En la imagen, la doctora Cristina Brasó.

En la imagen, la doctora Cristina Brasó. Cedida

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Cristina Brasó, la cirujana que revoluciona la lipoescultura: "Mi técnica es menos agresiva y el resultado se ve más rápido"

La doctora explica en qué consiste la LipoSculpt 4D y reflexiona sobre una nueva visión de la medicina y la cirugía estética.

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Que haya una parte de la medicina que se apellide estética parece que le quita peso a sus resultados. Sin embargo, profesionales como la doctora Cristina Brasó demuestran que su trabajo va mucho más allá de lo que salta a la vista.

Cuando su experiencia habla, afloran frases tan potentes como "la gente ve en esta técnica el inicio de una nueva vida". Se refiere a LipoSculpt 4D, un método que aprendió en Colombia y que exportó de forma pionera a España.

Sus manos —y las de su equipo— modelan el presente buscando un futuro mejor, adaptado de verdad a los deseos de quien confía en ella. Atiende casos tan complejos en otras esferas como los de los chicos trans que desean masculinizar su apariencia.

Prueba del buen hacer de la doctora Brasó es que forma parte de Gournay, una institución con un propósito muy claro: mostrar que una nueva visión de la medicina y la cirugía estética integral es posible, especialmente ahora que prolifera la desinformación respecto a según qué tratamientos e intervenciones en redes. Los profesionales que la integran —nacionales e internacionales— son especialistas de referencia que velan por la salud integral desde su plano.

¿Qué le hizo apostar por esta técnica cuando aún no era tan conocida?

Permite tener unos resultados que van mucho más allá de sólo extraer acúmulos de grasa en determinadas zonas. Sobre todo, hay que tener en cuenta que la lipoescultura no tiene como finalidad el adelgazamiento, pues es un método de remodelado corporal.

Hay personas que genéticamente tienden a la obesidad y, por mucho que se cuiden, no consiguen el estado que les gustaría para sentirse a gusto con ellas mismas. Al no ver cambios se deprimen y entran en un círculo vicioso de mala salud.

Con esta propuesta, puedes conseguir la mejor versión de cada paciente y, sobre todo, pensar en esto como el principio de una nueva vida, dándole además la posibilidad de mantener en el tiempo lo que se ha logrado. Esto va a hacer que se preocupe por sí mismo muchísimo más y sin tanto esfuerzo.

La cirujana con el característico uniforme médico.

La cirujana con el característico uniforme médico. Cedida

¿Cuándo surge esta nueva técnica?

Empezó en Colombia hace ya muchos años. Llegó de manos del doctor Alfredo Hoyos en torno a 2011. Se hablaba de él como alguien que hacía cosas revolucionarias y fui a ver de qué se trataba y decidí traer esa innovación a España cuando nadie lo había considerado.

¿Qué es lo que se logra de forma concreta? Además de lo que ya ha detallado.

En pacientes masculinos extraemos los acúmulos de grasa que les cuesta sacar de manera natural y parte de los mismos los reimplantamos en grupos musculares. Entonces, pueden tener un aspecto muy atlético que además van a mantener.

Llevo haciéndolo 12 años y mi experiencia es que están tan contentos y a gusto con ellos mismos que se esfuerzan por preservar esos resultados. No es necesario entrar en dietas superestrictas que al final acaban abandonando. Simplemente, hay que seguir pautas normales.

Con las mujeres sucede igual, sólo que aplicado a ellas. A veces los embarazos o la menopausia hacen que el cuerpo cambie y con estas técnicas se obtienen unas siluetas muy mejoradas.

Para mí es vocacional conseguir esto y lograr que puedan ser más felices en su vida. Para una que tenemos, lo que buscamos es eso. Y esta cirugía llena mucho más que otras en ese sentido. También me quedo con la satisfacción de ver al paciente feliz.

Ha desarrollado también su propio método, LipoSculpt 4D. ¿En qué se diferencia de una lipoescultura convencional?

Aquí se unen la tecnología y la vertiente artística del cirujano. En el primer aspecto utilizo un ultrasonido de tercera generación que deshace la grasa y estimula que luego la piel se retraiga mejor.

Siempre hay que hacer una valoración al principio, pero, si es el caso idóneo, se trata una técnica mucho menos agresiva: se sangra mucho menos, hay menos hematomas y los resultados se ven más rápido.

La extracción la hago con microaire, una tecnología en la que se emplea una cánula que no es sencilla, sino que va a una consola y que tiene un movimiento muy rápido y preciso.

Hay que entender la lipoescultura como la figura completa. Se entiende el cuerpo en 360 grados. Antes caíamos en el error de quitar un poco por aquí y allá y ya está. Hay que hacer una valoración del total para luego tener el mejor resultado. Es como hacer una escultura, sólo que en lugar de con barro, la haces en el cuerpo.

Aquí se añade, además, la dificultad de la base muscular que tenga el paciente, la calidad de la piel, las acumulaciones de grasa, la anatomía esquelética...

¿Puede desarrollar un poco la idea del 4D?

Sería como la cuarta dimensión. A las tres dimensiones corporales se les añade qué aspecto tiene ese cuerpo en movimiento y en contracción. Entonces, si tú haces un esculpido debes ser muy realista, respetando la musculatura interna, para que todo se vea más marcado sin que haya cosas extrañas.

Su técnica combina varias tecnologías y un enfoque específico para reducir el dolor, ¿cómo mejora en ese aspecto la experiencia del paciente?

Mi equipo de anestesistas está muy bien formado en bloqueos nerviosos. Una vez que la persona está dormida, le hacemos varias ecografías de alta resolución y el experto practica un bloqueo específico de los nervios que envían las señales del dolor. Para ello, se inyecta un anestésico local de larga duración —entre tres y seis horas—.

Si no llega al cerebro la información, no se nota nada. Los mórficos que se administran en vena en calidad de relajantes musculares son también menores y esto hace todo mucho más seguro. El despertar es más rápido y tiene mucho menos riesgo. Se elimina la parte de mareos, náuseas y vómitos.

Este bloqueo no es de horas sino de días, por lo que también se cubre la fase aguda de dolor.

Aparte de eso, muchos pacientes tienen una gran experiencia porque se quitan las fajas y ven su cuerpo totalmente cambiado, ¡y no lo han pasado mal! Puede que tengan la presión de las agujetas, pero no es una experiencia desagradable.

La doctora Cristina Brasó importó la tecnología LipoSculpt de Colombia.

La doctora Cristina Brasó importó la tecnología LipoSculpt de Colombia. Cedida

Habla de definición anatómica y naturalidad, ¿cómo se evita ese resultado artificial?

Es muy importante la primera fase, cuando pintas al paciente. Antes de empezar la intervención, localizo dónde están estos grupos musculares, ya que hay varias cosas fundamentales.

La primera es que la liposucción no tiene que ser superficial. No se puede rasgar la piel porque entonces se producen lesiones o malas cicatrizaciones, por ejemplo. El empleo del ultrasonido hace que la grasa se pegue mejor y luego vas haciendo esta aspiración, manteniendo la formita de la musculatura —en algunos grupos se puede aumentar el volumen después—.

Ha desarrollado una técnica específica para masculinización torácica en pacientes trans, ¿qué aporta este avance a nivel quirúrgico y personal para quienes se someten a la intervención?

Cuando ya tenía mucha experiencia en alta definición se me ocurrió la idea de aplicar lo que estaba haciendo hacía tiempo en la lipoescultura masculina de la ginecomastia a estas personas que lo que querían era quitarse el pecho.

Lo que hice fue aplicar el ultrasonido antes de sacar la mama, que además supone una mejora del tema de las cicatrices. Esta tecnología hace que se encoja y que la piel después no cuelgue.

Si además tienen alguna zona de grasa que no les gusta, como puede la de la cadera —algo más femenino— , la quitas, la masculinizas y luego la injertas en el pectoral. Entras con un pecho femenino y sales con uno atlético. El cambio es brutal.

La cirujana forma parte de la institución médica Gournay.

La cirujana forma parte de la institución médica Gournay. Cedida

Después de más de 20 años de experiencia, ¿ha cambiado la forma en la que las personas entienden la cirugía estética?

Sí, porque todas estas tecnologías no existían antiguamente. Ahora la gente está muchísimo más informada, ve que realmente podemos realizar cambios muy radicales de mejora con técnicas menos agresivas en una sola cirugía.

Ya no te dicen eso de "quiero que me quites de aquí"; llegan y te lo indican todo, pero soy yo la que decide hasta dónde puede llegar. No hago nada que los lleve a perder el tiempo.

La medicina estética es un sector en crecimiento y genera mucho empleo. ¿Cómo se mantiene en un mercado tan competitivo?

Cada técnica tiene sus peculiaridades y, además, desde Gournay hay una serie de máximas que siempre se contemplan. Intento ayudar a la gente, pero si piden cosas extrañas, no las acepto. Soy muy realista.

También es cierto que tenemos la suerte de que las tendencias giran cada vez más alrededor de la naturalidad.

¿Cree que hoy la medicina estética está más relacionada con la salud y el bienestar o con la presión por encajar en un modelo físico concreto?

Las redes sociales han popularizado muchísimo el acudir a ella y el hecho de que la gente busca quizá el resultado de un filtro, así que supongo que hay que poner un poquito de freno con según qué cosas. Hacemos intervenciones para que la gente se sienta a gusto, para mejorar algo que le genera un complejo que puede afectar a muchas escalas.

En cualquier caso, pienso que somos los 'profesores' los que tenemos que delimitar lo que supone un 'sí' de lo que es un 'no' para que lo que realizamos sea útil.