Una repartidora en bicicleta.

Una repartidora en bicicleta.

Estilo de vida

Tamara, repartidora de fines de semana: "Trabajo sin descanso, pero en solo 15 días gano más de 900 euros"

La trabajadora asegura que a pesar de ser jornadas largas, le compensa económicamente más que otros empleos. 

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Tamara Jiménez, durante años, encadenó turnos en un hostal del centro de Valencia con la sensación persistente de que el sueldo no bastaba. A final de mes, las cuentas siempre salían justas y cualquier imprevisto desbarataba el equilibrio doméstico.

Fue entonces cuando decidió probar suerte los fines de semana como repartidora para una plataforma de envíos. Lo que empezó como un parche terminó convirtiéndose en su principal fuente de ingresos. 

Al principio no lo vio claro. La empresa le explicó que debía darse de alta como autónoma y disponer de un vehículo propio. Eligió la moto, más rápida y barata de mantener. Aun así, la inversión inicial y el papeleo le parecieron un salto al vacío. "No sabía si iba a compensar, pero necesitaba intentarlo", recuerda.

Los primeros meses combinó ambos trabajos. De lunes a viernes seguía en el hostal; sábados y domingos se subía a la moto. Pronto comprobó que el reparto le dejaba casi tanto dinero en dos semanas como el otro empleo en un mes entero.

La cifra rondaba los 900 euros por quincena, con jornadas intensas, pero concentradas, y la decisión empezó a madurar. El cambio definitivo llegó cuando se dio cuenta de que, además de ganar más, podía ordenar su tiempo.

Ajustó los horarios a la entrada y salida del colegio de sus hijas y a los fines de semana en los que ellas visitan a su padre. "Esa es la gran ventaja: yo decido cuándo trabajo", explica en un reportaje realizado por el diario El Mundo. 

Trabajo de autónomo

No todo es tan sencillo como parece desde fuera. La cara menos amable aparece cada mes, cuando toca pagar impuestos y la cuota de autónomos.

"Da igual que tengas una avería, que te pongas enferma o que tengas que parar unos días. Si no trabajas, no cobras, pero sigues pagando", resume. La incertidumbre forma parte del oficio.

También está el desgaste físico. Horas sobre la moto, calor en verano, lluvia en invierno y la presión de cumplir plazos. Aun así, cuando hace balance, la balanza se inclina a favor. "Me encanta trabajar al aire libre. En Valencia, con este clima, ir en moto es un lujo. Y si eres sociable, lo disfrutas mucho porque conoces a muchísima gente".

Ha probado otras ocupaciones, pero ninguna le ha dado la misma sensación de utilidad y libertad. "No es perfecto, pero ahora mismo no lo cambiaría. Me gusta lo que hago", insiste, con una convicción que no tenía cuando limpiaba habitaciones.

Pocas mujeres

Cuando empezó, el reparto parecía un mundo casi exclusivo de hombres. De más de cien ciclistas y motoristas, apenas dos eran mujeres. La situación ha ido cambiando poco a poco y cada vez ve más compañeras en los puntos de recogida. Aun así, entiende que muchas tengan dudas antes de lanzarse.

"No es solo el tráfico, es el ambiente", explica. En ciudades como Madrid, dice, moverse en bici o moto puede ser una aventura peligrosa. "Es una ciudad asesina para los que vamos sobre dos ruedas". Pero el problema no acaba ahí.

También percibe una hostilidad constante por parte de algunos conductores, sobre todo hombres. "Te hacen sentir que la carretera no es tu lugar. Pero si tampoco lo es la acera, ¿por dónde circulo yo?”.

A pesar de todo, no se plantea volver atrás. Ha aprendido a leer la ciudad, a anticipar riesgos y a moverse con una mezcla de prudencia y firmeza. El trabajo le ha dado independencia económica y una rutina compatible con su vida familiar.