La familia de Berta Lamas en Lugo.

La familia de Berta Lamas en Lugo. Cedida

Estilo de vida

Berta, madre de 10 hijos, sobre cómo gestiona el orden: "Si tienen el armario muy mal, les tiro toda la ropa al suelo"

En una España marcada por la baja natalidad, el hogar de Berta funciona como una comunidad, con reglas propias y una logística diferente.

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España lleva años cambiando su modelo familiar: las mujeres tienen hijos cada vez más tarde y en menor número. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), la edad media al primer hijo supera los 32 años y la tasa de fecundidad ronda los 1,16 hijos por mujer, una de las más bajas de la Unión Europea.

En la actualidad, el modelo familiar dominante es el de uno o dos hijos, mientras que las familias con tres o más han pasado a ser minoritarias. Estas últimas apenas suponen en torno al 4 % de los hogares y, dentro de ellas, las parejas con más de cinco hijos representan una excepción casi anecdótica.

Precisamente en ese último extremo de la balanza es donde aparece la historia de Berta. Madre de diez hijos, su realidad familiar no solo desborda las cifras medias, sino que obliga a repensar por completo la organización doméstica, los métodos educativos y hasta la manera de entender el día a día.

La vida de Berta con 10 hijos

Han pasado más de tres décadas desde que Eric y Berta se dieron el "sí quiero" y 33 desde que nació su primer hijo, Eduardo. Entonces, ella tenía 23 años y un título de Magisterio recién estrenado; sin embargo, nunca llegó a ejercer y eligió quedarse en casa para criar a sus hijos, explica en una entrevista a este medio.

Para Berta, ser ama de casa no fue una renuncia profesional, sino una responsabilidad. "Yo decidí quedarme en casa con mis hijos. Pero eso no quiere decir que no trabaje", explica. De hecho, es la encargada de que todo en el hogar funcione.

El nacimiento de Eduardo, su primer hijo, fue, tanto para ella como para su marido, la materialización de un sueño. Con la llegada de Patricia, la segunda, la felicidad se mezcló por primera vez con el vértigo.

Fue entonces cuando aparecieron los momentos duros, los ajustes necesarios y la conciencia de que la familia crecería bajo reglas distintas a las habituales. Con el paso de los años, la casa se fue llenando de nombres, rutinas y voces hasta completar una familia formada por Eduardo, Patricia, Daniel, Alejandro, Carlos, David, Pablo, Nacho, Inés y Berta.

Hoy, no todos viven ya bajo el mismo techo, pero durante muchos años el hogar fue un engranaje perfectamente sincronizado. "A las diez todo el mundo estaba despierto", recuerda.

La noche anterior quedaba organizada la comida del día siguiente y preparados los uniformes del colegio. Los niños salían de casa solos o en parejas, según la edad, y a la vuelta las comidas se hacían por turnos. En una casa con diez hijos, el orden no es una cuestión estética, sino de supervivencia.

Berta y su familia en Roma en la boda de Alejandro, su cuarto hijo.

Berta y su familia en Roma en la boda de Alejandro, su cuarto hijo. Cedida

Esa cultura del "todos a una" ha sido una constante en la familia. La colaboración no se negocia y la responsabilidad se reparte desde pequeños, para que cuando sean mayores tengan en cuenta su papel clave y presten atención a las necesidades de la casa.

"Si alguno quiere hacer un viaje, me lo dice antes por si les necesito", cuenta Berta. No es raro que hayan cancelado planes personales para echar una mano.

Sin embargo, al ser diez en casa (menos, ahora que algunos viven fuera), este orden no siempre se mantiene. Según cuenta en sus redes sociales, cuando los armarios se convierten en un caos, Berta no negocia.

Si están "muy mal", tira toda la ropa al suelo y deja que sean los propios hijos quienes se enfrenten a las consecuencias: recogerla o convivir con ella. La escena, compartida en su Instagram, resume bien su filosofía: responsabilidad y aprendizaje práctico.

Berta insiste en que en su vida "no hay ni un solo día normal". Asegura que, en el fondo, sus reglas no son tan distintas a las de cualquier otra familia, aunque sí más complejas.

Ahora, la casa vive una nueva etapa. Los hijos han crecido y la familia se expande en otra dirección: Eric y Berta esperan ya a su octavo nieto. De hecho, Berta fue madre de Inés con 45 años y de la pequeña Berta con 48, cuando su nuera y su hija Patricia ya tenían bebés.

"Éramos padres de niñas pequeñas a la vez que éramos abuelos", explica. Una imagen poco habitual, pero a la que se han adaptado y de la que ahora disfrutan con más libertad.