Mujer bebiendo leche.

Mujer bebiendo leche.

Estilo de vida

Ni yogur ni kéfir: este es el mejor probiótico natural para mujeres a partir de los 50 y reforzar su sistema inmunitario

A pesar de su creciente popularidad, se trata de un producto muy consumido antiguamente por sus propiedades.

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La alimentación ya no se entiende solo como una cuestión de supervivencia. Cada vez más personas lo consideran una herramienta para envejecer mejor, prevenir enfermedades y ganar calidad de vida.

En ese contexto, algunos alimentos tradicionales están regresando con fuerza, envueltos ahora en el lenguaje de la ciencia y la nutrición moderna. Uno de los más llamativos es la leche de yegua.

Durante siglos ha formado parte de la dieta en regiones de Asia Central y Europa del Este, pero en los últimos años ha empezado a abrirse paso en otros países como un nuevo "superalimento" con un perfil nutricional sorprendente.

Rica en probióticos, vitaminas y grasas saludables ha despertado el interés de expertos en salud digestiva y envejecimiento activo. Especialmente entre mujeres a partir de los 50 años, empieza a verse como un aliado para reforzar defensas, mejorar la digestión y compensar algunos de los cambios propios de esta etapa vital.

Hoy ya no es necesario beberla directamente para beneficiarse de sus propiedades. La leche de yegua se comercializa en forma líquida, en polvo, en cápsulas o integrada en productos fermentados, helados o bebidas funcionales. Esa versatilidad ha contribuido a que su consumo deje de ser algo exótico.

Aun así, los especialistas insisten en la prudencia. Como ocurre con cualquier alimento novedoso o suplemento, conviene consultar con un profesional de la salud antes de incorporarlo de forma habitual, sobre todo si existen patologías previas o tratamientos en curso.

De tradición a tendencia

La leche de yegua no es un "invento" reciente. En países como Mongolia, Kazajistán o algunas zonas de Rusia se consume desde hace siglos, a menudo fermentada, como parte de la dieta cotidiana. Lo nuevo es la atención que está recibiendo fuera de esos territorios.

El interés actual tiene mucho que ver con su composición. Diversos estudios han señalado que contiene una gran cantidad de microorganismos beneficiosos para el intestino, en algunos casos incluso más que productos tan conocidos como el yogur o el kéfir.

Esa carga probiótica la convierte en una herramienta interesante para cuidar la microbiota intestinal, un sistema cada vez más relacionado con la inmunidad, el estado de ánimo y el metabolismo.

A partir de los 50 años, cuando las defensas tienden a debilitarse y las digestiones se vuelven más lentas, este factor cobra especial importancia.

Además, su perfil nutricional es más ligero que el de la leche de vaca. Contiene menos grasa saturada y resulta más fácil de digerir, algo que muchas personas agradecen con el paso del tiempo.

Cóctel de nutrientes

Más allá de los probióticos, la leche de yegua destaca por su contenido en ácidos grasos esenciales, especialmente Omega-3 y Omega-6. Estas grasas están directamente relacionadas con la salud cardiovascular y con la reducción de procesos inflamatorios, dos aspectos críticos a partir de cierta edad.

También ofrece un abanico amplio de vitaminas. Entre ellas se encuentran la A, varias del grupo B, la C, la D, la E y la K. La vitamina D, en particular, juega un papel crucial en la absorción de calcio y en la salud ósea, un punto sensible para muchas mujeres tras la menopausia.

En cuanto a minerales, aporta calcio, magnesio, fósforo y hierro. Esta combinación contribuye a mantener los huesos fuertes, a prevenir estados de anemia y a sostener el funcionamiento general del organismo.

Otro de sus puntos fuertes es la tolerancia digestiva. Gracias a su composición, suele provocar menos molestias que otras leches animales y se ha estudiado su posible efecto beneficioso en problemas como el intestino irritable, la acidez o el estreñimiento.

Mujer bebiendo leche.

Mujer bebiendo leche.

A eso se suma su contenido en sustancias como la lactoferrina y la lisozima, con propiedades antibacterianas y antivirales. Son compuestos que ayudan a reforzar las defensas naturales del cuerpo, algo especialmente valioso en etapas en las que el sistema inmunitario se vuelve más frágil.

Incluso en el terreno de la piel empieza a llamar la atención. Por su capacidad regeneradora e hidratante, se está utilizando en algunos productos y se investiga su posible utilidad en casos de dermatitis, acné o psoriasis.

¿Sustituye otros probióticos?

La industria alimentaria ya ha empezado a experimentar con la leche de yegua como base para nuevos productos fermentados. Combinada con fibras prebióticas, se busca potenciar su efecto sobre la flora intestinal y convertirla en un ingrediente funcional de nueva generación.

Frente al yogur tradicional, ofrece un perfil más amplio de ciertos nutrientes y una digestión más suave. No se trata de elegir uno u otro, sino de sumar opciones dentro de una dieta variada y equilibrada.

Como casi siempre, no hay alimentos milagro. Pero sí hay herramientas que, bien utilizadas, pueden ayudar a llegar a los años maduros con más energía, menos molestias y mejor calidad de vida. Y la leche de yegua, para muchas mujeres, empieza a perfilarse como una de ellas.