El peso de lo invisible: por qué el estrés laboral no afecta igual a hombres y mujeres
El peso de lo invisible: por qué el estrés laboral no afecta igual a hombres y mujeres
El impacto de las tareas domésticas sigue sin ser equitativo entre ambos géneros, lo que acaba repercutiendo en las carreras profesionales de ellas
Encargarse de las tareas del hogar, hacer la compra, acordarse de las citas médicas, ir a buscar a los niños al cole o preparar la comida. Son responsabilidades que, en teoría, ambos progenitores tienen. Sin embargo, la realidad es que el impacto no es equitativo.
A pesar de que esta situación se esté revirtiendo poco a poco, las mujeres siguen asumiendo de manera mayoritaria el peso del hogar. Aún conviven con un estereotipo social fuerte. Se sigue esperando que sean ellas las que se encarguen más del cuidado y la organización de la casa.
La doble carga y el conflicto trabajo-familia
Mientras desempeñan su labor profesional, muchas mujeres siguen cargando en sus hombros el peso doméstico. Este fenómeno, reconocido por organismos como la Organización Internacional del Trabajo (OIT), genera una dimensión de género en el estrés laboral.
No es extraño que, en el entorno de trabajo, sean ellas las que hablen sobre las tareas que tienen pendientes en casa, mientras que para los hombres la desconexión es, a menudo, más sencilla.
El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) denomina a este fenómeno como ‘el conflicto trabajo-familia’. Se produce cuando las exigencias de ambos mundos colisionan. Aunque presencialmente estén en el trabajo, su mente está en casa, gestionando las tareas.
Esta doble jornada demanda un esfuerzo cognitivo y emocional constante, deteriorando la salud mental, mermando el bienestar emocional y reduciendo drásticamente el tiempo de ocio de calidad.
El freno en la trayectoria profesional
La falta de conciliación real tiene consecuencias directas en la carrera de las mujeres. Cuando están desbordadas por las tareas domésticas, sienten que no pueden asumir la exigencia que implica progresar en sus carreras.
De hecho, los datos lo demuestran. Tras la maternidad, el 58% de las mujeres reduce su jornada laboral, solicita excedencias o abandona el empleo, frente a un escaso 6,2% en el caso de los hombres; así lo refleja el estudio Somos equipo de la asociación Yo no renuncio.
Esta desigualdad no es solo cultural, a menudo se ve perpetuada por las propias empresas. Es más habitual que ofrezcan flexibilidad o jornadas parciales a las mujeres, mientras que las trayectorias masculinas se mantienen ajenas a la vida personal, lo que ensancha la brecha salarial y de promoción.
Estrategias para una igualdad real
Para contribuir a que mujeres y hombres tengan igualdad de desarrollo en la empresa, es necesario implementar tres ideas clave.
1. El equipo como red de apoyo
El ambiente doméstico influye en el laboral y viceversa. Un estudio liderado por la profesora de IESE, Mireia Las Heras, demuestra que los empleados que pueden confiar en sus compañeros para hablar sobre sus preocupaciones, muestran más empatía con sus parejas. Este círculo virtuoso mejora la efectividad y creatividad. Los directivos tienen un papel esencial en este aspecto: respetar los horarios y la desconexión digital es el primer paso para minimizar el conflicto familiar.
2. Fomentar una paternidad comprometida
El apoyo de los directivos a la paternidad es vital para el desarrollo profesional de las madres. Según el libro co-editado por Mireia Las Heras, Engaged Fatherhood for Men, Families and Gender Equality, cuando los líderes empresariales apoyan la vida familiar, los hombres aumentan significativamente las horas que dedican a sus hijos. Las organizaciones deben normalizar los permisos de paternidad intransferibles y adaptar las trayectorias profesionales a la realidad personal de cada trabajador.
3. Gestionar el hogar con mentalidad empresarial
Una técnica útil para repartir la carga es organizar el hogar como si fuera una compañía, dividiéndola en distintos departamentos (alimentación, salud, logística, finanzas). Al asignar un "director" a cada área —por ejemplo, el responsable de salud gestiona desde el botiquín hasta el calendario de vacunas—, se evita que la gestión administrativa recaiga en una sola persona.
Para que este modelo funcione, es necesario tener capacidad delegada. Tal y como apunta el estudio señalado anteriormente, solo el 24% de las mujeres logra desentenderse de una tarea que han dejado en manos de otra persona.
Asimismo, la educación y la formación directiva —como la que ofrece IESE Business School, escuela de negocios de prestigio internacional—se consolidan como herramientas clave para que las mujeres progresen en sus carreras, siempre que este impulso profesional cuente con el respaldo de sus parejas y una sólida confianza en sus propias capacidades para romper el techo de cristal desde el hogar hasta la oficina.