Una mujer sostiene un teléfono durante la celebración de las Campanadas de Año Nuevo de 2026 en Madrid.

Una mujer sostiene un teléfono durante la celebración de las Campanadas de Año Nuevo de 2026 en Madrid. Daniel González EFE

Estilo de vida

Propósitos más realistas frente a 'apps' que lo miden todo: así negocian las mujeres con la presión del 'nuevo yo' en enero

Datos de plataformas y expertos en comportamiento explican por qué muchas abandonan pronto estas metas y cómo apostar por otras más flexibles y reales.

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Un fresco 2026 se abre paso y muchos encuentran en él la oportunidad perfecta para ser mejores, vivir mejor o, en el más radical de los casos, empezar de cero. Enero vuelve a concentrar esa pulsión de revisión personal que se repite cada 12 meses y que invita a mirar cómo se vive, qué se hace con el tiempo, qué hábitos se quieren mantener y cuáles conviene ajustar.

Ese ejercicio no pesa igual sobre todos. El inicio de año sigue colocando el foco en ámbitos —el cuerpo, la salud, la disciplina cotidiana, las relaciones con los demás— que históricamente han recaído con más intensidad sobre las mujeres. Son ellas quienes aparecen más interpeladas por mensajes que invitan a ordenarse, compensar excesos o retomar rutinas tras las fiestas.

Los datos ayudan a entender esa distribución desigual. Un informe publicado en noviembre de 2024 por la consultora Drive Research señala que el 62% de las personas que se marcan propósitos reconoce sentirse presionada para hacerlo. Entre las mujeres, el porcentaje asciende al 64%, frente al 60% de los hombres.

Estos objetivos también están presentes en redes sociales. En TikTok, por ejemplo, el hashtag #propositos2026 ya acumula miles de publicaciones, lo mismo que ocurre en Instagram. No son pocos los creadores de contenido que aprovechan estas fechas para compartir sus nuevas metas y visionboards que inspiran a sus seguidores a hacer reset.

En cualquier caso, lo que se observa en 2026 es un auge de contenidos que recuerdan que el inicio de año no debe vivirse como una carga. En la práctica, cada vez más personas, mujeres incluidas, optan por una gestión más contenida de los propósitos. Menos listas extensas o promesas difíciles de sostener; más objetivos acotados y compatibles con la vida diaria.

"Yo hago una lista cortita y realista", explica Laura M. en declaraciones a Magas. “Uno económico, otro de deporte y otro de lectura. No más. No me interesa marcarme cosas que luego no voy a cumplir”. Marta L., su amiga, coincide: "Sirven para no perder el foco en algunas cosas que sí quiero cambiar. No es que te vayan a cambiar la vida, pero ayudan".

Esta idea de 'menos es más' encaja con lo que llevan tiempo señalando distintos expertos en comportamiento. En una columna publicada en The Atlantic, Harvard Arthur C. Brooks recordaba que menos de la mitad de los propósitos se mantiene más allá de los primeros meses del año y que el éxito real es bajo cuando las expectativas son demasiado altas.

Retomar o mejorar hábitos de lectura es un propósito que con frecuencia se incluye en estas listas.

Retomar o mejorar hábitos de lectura es un propósito que con frecuencia se incluye en estas listas. iStock

El economista y profesor de Harvard apuntaba a un problema de planteamiento más que de voluntad. Las metas demasiado amplias, poco concretas o desligadas de rutinas reales tienden a abandonarse con rapidez. La American Psychological Association coincide en la misma idea y recomienda fijar objetivos específicos, medibles y sostenibles en el tiempo.

En el episodio con el que el conocido Pódcast de Mel Robbins cerró 2025, la psicóloga y profesora de la Universidad de Pensilvania Katy Milkman, una de las principales expertas en cambio de hábitos, analizó lo que denomina el fresh start effect: la tendencia a aprovechar hitos temporales —como un año nuevo, un cumpleaños o un lunes— para modificar conductas.

Según la especialista, ese impulso inicial existe y es medible, pero tiene límites claros. El comienzo funciona como una oportunidad para replantearse rutinas, no como una garantía de cambio. El principal error, señala, no está en proponerse mejorar, sino en confiar en la fuerza de voluntad sin diseñar estrategias que encajen con la vida real.

En sus investigaciones, Milkman identifica siete barreras comunes que dificultan sostener los hábitos: impulsividad, procrastinación, olvido o la tendencia a elegir siempre la opción más cómoda. No son fallos individuales ni rasgos de carácter, sino patrones habituales. Porque cambiar, sostiene, es una habilidad que se entrena.

Ese enfoque ayuda a entender por qué muchas mujeres optan por propósitos más acotados. No porque renuncien a mejorar, sino porque ajustan sus objetivos a lo que saben que podrán mantener. En lugar de planes amplios, prefieren prioridades concretas: caminar más, leer con regularidad, ordenar gastos, mantener una rutina posible.

¿Y qué pasa si no se cumplen? Milkman hace referencia a distintas estrategias en dos niveles: preventivas y de respuesta. En cuanto a lo primero, reconoce que hay actividades, como hacer deporte, que pueden hacerse cuesta arriba de vez en cuando. Aquí ella aplica su propio hack, consistente en vincular ese hábito con uno que ella sí disfruta.

Cuando se graduó de la carrera, explicó, era muy fanática de la saga de Harry Potter, así que se marcó la regla de no poder disfrutar de ello a no ser que estuviera en el gimnasio: "Empecé a escuchar audiolibros allí y, de pronto, todo lo que quería hacer era ponerme la ropa de hacer deporte e ir a entrenar para saber qué es lo siguiente que había pasado con Voldemort".

Imagen de archivo de una mujer haciendo ejercicio en un gimnasio de Madrid.

Imagen de archivo de una mujer haciendo ejercicio en un gimnasio de Madrid. Eduardo Parra Europa Press

Ese razonamiento es el que llevó a Milkman a defender otras fórmulas que introducen consecuencias externas cuando la motivación interna no basta. Una a la que ella hizo referencia en el programa consistía en añadir un pequeño coste económico al incumplimiento del objetivo, por ejemplo, pactando una "multa" simbólica con un amigo si no se cumple lo acordado.

Ese principio ha dado lugar a un tipo específico de aplicaciones que han ganado visibilidad en los últimos años. Plataformas que permiten fijar objetivos y asociarlos a penalizaciones económicas reales. Una de las más conocidas es Beeminder, un programa que funciona mediante depósitos voluntarios de dinero: el usuario decide cuánto está dispuesto a perder.

El sistema muestra gráficas, una fecha límite y una penalización automática si no se alcanza lo previsto. La propuesta es clara: cumples o pagas. También hay propuestas similares como stickK, todas ellas ejemplos de una tendencia más amplia y en auge: la de trasladar la disciplina personal a sistemas externos, medibles y, en este caso, monetizables.

Estas aplicaciones no surgen en el vacío. Aparecen en un contexto de cultura de la hiperproductividad —concepto popularizado en la década pasada, impulsada por el auge de Silicon Valley y las redes— en el que esta ha dejado de ser solo una exigencia laboral para extenderse al día a día. Dormir mejor, comer mejor, organizarse mejor. Todo puede optimizarse.

El problema no es la herramienta, sino el marco en el que se usa. Según el informe State of Mobile Health & Fitness Apps 2025 de Sensor Tower, enero sigue concentrando picos de descargas en aplicaciones de seguimiento personal. El inicio de año reactiva un ecosistema que convierte el cambio personal en un proceso cuantificable.

Las mujeres, una vez más, aparecen como usuarias centrales de este tipo de tecnología. Datos del Pew Research Center muestran que ellas utilizan con mayor frecuencia dispositivos para trackear la salud, como relojes o pulseras inteligentes. El control deja de ser puntual y pasa a integrarse en la rutina diaria.

Ese uso intensivo no está exento de riesgos. Muchas de estas dinámicas parten de una idea muy concreta de la mejora personal. "La cultura contemporánea nos empuja a pensar que mejorar es una tarea individual, casi solitaria, centrada en el rendimiento y la propia productividad", comenta María González, psicóloga especializada en psicoterapia integradora de Instituto Centta.

Según explica, ese planteamiento no es neutro. "Son metas válidas, pero a veces no responden a nuestras necesidades emocionales más profundas ni tienen en cuenta algo esencial: somos seres sociales", añade. Cuando el foco se coloca exclusivamente en el autocontrol, el riesgo es que el bienestar quede reducido a una lista de tareas cumplidas —o incumplidas—.

En ese contexto, estas aplicaciones de medición funcionan como una extensión lógica de la cultura de la hiperproductividad, pese a que, como recuerdan expertos como González, "los objetivos basados únicamente en el esfuerzo individual suelen ser poco sostenibles, especialmente cuando no cuentan con apoyo social".

Imagen de archivo de una mujer utilizando una aplicación de seguimiento del estado de salud.

Imagen de archivo de una mujer utilizando una aplicación de seguimiento del estado de salud. iStock

La propia doctora Milkman planteaba en el programa de Mel Robbins una estrategia que rompe con las presiones de la búsqueda del hiperrendimiento a fin de evitar el burnout: planificar el error. Hablaba de los 'días de emergencia' como jornadas comodín en las que previsiblemente no se habrá cumplido el propósito marcado y no se caerá el mundo por ello.

Cuando se renuncia a ser flexible, el entusiasmo inicial tiende a diluirse. Por ejemplo, análisis internos de la plataforma deportiva Strava basados en millones de actividades registradas por usuarios en todo el mundo muestran que la actividad física aumenta de forma notable a comienzos de enero, pero desciende de manera clara a medida que avanza el mes.

Según los datos de la aplicación, la caída suele concentrarse en la segunda y tercera semana, en un momento que ya se conoce simbólicamente como el Quitter's Day y que ilustra claramente cómo el impulso inicial se enfría cuando los propósitos no incorporan margen para el error. Y ahí se corre el riesgo de no volver a retomar el hábito más.

González advierte al respecto: "Cuando las metas se convierten en una lista de mejoras personales que no se alcanzan, aparecen la culpa, la sensación de insuficiencia y la frustración", explica. Por eso, este año, en lugar de focalizar todos los esfuerzos en estar más en forma o engrosar el currículum, la experta propone pensar en acciones psicosociales.

Esto se resume, en pocas palabras, en "preguntarme cómo quiero relacionarme con los demás y con el entorno" en lugar de pensar cómo "cambiarme a mí mismo aislado del mundo". Porque, afirma, "cuando actuamos pensando en el bien común se activan sistemas cerebrales relacionados con la recompensa y el vínculo, como la dopamina".

Precisamente también en el terreno relacional, el inicio de año funciona como un momento de reajuste en el que la gente parece estar más dispuesta, por ejemplo, a dejar que el amor llegue a su vida. El primer domingo de enero, conocido como Dating Sunday, se ha consolidado como el día de mayor actividad en las aplicaciones de citas. En 2026, esa fecha cayó el pasado 4 de enero.

Plataformas como Hinge registran picos de uso durante esa jornada. Según datos facilitados por la aplicación, la mayor actividad se concentra a las 11:00 horas para enviar likes, a las 18:00 para notas de voz y a las 23:00 para mensajes. El fenómeno refleja un momento de redefinición de expectativas: qué se busca, qué no y desde dónde se quiere empezar.

No es de extrañar que el Dating Sunday coincida con estas fechas y es que, al fin y al cabo, enero no dejará de ser el mes de los comienzos. La diferencia está en si estos se viven como una carrera o como un ajuste. Para muchas personas, el año ya no empieza con una lista interminable, sino con una pregunta más sencilla: cómo estar mejor sin agotarse en el intento.