Camarera anotando pedidos.

Camarera anotando pedidos. iStock

Estilo de vida

Luisa, camarera: "Mi salario es de 1.500 € pero gracias a las propinas de los turistas gano unos 150 más a la semana"

La diferencia puede ser abismal según la temporada y, sobre todo, dependiendo de la nacionalidad del turista que acude al local.

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Benidorm es uno de los destinos turísticos favoritos en España, especialmente, por los que vienen de fuera de nuestras fronteras. Las calles se llenan hasta el último rincón y la población se multiplica según la temporada del año.

Pero, para quienes trabajan en la hostelería, ese bullicio constante es sinónimo de jornadas largas, mucho trabajo y, en algunos casos, un sobresueldo inesperado.

Luisa es camarera en una taberna de una de las calles más concurridas de la ciudad. Atiende mesas sin parar desde el mediodía hasta bien entrada la noche.

Ella cobra un sueldo fijo que ronda los 1.500 euros mensuales, pero reconoce que hay algo más que marca la diferencia a final de mes: las propinas de los turistas.

Su testimonio salió a la luz durante una visita del periodista Jalis de la Serna, de LaSexta, que recorrió una de las arterias más animadas de Benidorm para conocer de primera mano cómo se vive la temporada alta desde detrás de la barra.

Una ciudad que no descansa

La escena se repite cada día. Bares llenos, terrazas completas y camareros que encadenan pedidos sin apenas respiro. En esta zona, conocida popularmente como la "zona vasca", conviven turistas nacionales con visitantes extranjeros que regresan año tras año.

Algunos llevan décadas veraneando en Benidorm. Grupos de amigos que salen a potear cada tarde y mantienen viva una rutina que se ha convertido en tradición. Esa fidelidad se nota también en los negocios, que apenas cierran y necesitan plantillas amplias para cubrir horarios extensos.

El dueño de la taberna en la que trabaja Luisa lo confirma: el local abre todos los días, de doce del mediodía a medianoche, y emplea a seis camareros de forma continua. La rotación es alta, el ritmo exigente y la presión constante, especialmente en los meses de verano.

En ese contexto, el salario base es importante, pero no siempre refleja el esfuerzo real de cada jornada. Ahí entran en juego las propinas, una costumbre muy desigual según el origen del cliente.

El sobresueldo

Luisa no duda cuando se le pregunta por las propinas. "Con los ingleses es un sobresueldo", resume. Según explica, cada camarero puede llevarse entre 100 y 150 euros semanales solo en propinas durante la temporada alta.

La diferencia está en el comportamiento de los clientes. Grupos pequeños de turistas británicos pueden dejar entre 20 y 50 euros tras una consumición prolongada.

En cambio, el cliente español suele ser mucho más contenido. "Te pueden dejar diez céntimos", comenta sin dramatizar, como una realidad asumida.

No es una queja, sino una constatación. En países como Reino Unido, la propina forma parte del hábito social. En España, sigue siendo algo puntual, más ligado a un gesto simbólico que a una compensación económica.

Vivir del turismo

Trabajar en Benidorm en temporada alta tiene ventajas evidentes, pero también desgaste. Las jornadas son largas, el volumen de clientes constante y el nivel de exigencia elevado. No hay margen para errores cuando las mesas se suceden sin pausa.

Aun así, Luisa reconoce que la propina actúa como incentivo. Saber que el esfuerzo puede traducirse en un ingreso adicional ayuda a mantener el ritmo. Es una recompensa directa que no depende de convenios ni revisiones salariales.

El caso de Luisa refleja una realidad extendida en muchas zonas turísticas de España. La hostelería se sostiene en gran parte gracias al turismo internacional, no solo por el consumo, sino también por prácticas culturales como la propina.

Ese dinero extra no aparece en las estadísticas oficiales ni en las nóminas, pero marca la diferencia en el día a día de muchos trabajadores. Para algunos, supone pagar el alquiler con más holgura; para otros, ahorrar o permitirse pequeños lujos fuera de temporada.