Plaza Mayor de la ciudad de Almagro, Ciudad Real.

Plaza Mayor de la ciudad de Almagro, Ciudad Real. iStock

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El pueblo medieval del siglo XIII rodeado de 300 volcanes: perfecto para una escapada de fin de semana

Este no es solo un viaje al pasado, también encontrarás un paisaje único en la península ibérica.

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En el corazón de Castilla-La Mancha, hay un destino que sorprende mucho más allá de su estética manchega tal y como estamos acostumbrados a verla.

Almagro no solo destaca por su arquitectura histórica y su legado cultural, sino por asentarse sobre uno de los paisajes volcánicos más desconocidos del país.

Ubicada en pleno Campo de Calatrava, esta localidad convive con cerca de 300 estructuras volcánicas. Un entorno geológico único que transforma la visita en una experiencia que combina historia, naturaleza y gastronomía.

Un teatro con cuatro siglos

El gran símbolo de Almagro es el Corral de Comedias de Almagro, considerado el único teatro del siglo XVII que se conserva intacto y en funcionamiento en todo el mundo.

Redescubierto en 1954 durante unas obras en una antigua posada, la conocida Posada de las Comedias, este se ha convertido en uno de los espacios escénicos más valiosos del patrimonio español.

En su interior, las vigas de madera y los tonos rojizos del almagre evocan el ambiente del Siglo de Oro. Aquí se celebró en 1629 una de las primeras representaciones documentadas, y hoy sigue acogiendo funciones.

Cada verano, este escenario se convierte en el epicentro del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, una de las citas más importantes dedicadas al teatro de los siglos XVI y XVII.

Plaza Mayor de Almagro, Castilla-La Mancha

Plaza Mayor de Almagro, Castilla-La Mancha iStock

Durante varias semanas, compañías nacionales e internacionales llenan la localidad de espectáculos que también se extienden a otros espacios históricos como iglesias, palacios y antiguos edificios universitarios.

Una plaza única en España

A pocos pasos del corral se abre la Plaza Mayor de Almagro, uno de los espacios más singulares de la arquitectura urbana española.

Su forma rectangular irregular y, sobre todo, sus galerías acristaladas de color verde la convierten en un edificio totalmente reconocible del paisaje nacional y, por supuesto, manchego.

La singularidad de esta edificación procede de la influencia de banqueros alemanes como los Fugger o los Welsares, que llegaron en el siglo XVI y dejaron su huella estética en la ciudad.

Desde estas galerías, convertidas en auténticas tribunas, los vecinos asistían a eventos populares como corridas de toros, que se celebraron aquí hasta finales del siglo XVIII.

Bajo el suelo de la plaza se esconde otro elemento diferencial: piedra basáltica procedente del entorno volcánico. Un recordatorio del increíble origen geológico de la zona.

Volcanes y lagunas

Más allá del casco urbano, el paisaje cambia por completo. El Campo de Calatrava es una de las áreas volcánicas más importantes de la península ibérica.

A diferencia de otros territorios volcánicos, aquí predominan los "maares", depresiones circulares formadas por explosiones de magma y agua que, con el tiempo, se han transformado en lagunas o llanuras fértiles.

Uno de los enclaves más visitados es el Volcán de Cerro Gordo, el primer volcán musealizado de la península. Recorrerlo, además, permite observar de cerca las capas de ceniza y materiales volcánicos.

También destacan otros como la Laguna de los Pozuelos o la Laguna de la Alberquilla, antiguos cráteres que en épocas de lluvia se llenan de agua y atraen aves migratorias y otras especies.

En la zona existen además los llamados "hervideros", manantiales de agua con gas natural. El más conocido es el de Fuensanta, donde el agua burbujea por la presencia de dióxido de carbono.

Un lugar para saborear

Este entorno también influye en la gastronomía local. Las Berenjenas de Almagro son el emblema culinario de la localidad. Su sabor, marcado por el aliño de comino, ajo, pimentón y vinagre, está ligado al suelo volcánico y al clima de la zona.

Otro plato tradicional es el "duelos y quebrantos", una receta popularizada por Miguel de Cervantes en Don Quijote, que combina huevo, chorizo y tocino.

El recorrido cultural se completa con el Museo Nacional del Teatro, que alberga una de las colecciones más importantes de artes escénicas en España, con escenografías, vestuarios y documentos históricos.

La singularidad del territorio ha sido tal que el Campo de Calatrava ha estado cerca de ser reconocido como geoparque por la UNESCO. Un reconocimiento que subraya el valor de un destino donde la historia, el teatro y la geología conviven de forma excepcional.