Ramona en el videopódcast de Tengo un Plan.
Ramona tiene 84 años y usa la misma talla que cuando tenía 34: "Me voy a dormir cada día a las 2 de la mañana"
El caso de Ramona ilustra cómo los hábitos sostenidos en el tiempo pueden marcar diferencias notables en autonomía, composición corporal y vitalidad.
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La esperanza de vida en España se sitúa entre las más altas del mundo, y dentro de esa estadística las mujeres mantienen una ventaja clara sobre los hombres. Ellas viven, de media, entre 5 y 6 años más que los hombres, una diferencia que los demógrafos atribuyen a una combinación de factores biológicos y sociales.
Distintos estudios en salud pública señalan que muchas mujeres han interiorizado rutinas de autocuidado más constantes a lo largo de su vida. Acuden con mayor frecuencia a revisiones médicas, mantienen redes sociales activas y, en general, presentan menores tasas de conductas de riesgo.
En España es habitual encontrar mujeres de más de 80 años que sostienen una rutina diaria que, vista desde fuera, parece corresponder a alguien mucho más joven. Una de ellas es Ramona, que a sus 84 años presume de usar la misma talla que cuando tenía 34.
La alimentación de Ramona
El estilo de vida condiciona significativamente la longevidad, estimándose que influye en aproximadamente un 70 % a un 75 % de la duración de la vida y la salud, mientras que la genética representa solo el 25 % al 30 %.
Los geriatras insisten en que no se trata solo de vivir más, sino de mantener la autonomía funcional, la masa muscular, el equilibrio y la salud cognitiva. Recomendaciones que Ramona lleva años aplicando con constancia y que hoy se reflejan en su estado físico y mental.
Después de décadas ocupándose de otros, Ramona decidió priorizar su bienestar con un objetivo claro: no convertirse en una carga para sus hijos.
Rechaza la imagen de la vejez pasiva y dependiente. En su casa no espera a que alguien le mueva un mueble o le cambie un electrodoméstico de sitio para limpiar; si tiene que desplazar la nevera, lo hace. Para ella, cada gesto cotidiano es también una forma de mantenerse fuerte.
Es precisamente este pensamiento el que la hace considerar sentarse en el sofá durante horas como un error. A su juicio, ese camino conduce a la pérdida de autonomía y al aumento de personas en residencias.
Ramona asegura que tiene una salud de hierro. "Yo no veo mi fin… yo nunca he estado con una gripe ni con un constipado, me he tomado una aspirina en la vida", confiesa en el videopódcast Tengo un Plan.
Ramona tiene 84 años y esta es su rutina de entrenamiento.
A su juicio, su salud se da gracias a su estilo de vida. No sigue dietas de moda ni cálculos estrictos de calorías; se guía por la intuición y por las señales de su cuerpo.
"Yo escucho mi cuerpo y mi cerebro me dice 'hasta aquí'. Queda un garbanzo en el plato, que quede… como lo que el cuerpo necesita, no más", cuenta.
Además de las legumbres, Ramona se encarga de elegir su dieta. Compra hortalizas, verduras y frutas frescas y cocina sus propios guisos. "Yo no me voy a lo precocinado; si en la nevera le pones porquería, seguro que engordas", cuenta.
La rutina de gimnasio de Ramona
Más allá de la alimentación, Ramona cuenta con una rutina de gimnasio que rompe cualquier estereotipo. Acude todos los días entre semana y pasa allí alrededor de cuatro horas, de las cuales la mitad las dedica al ejercicio y la otra mitad a la vida social.
El gimnasio es también su punto de encuentro, un espacio donde conversa, se ríe y mantiene relaciones que refuerzan su bienestar emocional.
En cuanto al entrenamiento, Ramona entrena por grupos musculares, trabajando brazos, espalda, glúteos, piernas y pecho a lo largo de la semana, y complementa con fisioterapia para prevenir sobrecargas y descargar la musculatura.
Aunque mueve pesos que muchos no asociarían a su edad, prioriza la seguridad. Prefiere máquinas y poleas frente a mancuernas o barras libres porque le ofrecen mayor estabilidad y reducen el riesgo de lesión.
Cuando alguien mayor le pide consejo, recomienda empezar por pilates y estiramientos para ganar movilidad antes de pasar al trabajo de fuerza. Defiende que el músculo se puede entrenar a cualquier edad si se hace con cabeza.
Uno de sus rituales más comentados es la terapia de frío con la que cierra la semana. Se sumerge en agua fría durante unos diez minutos, cubriéndose hasta el cuello.
"Esto me ayuda a combatir dolores, agujetas e inflamación y casi nadie en mi gimnasio aguanta tanto tiempo", cuenta. Más allá de la evidencia científica exacta, en su caso lo vive como un hábito que le proporciona alivio y sensación de recuperación.
Fuera del gimnasio, Ramona se acuesta tarde, en torno a las dos de la madrugada, pero duerme ocho o nueve horas seguidas.
Afirma que ha aprendido a "ordenar" a su cerebro que se duerma en cuanto apaga la luz, como una forma de control mental. Durante el día evita el ascensor siempre que puede y sube escaleras incluso cargando con la compra, porque entiende que cada esfuerzo suma actividad.