Montaje con Ana Redondo, ministra de Igualdad

Montaje con Ana Redondo, ministra de Igualdad

La tribuna

Carta abierta a la ministra de Igualdad

25 noviembre, 2023 02:36

Querida ministra:

Esta es la carta de una ciudadana triste y decepcionada por la deriva de los últimos años en materia de igualdad. Podría enumerar los errores, desaciertos y cuestiones que me han indignado en este tiempo. Podría hacerlo, pero no quiero.

El reproche no es mi estilo ni el de la mayoría de la ciudadanía que pretende una vida mejor. Los gritos y los insultos son el lenguaje de quienes quieren conseguir otra cosa distinta al beneficio de la sociedad.

Hoy, 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, es el momento adecuado para tomar aire, expirar y pensar por qué un asunto tan estudiado, analizado y superado se ha vuelto la batalla campal de los extremos.

La violencia machista se ha convertido en el arma arrojadiza de aquellos grupos que ganan adeptos con titulares y títulos de leyes y no con su contenido. También en el de aquellos que buscan el caldo de cultivo de la negación de la evidencia para ensanchar sus dominios.

Y en medio del ruido, de tanto ruido de redes, medios, gritos en las calles y bajo el silbido de objetos que se arrojan contra edificios, en medio de todo eso están ellas. No me refiero solamente a las 52 mujeres que han sido asesinadas este año en España al tiempo de escribir esta carta, ni a las 1.237 que engrosan las cifras desde 2003.

Escribo, ministra, sobre las víctimas silentes de la violencia de género que están muertas de miedo en casa. Esas que no pueden usar su voz con desparpajo para decir qué les pasa ni lo que sería justo.

Créame si le digo que las mujeres que están en su casa con temor de descolgar el teléfono para hacer una llamada, hablar con la persona que a él le parezca inapropiada o hacer un gesto sin más que pueda despertar el monstruo de la violencia, esas no hacen ruido. No pueden.

Espero que venga usted con ganas de resolver sus problemas, de aligerar su peso y de ayudarlas para que puedan escapar a su tortura vital, para que puedan salir del infierno sin daños irreversibles en el camino. Esa salida es larga, difícil, muy complicada emocional y estructuralmente. Pero es posible.

Cuando hace décadas, empecé a aprender de aquellas que construyeron el feminismo español sobre la base del trabajo de las mujeres de todos los tiempos, me enseñaron algunas lecciones que me gustaría dejar apuntadas.

Si una mujer está sufriendo violencia, le habrán dicho que no vale nada, que sola no conseguirá salir de allí. Tendrá la autoestima baja y mucho miedo.

Un agresor es un constructor de terror. Y lo hace con la ventaja de haber estudiado a su víctima despierta, dormida, en sus confidencias y en sus mejores y peores momentos. Conoce sus temores, su fragilidad, sus debilidades y cómo hacer que sufra intensamente.

Nunca conseguiremos la empatía de una víctima a la que tratemos con paternalismo, ni siquiera con ‘maternalismo’. Gritar en las televisiones o en las redes lo que tiene que hacer, casi con tono de arenga, no es la solución.

Por eso, hay que cambiar de estrategia. Esta, que se ha mantenido en los últimos años, promueve un tercer gran grupo más allá de los mesiánicos y los negacionistas. Hay una parte de la sociedad que ensordece entre las voces airadas de quienes se reparten los méritos en la batalla por una lacra: son dos bandos que quieren hacer suya la causa o negarla e invisibilizarla.

Qué daño se hace. Reducen la consideración social del problema y dejan a las víctimas temblando, sin encontrar solución. Ellas ya tienen miedo a que el camino hacia la libertad sea tan difícil como lo pone un maltratador. Como para que, además, puedan sufrir el bombardeo de una sociedad polarizada y en guerra conceptual.

Rigor, coherencia y trabajo de fondo. Buenos asesores y un gran equipo. Escuchar más que hablar. Los mejores cerca. Hay que huir de conformar equipos con los marginales de cada causa. Espero que venga usted dispuesta a rodearse de quienes más saben y no de quienes nos sorprenden con ideas peregrinas del pim, Pam, pum. Las iluminaciones crispan y los avances se hacen mejor en ambientes con la voz queda, pausada y con reflexión.

La igualdad es paz, no batalla. La igualdad es posibilidad, oportunidad, libertad y serenidad. Mi deseo en este 25N que conmemoramos hoy es que su actitud sea la de construir, empezando por lo básico, por garantizar un ambiente social que posibilite la salida a quienes sufren en silencio en casa.

Es un buen síntoma que haya decidido acudir a la manifestación de siempre el 25N. No es comprensible que haya dos.

El clima social es tan importante como el cauce legal para poder salir del infierno. Se ha encontrado, ministra, en medio de la tempestad y con los restos del tsunami.

Le deseo que sepa crear un ambiente soleado para quien necesite salir de la violencia. Se lo deseo a usted y a todas ellas, a quienes tienen que emprender su marcha hacia una vida mejor, hacia aquella que es posible, con su ayuda, con la de las instituciones, con la de sus amigos, su familia, los recursos sanitarios y sociales, los medios y los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

Si de algo nos ha servido la legislatura anterior ha sido para que España entera comprenda que Igualdad no es una ‘maría’, sino una asignatura troncal y vital para el avance y mejora de nuestra sociedad.

Por favor, ayude a que las víctimas puedan emprender su camino sin estridencias añadidas a los sobresaltos de su vida. Gobierne pensando en el fondo y no en los titulares. Ese cambio será un gran progreso. Me dicen que ese es su propósito. Quedo a la espera con los dedos cruzados, como lo está la mayoría de la ciudadanía.

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