María en un reportaje de La Sexta.

María en un reportaje de La Sexta.

Estilo de vida

María es española, tiene 105 años y se sacó el graduado escolar a los 65: "Llevo 30 años haciendo gimnasia china"

Según los datos del Instituto Nacional de Estadística, en España hay 19.190 centenarios, de los cuales unos 1.700 residen en la Comunidad de Madrid.

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Según el doctor Manuel de la Peña, uno de los expertos más reconocidos en España por su labor frente al envejecimiento, solo un 25% de la longevidad depende de la genética. El 75% restante está condicionado por factores epigenéticos: el estilo de vida, la alimentación, el entorno social, el manejo del estrés y la actitud vital.

Es en ese margen donde se explica por qué España es uno de los países más longevos del mundo y por qué, dentro de esa estadística, las mujeres viven más años que los hombres. Los estudios coinciden en que ellas cuidan más su salud, sostienen redes sociales más sólidas y practican con mayor regularidad ejercicio físico.

Según datos recientes, de las casi 20.000 personas mayores de 100 años que hay en España, aproximadamente 15.000 son mujeres. Una de ellas es María de las Heras, quien reafirma la teoría de los hábitos: tal y como ella misma confiesa, su secreto de la longevidad es la gimnasia china.

Los secretos de María para llegar a los 105 años

María forma parte de ese reducido grupo de personas que han superado el siglo de vida en España. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística correspondientes a 2025, en el país hay 19.190 centenarios, de los cuales unos 1.700 residen en la Comunidad de Madrid.

Ella es una de ellas y, además, una de las más lúcidas. Reside en la Residencia Los Nogales, en el distrito madrileño de Hortaleza, donde mantiene una vitalidad envidiable. Allí es donde ha relatado en numerosas ocasiones y ante distintos medios de comunicación, su historia.

María es española, aunque nació en Francia por una cuestión de emigración. Su padre procedía de un pequeño pueblo de Guadalajara, una provincia empobrecida que empujó a muchas familias a vender lo poco que tenían y buscar futuro fuera, cuenta en una entrevista para el periódico de Hortaleza.

Aquella primera etapa en Francia fue breve y, cuando María era todavía una niña, la familia puso rumbo a Cuba, donde residieron durante una década marcada por las dificultades.

Ella misma recuerda una infancia atravesada por la soledad, con una madre obligada a trabajar fuera de casa, un padre enfermo y la responsabilidad temprana de cuidar a otro niño cuando apenas era una cría.

Con 15 años regresó a España con la idea de quedarse solo unos meses, pero el estallido de la Guerra Civil obligó a su madre y a ella a quedarse en un país devastado y sin apenas recursos.

A partir de entonces, María fue testigo directo de guerras, dictaduras, transiciones políticas y profundas transformaciones sociales. Una situación que, además, influenció su vida social, "me casé en el 1942 porque se rumoreaba que iban a llevar a los hombres a la División Azul", cuenta al medio citado.

Tras 10 años de matrimonio, María se quedó viuda y empezó a trabajar. "Me coloqué en Bressel SA. Era una fábrica de hacer material de precisión con relojería. Hacíamos cuentakilómetros para los coches, carburadores… Los carburadores Bressel eran muy famosos. Yo estaba en la parte de laboratorio. Revisaba las piezas", narra.

Fueron más de tres décadas de trabajo; sin embargo, no fue el final. Tras jubilarse, con 65 años, María se sacó el graduado escolar y empezó a interesarse por la metafísica, una disciplina que, según ella misma explica, le ha dado una gran tranquilidad interior.

"He aprendido que la muerte como final no existe", afirma. Esa convicción le permite afrontar el final de la vida sin miedo. De hecho, ella dice tener la maleta hecha y estar preparada para cuando llegue el momento, pero mientras tanto sigue disfrutando cada día.

Para María, la longevidad no es solo una cuestión biológica, sino ética. Ser buena persona, cuidar la alimentación, mantener vida social y moverse a diario forman un todo inseparable.

En encuentros intergeneracionales, como el celebrado recientemente en Madrid bajo el lema "100 años de vida, 100 años de legado", organizado por la Asociación de Empresas de Servicios para la Dependencia con la colaboración de CaixaBank, María animó a los jóvenes no abandonar nunca el movimiento.

El 'tai chi', el movimiento clave para María

Sus palabras no son en vano. Y es que la centenaria recomienda tanto el movimiento porque ella lleva más de 30 años realizando uno, en concreto, la gimnasia china.

El tai chi, una antigua gimnasia china de movimientos lentos y coordinados con la respiración, se ha consolidado en las últimas décadas como una de las prácticas más recomendadas para el envejecimiento saludable.

Diversos estudios han demostrado que mejora el equilibrio, reduce el riesgo de caídas, fortalece la musculatura sin impacto, regula la presión arterial y tiene efectos positivos sobre la ansiedad y el estado de ánimo.

En personas mayores, además, favorece la concentración, la memoria y la conciencia corporal, aspectos clave para mantener la autonomía. A diferencia de otros ejercicios, no exige fuerza ni resistencia extrema, sino constancia, atención y respiración, tres elementos que María ha convertido en pilares de su día a día.

"Yo no tengo ningún dolor, ninguna enfermedad, ni grave ni leve. Eso lo achaco a que he hecho mucho tai chi y lo sigo haciendo. Sobre todo, las respiraciones las hago a diario en cualquier sitio. Me vengo aquí sola y empiezo con mis respiraciones y mis cosas… O en el parque", explica al periódico de Hortaleza.

Para ella, el tai chi no es solo ejercicio físico, sino una forma de estar en el mundo. Respirar bien, moverse despacio y escuchar al cuerpo son, en su visión, actos de respeto hacia uno mismo.

Esa filosofía conecta con su interés por la metafísica y con una manera de entender la vida en la que el tiempo no se combate, sino que se acompaña.