Catedral de Tui, Pontevedra.

Catedral de Tui, Pontevedra.

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La ciudad del siglo XII donde mejor pulpo se come en España: perfecta para una escapada de fin de semana

Se llega atraído por el pulpo, se descubre una ciudad medieval y se termina entendiendo por qué, desde hace siglos, son tantos los que adoran este lugar.

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Si existe un alimento que todos asociamos con Galicia, sus mercados, tabernas y mesas familiares es el pulpo. Forma parte de su identidad bien en cocido, cortado en rodajas, aderezado con aceite de oliva, sal gruesa y pimentón, el célebre pulpo á feira es uno de esos sabores que explican por sí solos el carácter de un territorio.

Pero si hay un lugar donde este plato adquiere una dimensión especial, ese es Tui. En el extremo sur de Galicia, junto a la frontera con Portugal, esta pequeña ciudad histórica se ha convertido en uno de los destinos gastronómicos más atractivos del norte peninsular.

No es solo cuestión de cocina. En Tui, comer bien y pasear por la historia forman parte de la misma experiencia. Situada a orillas del río Miño, la localidad combina patrimonio medieval, tradición jacobea y una atmósfera tranquila que ha seducido durante siglos a viajeros, comerciantes y peregrinos.

Con algo más de 17.000 habitantes, conserva uno de los cascos históricos mejor preservados del sur gallego. Sus calles empedradas, las fachadas de piedra y las vistas hacia Portugal convierten el paseo en un viaje increíble por la memoria de la frontera.

Historia, pulpo y tradición

En casi cualquier rincón de Galicia se puede comer buen pulpo. Sin embargo, en Tui este plato se ha convertido en una auténtica seña de identidad. En sus restaurantes, tabernas y casas de comidas, el pulpo á feira sigue preparándose de forma tradicional: cocción precisa, corte al momento y servicio en plato de madera.

Esa sencillez aparente es precisamente parte de su encanto. Se trata de un plato que resume como pocos la esencia de la cocina gallega: materia prima excelente, técnica heredada y sabor limpio.

Muchos viajeros llegan atraídos por el patrimonio monumental, pero terminan descubriendo que buena parte del recuerdo se queda en la mesa. La proximidad del río y la tradición comercial de la ciudad también han alimentado una cultura gastronómica especialmente viva.

En Tui conviven recetas populares, producto local y una manera muy gallega de entender la hospitalidad. Ese comer despacio, conversar largo y disfrutar del entorno que tanto gusta al resto de España.

Una catedral que domina la frontera

El gran símbolo monumental de la ciudad es la Catedral de Santa María de Tui. Declarada Monumento Histórico-Artístico en 1931, es una de las grandes joyas patrimoniales de Galicia y uno de los edificios más representativos del románico gallego con influencias góticas.

Su construcción comenzó en el siglo XII y su silueta domina el perfil urbano desde la parte alta de la ciudad. Vista desde la distancia, la catedral parece una fortaleza que vigila el curso del Miño y el paso hacia Portugal.

Su ubicación no es casual. Durante siglos, Tui fue enclave estratégico de frontera y punto clave en las rutas comerciales y religiosas del noroeste peninsular.

Junto a la catedral, todavía pueden verse restos de las murallas levantadas entre los siglos XII y XIII, estructuras defensivas que protegían una ciudad entonces especialmente expuesta por su situación fronteriza.

El paseo por el casco histórico permite descubrir también la Capilla de San Telmo, considerada uno de los ejemplos más singulares del barroco portugués en Galicia.

A pocos pasos aparece el antiguo convento gótico de Santo Domingo, donde se conservan valiosos retablos barrocos y parte del legado artístico de la ciudad. Cada rincón confirma que Tui no fue un simple lugar de paso. Fue un punto de encuentro, de defensa y de intercambio cultural durante siglos.

Puerta para peregrinos

La historia de Tui está también íntimamente ligada al Camino Portugués de Santiago. La ciudad es una de las principales puertas de entrada a Galicia para quienes realizan esta ruta jacobea desde Portugal, condición que ha dejado huella en su identidad urbana.

Desde hace siglos, peregrinos de procedencias muy distintas atraviesan sus calles antes de continuar camino hacia Santiago de Compostela. Esa mezcla de tránsito y permanencia sigue formando parte del ambiente cotidiano de la ciudad.

Basta caminar unos minutos para encontrar mochilas, bastones y credenciales conviviendo con la vida diaria de vecinos, comercios y terrazas. Tui también ofrece una ventaja poco habitual: en apenas unos minutos se puede cruzar a Portugal.

El río Miño separa la ciudad gallega de Valença do Minho, conectadas por dos puentes que permiten pasar de un país a otro casi sin darse cuenta. Esa cercanía amplía la experiencia y convierte la visita en una escapada doble, marcada por la convivencia de dos culturas unidas históricamente por el agua y la frontera.

Además, los miradores que rodean la ciudad ofrecen algunas de las panorámicas más bonitas de esta parte de Galicia. Desde ellos se contemplan tejados de piedra, el cauce del Miño, la llanura portuguesa y el perfil monumental de la catedral. Tal vez por eso Tui es una experiencia sensorial en sí misma.