La doctora, posando en su clínica en el madrileño barrio de Chamartín.

La doctora, posando en su clínica en el madrileño barrio de Chamartín. Esteban Palazuelos

Belleza

Sofía Ruiz del Cueto, la nueva visión de la medicina estética: "Es preferible dejar una arruga que perder la naturalidad"

La directora de la Clínica +CUETO by CWS Health detalla su percepción sobre la unión de belleza y salud, revelando el camino a seguir.

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Al llegar, la pregunta es obligada: "¿Nos has encontrado bien?"; la respuesta, inmediata: "Sí". Y es que la Clínica +CUETO by CWS Health se encuentra en pleno centro de Madrid, pero a la vez no. Es el barrio de Chamartín, en la zona de Plaza de Castilla, el que ha abierto sus puertas a que el espacio haga lo propio.

Acceder al mismo es como hacerlo a una especie de portal mágico que, de forma inesperada, transmite una calma impropia de estas inmediaciones de la capital.

La estética del centro es tan lógica que parece que refleja también la personalidad de la doctora Sofía Ruiz del Cueto, quien, con más de 25 años de experiencia, dirige la consulta.

Sus premisas son claras: ciencia aplicada, naturalidad como resultado y liderazgo desde la evidencia. En la ecuación también entran la cercanía, indispensable, y el cuidado antes, durante y después de la experiencia.

De esto último, la mejor prueba fue, sin duda, la cantidad de amigos que acompañaron a la doctora en la inauguración de Clínica +CUETO by CWS Health el pasado junio.

La doctora Sofía Ruiz del Cueto habla de su profesión sin tapujos; la sinceridad es una máxima en su discurso y en su acercamiento a la medicina estética. En la conversación desvela que la gente ya no llega pidiendo que le quiten años, sino tener buena cara, una declaración que, sin duda, deja claro el nuevo rumbo de este campo.

En un contexto en el que la longevidad ya no consiste solo en vivir más, sino en vivir mejor, ¿qué papel puede jugar la medicina estética, especialmente desde la personalización y el diagnóstico individualizado de cada paciente?

Teniendo en cuenta que la medicina estética es la del bienestar, juega un papel primordial. Al fin y al cabo, lo que buscamos cuando hablamos de darle calidad a los años es que la persona se encuentre y se sienta mejor, física, mentalmente y en cuanto a su imagen.

Tenemos que tener presente que nuestro bienestar y nuestra personalidad dependen de cuatro factores fundamentalmente. Uno de ellos es nuestra biografía, lo que nos ha pasado a lo largo de la vida nos define cómo somos, pero también nuestra identidad, la imagen de nosotros mismos con la que nos identificamos.

Cuando eso empieza a cambiar, perdemos cierto bienestar mental, en el sentido de que "esta no soy yo". En ese momento, la gente busca algo para mejorar y volver a sentirse bien. Esto está muy relacionado con la salud, por lo tanto es fundamental que sea médico.

¿Estamos pasando de intentar parecer más jóvenes a querer envejecer mejor?, ¿está cambiando ese concepto que se buscaba de aparentar 35 teniendo 50?

Llevo más de 25 años en esto y sí, eso lo notaba más antes, cuando venía gente pidiéndome: "Quiero aparentar tales años" o, en líneas generales, "quiero parecer más joven". Ahora no, ahora lo que escucho es: "No quiero parecer enfadada", "no quiero parecer cansada", "no quiero parecer triste"...

¿Qué es lo que ocurre? Estos rasgos que aparecen en la cara van de la mano del envejecimiento. Cuando las cosas se empiezan a descolgar, parece que estás triste y al marcarse las arruguitas del entrecejo parece que estás enfadada.

En la actualidad lo que quieren es tener buena cara, un aspecto que refleje cómo de verdad se sienten, no parecer más jóvenes. Ya no tengo tantos pacientes que vienen pidiendo que les quitemos años o que echemos para atrás el reloj.

La doctora Sofía Ruiz del Cueto, en la entrada de la Clínica +CUETO by CWS Health.

La doctora Sofía Ruiz del Cueto, en la entrada de la Clínica +CUETO by CWS Health. Esteban Palazuelos

¿Cuándo deberíamos empezar a preocuparnos por el envejecimiento de la piel?

El cuidado y la prevención del envejecimiento empiezan desde la infancia, y lo hacen, sobre todo, a través de hábitos saludables: comer bien, hacer ejercicio y, algo de lo que se habla menos pero que es fundamental, dormir adecuadamente.

En cuanto a las rutinas de skin care, lo fundamental es proteger la piel del daño solar, que supone un envejecimiento añadido al cronológico y biológico. Y, a medida que cumplimos años, adaptar los cuidados a las necesidades de la piel: hidratarla cuando lo necesite y, cuando vaya perdiendo determinados componentes, aportárselos.

No tiene sentido aplicar los mismos productos o tratamientos a todas las personas, porque son diferentes. Por eso, la prevención debe ser personalizada y adaptarse también al estilo de vida, la actividad, los requerimientos e incluso su genética.

¿Hasta qué punto se puede actuar hoy en día sobre la edad biológica de una célula y no solamente sobre eso que vemos en el espejo?

Una de las cosas que hemos ido descubriendo en los últimos años es la importancia de la edad y del estado celular a la hora de realizar tratamientos de medicina estética. Si las células no se encuentran en un estado óptimo para responder, podemos realizar diferentes procedimientos y, aun así, no obtener los resultados esperados.

Nuestro estilo de vida no siempre favorece la salud celular. La contaminación, el estrés, el tabaco, una alimentación inadecuada o la falta de descanso pueden afectar, entre otros mecanismos, al funcionamiento de las mitocondrias, que son las estructuras encargadas de producir la energía que estas necesitan.

Cuando van correctamente, hay una mayor capacidad de respuesta y de hacer frente a las distintas agresiones. Y eso también se refleja en los tratamientos: una célula que está en mejores condiciones responde mejor y el tejido, por tanto, tiene una mayor capacidad de regeneración.

¿En qué tipo de procedimientos lo habéis detectado?

Lo hemos visto, por ejemplo, en aquellos destinados a mejorar la flacidez. Hay pacientes que responden muy bien y generan colágeno, mientras que otros apenas lo hacen.

En estos casos, podemos encontrarnos con células sometidas a estrés, inflamación o daño. Por eso es tan importante el diagnóstico. Antes de tratar, debemos saber en qué estado se encuentra el paciente para recurrir a diferentes estrategias destinadas a mejorarlo y reducir la inflamación.

Entre ellas se encuentran determinados estímulos lumínicos, como la luz LED, algunos protocolos de suplementación y cosméticos o tratamientos dirigidos a mejorar el entorno celular y la función mitocondrial.

La idea es no limitarse a tratar el problema visible, sino trabajar de una manera más integral. Primero buscamos mejorar el estado del tejido y, después, realizar el tratamiento que necesita.

En Clínica +CUETO by CWS Health también se da formación a profesionales.

En Clínica +CUETO by CWS Health también se da formación a profesionales. Esteban Palazuelos

¿Cuál es el error más frecuente que comete una persona cuando llega a una clínica buscando mejorar su aspecto?

Pues llegar pensando que todo lo que dicen en TikTok es cierto, eso es lo más común, pero creo que ya empezamos a darnos cuenta. Romper los mitos de las redes sociales es de los mayores problemas que tenemos.

Además, cuando haces medicina estética tienes que apreciar lo que es la fisonomía de cada persona, mantenerla, cuidarla y potenciarla, pero no a base de ponerle a todos los mismos rasgos porque no sientan bien a todos.

Durante años parecía que la medicina estética se centraba en rellenar, tensar o borrar, como tres conceptos clave. Ahora estamos entrando en otra etapa...

Lo que buscamos, al fin y al cabo, es cuidar. Cuando lo haces, mejoras un tejido, lo reparas, lo ayudas a regenerar. No es cuestión de borrar arrugas, es cuestión de tener esa buena cara: una mirada fuerte, unos rasgos sólidos y estructurados, pero no desproporcionados.

Hay que entender que la medicina estética tiene un límite, que es siempre la naturalidad. Si para alcanzar un objetivo tengo que cruzarlo, es mejor no hacerlo, porque más vale dejar una arruga que acabar hinchada.

Su nuevo tratamiento biorrevitalizador parte precisamente de esa idea de recuperar la funcionalidad de la piel. ¿Qué significa exactamente que una piel esté apagada desde el punto de vista biológico?

Una que ha perdido parte de sus funciones. Cuando esto sucede con las células, las mismas entran en un estado de senescencia y aumenta el número de células envejecidas en el tejido.

Durante mucho tiempo pensamos que estas eran simplemente 'viejas' y por ello rendían menos. Hoy sabemos que no es exactamente así: siguen estando activas, pero lo están de manera alterada, es decir, pueden liberar sustancias proinflamatorias que favorecen que las células cercanas también entren en ese mismo estado.

Los estudios realizados han mostrado que es posible revertir estas alteraciones y recuperar una función más normal.

Entre una sana y una senescente encontramos otro estado intermedio: la estresada o agredida. Esta está constantemente intentando defenderse frente al estrés oxidativo, los radicales libres, la contaminación y otras agresiones. A nivel de la piel, podemos percibirla como reactiva o apagada, que está en modo supervivencia.

Cada caso necesita un abordaje diferente.

En el tratamiento combinan luz infrarroja, fotobiomodulación con LED y activos como EGCG, niacinamida o vitamina E. ¿Qué ocurre en la piel cuando se aplican estas herramientas?

La clave está en que la combinación debe ser la adecuada y estar dirigida al objetivo que queremos conseguir. No tratamos de la misma manera una célula reactiva que una senescente.

En el primer caso, buscamos principalmente combatir el estrés oxidativo, por lo que recurrimos a activos con una potente acción antioxidante, como la vitamina C o la E.

En el segundo, el objetivo cambia: queremos recuperar, en la medida de lo posible, la función de la mitocondria, que es la estructura encargada de producir la energía que necesita la célula.

Los antioxidantes también desempeñan un papel importante porque la oxidación puede dañarlas, pero además podemos utilizar activos dirigidos específicamente a favorecer su funcionamiento, como la niacinamida y los precursores del NAD, junto con compuestos antioxidantes como la epigalocatequina, que se encuentra presente en el té verde.

En definitiva, no existe una única combinación válida para todas. El tratamiento debe adaptarse al estado celular y a las necesidades concretas de cada cual.

¿Estamos hablando de una mejor estética visible o se trata de esas intervenciones más profundas que mencionabas?

En este caso, quizá no obtenemos un resultado estético tan visible de forma inmediata. Sin embargo, sí se nota en que la piel está menos reactiva. Es más bonita, pero, sobre todo, más activa y con una mayor capacidad de respuesta, algo que se reflejará en los tratamientos posteriores, en los que sí podemos conseguir resultados más llamativos.

Lo que hacemos con estos distintos sistemas es trabajar sobre la función de la célula. Mediante la fotobiomodulación, utilizando luz con determinadas longitudes de onda y parámetros de emisión, queremos favorecer la recuperación celular y estimular la actividad de las mitocondrias para producir energía.

Pero este proceso no termina en la consulta. Después necesitamos apoyarlo con determinados tratamientos y principios activos que potencien y mantengan sus efectos. Por eso, aunque inicialmente sean necesarias varias sesiones, después es importante mantener los resultados con una cosmética adecuada en casa.

La especialista en una de las cabinas de su clínica.

La especialista en una de las cabinas de su clínica. Esteban Palazuelos

Dicen que la luz infrarroja puede aumentar hasta un 70% el ATP producido por estas 'baterías' de la piel. ¿Qué evidencia científica hay detrás de ese dato y cómo se traduce en resultados comprobables? Es decir, ¿una máscara LED funciona?

Es verdad que, en relación con la luz infrarroja utilizada en los dispositivos LED, ya existen varios estudios que respaldan su utilización. Pero también es importante señalar que debe utilizarse con unos parámetros determinados. No todas las máscaras LED que encontramos en el mercado funcionan necesariamente de la misma manera.

La luz se mide, entre otros parámetros, en función de la energía que emite sobre una determinada superficie. Lo que se ha observado es que, cuando se alcanza una intensidad suficiente, puede producirse la activación de las mitocondrias. Si no se alcanza ese nivel, ese efecto no se consigue.

Esto depende de varios factores: del número de LED que incorpora la máscara, de la potencia con la que emiten y también de la distancia a la que se utiliza el dispositivo.

También es importante tener en cuenta el tiempo de aplicación. Generalmente, hablamos de sesiones de entre 15 y 30 minutos. Cuando utilizamos estos dispositivos en casa, además, la constancia es fundamental.

Los resultados no son inmediatos. Son necesarios unos dos meses para empezar a apreciarlos, y tampoco debemos esperar un cambio espectacular. Es más bien una sensación de que la piel está mejor, menos reactiva y con una mayor capacidad de regeneración.

¿Llegaremos a diseñar una estrategia de envejecimiento diferente para cada persona en función de su biología o es un sueño lejano?

Está a la vuelta de la esquina. Siempre lo hemos hecho así, pero ahora tenemos herramientas que nos permiten conocer mucho mejor la biología de cada paciente.

Con ellas podemos observar cambios en la textura, tendencia al enrojecimiento o a la aparición de manchas, y analizar todos estos aspectos de una manera numérica y objetiva. También podemos valorar la actividad del tejido, así como su daño e inflamación.

Pero todavía vienen opciones mucho más avanzadas. Nosotros ya hemos empezado a trabajar con estudios genéticos, que nos permiten personalizar todavía más los tratamientos, sobre todo a la hora de determinar la suplementación.

Conviene hacer un estudio genético que nos permita concretar qué suplementación es la necesaria, porque no todo el mundo necesita la misma ni responde igual.

También podemos valorar los llamados cambios epigenéticos. Es decir, tú tienes tu genética, tienes el libro de recetas, pero solo algunas de esas recetas se están leyendo. La pregunta es: ¿qué recetas se están leyendo y se están haciendo en tu casa?

En Clínica +CUETO by CWS Health, la medicina estética adquiere una nueva dimensión.

En Clínica +CUETO by CWS Health, la medicina estética adquiere una nueva dimensión. Esteban Palazuelos

También existe una presión enorme, especialmente sobre las mujeres, por no aparentar la edad que tienen. ¿Cree que la medicina estética está ayudando a liberarnos de esa presión o, en ocasiones, puede estar alimentándola?

En cierto sentido, la medicina estética puede alimentar esa presión porque, al ofrecer una solución, puede hacer que algunas personas consideren que no utilizarla es algo que merece ser juzgado. Y no debería ser así. Estamos aquí para que uno se sienta bien consigo mismo.

Pero también es verdad que ofrece herramientas para aquellos que sienten que están perdiendo parte de su identidad y eso les genera malestar.

Por eso, lo que les digo a todos mis pacientes es muy sencillo: nada de esto es necesario, salvo que a ti te moleste algo y quieras mejorarlo. Si no quieres hacer nada, está perfectamente bien. Y si quieres hacerlo, también.

Cuando un paciente viene aquí, ¿se le hace también una consulta psicológica o se le recomienda ese tipo de acompañamiento antes, durante y después de cualquier intervención o tratamiento?

Siempre. Y, además, es verdad que también tenemos asesoramiento en este aspecto. Contamos con un coach que ayuda en ese sentido.

Hay personas que objetivamente son ideales, que son guapísimas, pero que llegan después de haber estado, por ejemplo, con una pareja tóxica. Y, en esos casos, a veces lo único que necesitan es que alguien les diga: "Mira, objetivamente, esto está perfecto". Y que se den cuenta de que quizá solo hay una cosa que no está bien: la imagen que tienen de sí mismas.

Porque la autoestima es tan importante como el hecho de verte bien.

Por eso, lo que tenemos que encontrar en cada paciente es qué tecla hay que tocar para activar ese círculo. A veces será mediante un tratamiento y, otras veces, será a través de un coach, así que tenemos las dos opciones.

Después de tantos años trabajando con pacientes, ¿qué ha cambiado en su propia idea de belleza? ¿Qué cosas que antes intentaba corregir hoy quizá considera que forman parte de envejecer bien?

Yo empecé hace muchísimo tiempo y, entonces, teníamos una visión mucho más simplista. Íbamos más al surco, a la arruga, y todo se centraba en detalles muy concretos de la cara o del cuerpo.

Ahora la visión es mucho más global y, sobre todo, más biológica. Eso no significa que hayamos dejado de tratar eso que mencionaba, sino que ya no nos centramos únicamente en ellos. Tratamos la cara en función de lo que necesita cada persona y tenemos en cuenta toda su biología.

Queremos que la piel esté sana, que la persona se encuentre bien y, en definitiva, buscamos su bienestar general. Al final, lo que hace que no nos sintamos bien es la arruga que nos arruga.