesar de su valor social y sanitario, este trabajo sigue estando marcado por prejuicios y una percepción a menudo errónea de lo que incluye esta labor. Y es que, además de que a menudo no se le reconoce el peso real que tiene en el sistema de cuidados, también son muchos los que confunden las tareas de ayuda a domicilio con labores de limpieza o tareas muy alejadas de la atención especializada que requiere el acompañamiento a personas en situación de dependencia.

Esto es precisamente lo que denuncia María Adame, auxiliar de ayuda a domicilio y creadora de contenido, en uno de los vídeos que ha compartido en TikTok para defender al sector. Su testimonio pone voz a miles de trabajadoras que, como ella, se enfrentan cada día a prejuicios que desdibujan su labor.

"Hoy vengo a contestar este comentario que se merece un vídeo, dice que si somos limpiadoras, que limpiamos el baño, la cocina, que tenemos que ir a la farmacia, al médico, a dar paseos y que nos dan una bata y nos creemos médicos".

@mariaadameortiz No somos limpiadoras. No somos “chicas para todo”. No somos familia sustituta. Somos auxiliares de ayuda a domicilio, profesionales del cuidado con funciones reguladas, formación y una responsabilidad enorme sobre personas vulnerables. Limpiamos lo que usamos. Cuidamos lo que está asignado. Acompañamos según un plan aprobado por servicios sociales. Lo que no hacemos es trabajar sin límites, sin respeto y a base de desprecios. Defender nuestras funciones no es vagancia. Es dignidad profesional. Y quien no lo entienda… tiene un problema, no nosotras. #SAD #VIDEOVIRAL #DEPENDENCIA #AUXILIARES #Funciones ♬ sonido original - Maria Adame Ortiz

Con estas palabras arranca su respuesta a quienes menosprecian su trabajo y lo confunden con otras tareas que nada tienen que ver con el verdadero sentido de la atención domiciliaria.

"Ya está bien de hablar de nosotras como si fuéramos sirvientas sin criterio, sin formación y sin derecho. Pues mire usted señor o señora, no somos limpiadoras, somos auxiliares de ayuda a domicilio, profesionales del cuidado con funciones reguladas por normativas y planes de atención aprobados por servicios sociales", defiende.

Otras tareas autorizadas

María aclara que hay tareas del hogar que sí forman parte de su trabajo, pero dentro de un marco muy concreto: el de la limpieza funcional, es decir, aquella que se realiza en función del uso y las necesidades reales de la persona dependiente.

"Claro que sí limpiamos el baño si se usa, claro que sí limpiamos la cocina si se utiliza, claro que sí si se hace la cama. Eso se llama limpieza funcional y está recogida en la normativa. Lo que no está recogido es limpiar la casa entera, hacer limpieza profunda o ir por que toca. Ni convertirnos en la solución para todo".

También subraya que otras tareas, como hacer la compra, acompañar al médico o recoger medicación en la farmacia, no se realizan de forma arbitraria, sino si están expresamente autorizadas en el Plan Individual de Atención (PIA).

"La compra, la farmacia, el médico o el paseo no se hacen porque a usted le parezca o le de la gana, se hacen si están autorizados en el PIA con tiempos y objetivos concretos".

Cargamos cuerpos, emociones y responsabilidades

En cuanto a las críticas que genera el uso de la bata por estas profesionales, María explica que esta es la encargada de dar "protección e higiene y la formación sociosanitaria no nos hace médicas pero tampoco nos convierte en chicas para todo".

Su denuncia va más allá del desconocimiento: apunta directamente a la normalización de abusos. "Lo que molesta no es que cuidemos, lo que molesta es que pongamos límites porque durante años muchas auxiliares han aguantado en silencio y han hecho más de lo que les correspondía, se han roto la espalda, la salud y la cabeza".

Y ahora que muchas trabajadoras empiezan a defender sus funciones y exigir respeto, también se enfrentan a nuevas etiquetas. "Parece que somos las malas, pues no somos vagas, no queremos cobrar sin trabajar y no nos negamos a cuidar. Lo que no aceptamos ni vamos a aceptar es que haya abusos, desprecios ni exigencias fuera de función y mucho menos que se nos trate como si valiéramos nada".

María deja claro que el problema principal no está en cuidar, sino en que se pretenda que lo hagan todo y sin protestar. "Si una persona quiere alguien que le limpie toda la casa,que haga recados ilimitados y esté disponible para todo eso no es ayuda a domicilio, eso es otro servicio y se llamará de otra manera".

Termina con unas palabras que reflejan el día a día real de miles de auxiliares en España, que además de cuidar, siguen teniendo que justificar y defender su trabajo. "Nosotras entramos cada día en casas ajenas, cargamos cuerpos, emociones, y responsabilidades y aún así, tenemos que escuchar desprecios. El problema no es que pidamos respeto, el problema es que durante años os habéis acostumbrado a que no lo pidiéramos y eso se os acabó", concluye.