Señora sacando dinero de un cajero automático.

Señora sacando dinero de un cajero automático. iStock

Estilo de vida

Adiós a las pensiones: los expertos avisan de que las cotizaciones solo alcanzan para pagarlas hasta octubre de 2026

El sistema público seguirá existiendo, pero probablemente no bastará por sí solo para mantener el nivel de vida.

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Las pensiones vuelven a situarse en el centro del debate económico en España. No es una discusión nueva, pero en 2026 parece adquirir un tono más urgente.

Las cifras ya no solo preocupan a los expertos, sino también a millones de trabajadores que empiezan a preguntarse si el sistema podrá sostenerse tal y como está.

Cada año hay más pensionistas, las nóminas son más altas y el dinero que entra por cotizaciones no basta. El resultado es un sistema que depende cada vez más de transferencias del Estado y de deuda.

Algunos divulgadores económicos han puesto fecha simbólica al desajuste. Según sus cálculos, las cotizaciones de los trabajadores solo alcanzan para pagar las pensiones hasta principios de octubre. A partir de ahí, todo lo que se abona sale de otras partidas públicas.

Así lo asegura un experto en economía, graduado en Administración y Dirección de Empresas y creador del canal Invertir para Conseguir.

Sistema en números rojos

La Seguridad Social arrastra más de una década de déficit. Son quince años consecutivos gastando más de lo que ingresa.

El agujero ronda ya decenas de miles de millones de euros y se cubre, en gran parte, con dinero de los Presupuestos Generales del Estado.

Esto significa que las pensiones ya no se pagan solo con lo que aportan trabajadores y empresas. Se financian también con impuestos generales y con deuda que alguien tendrá que devolver en el futuro.

El peso de las pensiones en las cuentas públicas es enorme. Representan alrededor de un tercio de todo el gasto del Estado. Dicho de otra forma: uno de cada tres euros que se gastan en España va destinado a pagar jubilaciones.

Si se suma el coste de los intereses de la deuda, parte de la cual existe precisamente para cubrir ese déficit, la proporción se acerca peligrosamente a cuatro de cada diez euros del presupuesto. El margen para otras políticas públicas se estrecha.

Sanidad, educación, dependencia o inversión en infraestructuras compiten con un gasto que no deja de crecer. Y todo apunta a que la presión irá a más en los próximos años.

Cada vez más mayores

El gran motor de este desequilibrio es demográfico. España envejece rápido y tiene cada vez menos nacimientos. La combinación es explosiva para un sistema que depende de que muchos trabajadores sostengan a relativamente pocos jubilados.

Hace décadas, había más de tres cotizantes por cada pensionista. Ese equilibrio permitía que las cuentas, con ajustes, fueran razonables. Las proyecciones para 2050 son muy distintas y hablan de ratios cercanos a 1,5 trabajadores por jubilado.

Señora leyendo en el sofá.

Señora leyendo en el sofá. iStock

Las matemáticas son implacables. Si la pensión media se acerca al salario medio y hay solo dos cotizantes por cada pensionista, aproximadamente la mitad del sueldo de cada trabajador tendría que ir destinada a pagar pensiones.

Si el ratio baja aún más, hasta 1,5, la carga se dispararía hasta cerca del 66% del salario. Dos tercios del sueldo solo para sostener el sistema. Un nivel que muchos expertos consideran directamente inviable.

Confirmado por expertos: "Las cotizaciones solo alcanzan para pagar las pensiones hasta octubre de 2026"

A esta ecuación se suma que la esperanza de vida sigue aumentando. Se cobra la pensión durante más años, lo cual es una gran noticia social, pero un reto enorme para las finanzas públicas. Al mismo tiempo, la natalidad ronda mínimos históricos.

El resultado es un sistema cada vez más tensionado. No es una cuestión ideológica, sino aritmética. En algún punto, las cuentas dejan de cuadrar.

Preocupación creciente

Ante este panorama, las opciones reales son limitadas. O se recortan las pensiones, o se suben impuestos y cotizaciones, o se retrasa la edad de jubilación, o se aplica una combinación de todas ellas.

De hecho, algunas de estas medidas ya se están introduciendo de forma gradual. El problema es que el margen de maniobra se reduce a medida que pasa el tiempo y la presión demográfica aumenta.

Por eso, cada vez más ciudadanos empiezan a asumir que no podrán depender solo del sistema público. No tanto por alarmismo, sino porque los números invitan a la prudencia.

Fondos de inversión, planes de pensiones o ahorro privado aparecen como complementos casi obligatorios para quienes hoy están en activo. No como un lujo, sino como una red de seguridad.

Incluso los productos diseñados específicamente para la jubilación requieren planificación. La ventaja fiscal existe, pero un mal uso puede convertirla en un problema cuando llegue el momento de rescatar el dinero.