Conductora enojada en un atasco de tráfico.

Conductora enojada en un atasco de tráfico. Istock

Motor

La psicología dice que los adultos agresivos en el coche no pelean con la carretera, sino con su propio ego

El catedrático en Psicología Alfredo Rodríguez analiza el por qué nos transformamos al conducir junto con el papel del sueño.

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Tres de cada cuatro conductores cambia su personalidad al ponerse al volante, no respetan normas esenciales como son los límites de velocidad, distancia de seguridad y un 14% conduce tras haber consumido alcohol. Todo según los datos de la Fundación Línea Directa.

Esta metamorfosis no es un caso aislado, ni se debe a un problema de carácter, la psicología lo explica con una teoría clara. Para esclarecer todos los detalles hemos podido conversar con Alfredo Rodríguez-Muñoz, catedrático de Psicología en la Universidad Complutense de Madrid, experto en sueño, bienestar y salud laboral.

"La investigación muestra que la tendencia a enfadarse en la vida cotidiana y la tendencia a hacerlo conduciendo están relacionadas, pero no son exactamente lo mismo", explica Rodríguez. Por lo que una persona habitualmente apacible puede cambiar sus reacciones ante los estímulos de un entorno, como en este caso es la carretera.

Prof. dr. Alfredo Rodríguez-Muñoz.

Prof. dr. Alfredo Rodríguez-Muñoz. Cedida

El cúmulo de factores como la urgencia, esperas o elementos externos que el individuo no puede controlar logran generar situaciones de estrés. Aunque el experto recalca la importancia de la interpretación "reaccionamos de forma distinta si pensamos que no nos han visto, a que si pensamos que lo ha hecho a propósito".

Por lo que se deja de analizar la situación como un simple incidente, pasando a ser una falta de respeto hacia nuestra propia persona. Según detalla el catedrático nuestro vehículo suele estar ligado a la imagen que se tiene de uno mismo, así como a la forma a la que nos presentamos en sociedad.

De la misma manera, que cuando nos adelanta otro o incluso se cruza en nuestra línea de ruta, puede llegar a percibirse como que está vulnerando el propio derecho al paso y el orgullo.

Otro ingrediente que cobra especial relevancia en esta ecuación es el anonimato. La razón no es otra que existe una baja probabilidad de volver a coincidir con el otro conductor por lo que "sentimos que estamos más protegidos de su reacción y de la mirada de los demás", aclara.

En este contexto la Fundación Línea Directa propone "Una nueva forma de estar al volante", un proyecto con el que se busca concienciar sobre las actitudes al volante y el entorno, ya que el 90% de los accidentes son causados por errores humanos.

Afirman que la agresividad al volante aumenta por 30 el riesgo de accidente y por 17 el incremento del tráfico. Una conducción más afable no solo reduce el riesgo de incidentes, también la congestión del tráfico.

Somnolencia al conducir

El director de la Dirección General de Tráfico definió el sueño como "un problema de salud pública". De hecho, el 7% de los siniestros mortales en 2021 fueron a consecuencia de la somnolencia. "Empieza a ser peligrosa mucho antes de que nos quedemos dormidos", destapa el psicólogo.

En este tipo de situaciones se evidencia la falta de concentración, traduciéndose en un mayor tiempo de reacción y peor toma de decisiones. El experto nos destaca los datos del estudio de la Fundación AAA donde quienes habían dormido entre cinco y seis horas en las últimas 24 horas duplicaron el riesgo de sufrir un siniestro, en comparación con quienes habían descansado al menos siete.

Mientras que dormir entre cuatro y cinco horas cuadruplica el riesgo. No es un factor sencillo de demostrar, explica que, "el mismo estudio estimó que este factor estuvo presente en cerca del 18 % de los accidentes mortales en Estados Unidos entre 2017 y 2021".

Si se extrapolan los resultados al alcohol, los resultados cambian. "pasar entre 17 y 19 horas despierto produjo resultados en algunas pruebas comparables o peores que una alcoholemia de 0,5 gramos por litro de sangre", afirma.

Aunque continúa revelando que este dato no significa que dormir poco y beber sea semejante, pero sí se puede generar una idea aproximada del deterioro generado por la falta de sueño. "Se puede dar cero en el alcoholímetro y no estar en condiciones de conducir", confirma tajante.

En este contexto cobran especial relevancia los llamados microsueños, episodios breves en los que dejamos de responder a los estímulos de nuestro exterior. Cuando el cerebro entra en esta fase puede llegar a reducirse o desaparecer la capacidad de reacción, sin necesidad de ser conscientes de ello.

"Un microsueño de tres segundos a 120 kilómetros por hora supone recorrer cien metros sin responder a la carretera", aclara. Es un corto periodo de tiempo pero un espacio en el que los obstáculos pasan desapercibidos.

Por esta razón Alfredo Rodríguez-Muñoz recalca la necesidad de actuar ante las primeras señales, bostezos repetidos, párpados pesados o problemas para mantener abiertos los ojos. Estos gestos, al igual que los cabeceos alertan de una posible situación crítica, por lo que la prevención siempre será la clave para evitar posibles riesgos.

Ante estas situaciones los conductores suelen recurrir a trucos como bajar la ventanilla, poner música a todo volumen o el aire frío, esto no es la solución. Es cierto que estas estrategias consiguen dar una sensación de excitación momentánea, pero no soluciona el problema, puede traducirse en una sensación de estar despierto sin conducir mejor. "La cafeína ayuda más".

Y es que aumenta durante un periodo limitado la alerta, pero no sustituye ni elimina la falta de sueño, ni por supuesto el riesgo de microsueños. "Una siesta breve, de unos 15–20 minutos, puede ayudar, y tomar cafeína puede reforzar ese efecto durante un tiempo", aclara.

Pero si estos episodios se dan con asiduidad el experto finaliza recomendando, "si sucede con frecuencia pese a dormir suficiente, conviene consultar para descartar un trastorno del sueño".