Margarita Robles.

Margarita Robles. Gtres

Mascotario

Margarita Robles, 69 años, sobre su perra: "Llevo toda la vida aplicando leyes; con Luna he decidido que no haya ninguna"

Todo cambió en 2016, cuando unos amigos irrumpieron en su vida con una yorkshire de tamaño toy que pronto demostró tener sus propias leyes.

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En las salas de vistas, la disciplina no se negocia. Los códigos, las normas y el rigor han sido los pilares sobre los que Margarita Robles edificó una trayectoria impecable en la judicatura española.

Sin embargo, en el ámbito doméstico, la actual ministra de Defensa vive bajo un régimen diametralmente opuesto.

La culpable de esta inesperada "amnistía" a la autoridad no es otra que Luna, una pequeña yorkshire terrier de tamaño toy que llegó a su vida en marzo de 2016 para desarmar, norma a norma, a una de las juristas más inflexibles del país.

Durante su infancia y juventud, transcurridas entre León y Barcelona, los animales no formaron parte del núcleo familiar.

Robles siempre había sentido simpatía por los perros y acariciaba la idea de convivir con uno, pero la exigencia de la carrera judicial y la inercia del trabajo diario postergaban de forma indefinida esa decisión. Hacía falta un empujón externo para dar el salto.

Una cachorra sin leyes

Ese impulso llegó en forma de regalo de un grupo de amigos cercanos, quienes en la primavera de 2016 sorprendieron a la magistrada con una cachorra de apenas unos meses.

Desde aquel primer encuentro, el instinto de la jurista se vio desbordado por el afecto. Robles, acostumbrada a impartir orden y exigir el cumplimiento estricto del reglamento, decidió tomar una determinación radical sobre la crianza de su nueva compañera: en casa de la ministra, Luna no tendría reglas.

"Llevo toda la vida aplicando normas y leyes; con Luna he decidido que no haya ninguna", ha llegado a confesar entre risas la propia Robles en diversas intervenciones televisivas y entrevistas.

Aquella pequeña cachorra, que en un principio parecía un delicado peluche, no tardó en tomar el control de la rutina del hogar.

Una personalidad propia

Mientras que otros dueños se empeñan en adiestramientos estrictos, la ministra optó por consentir cada uno de los caprichos de la yorkshire, convirtiéndola en una perrita con personalidad propia, consentida y absolutamente libre de ataduras disciplinarias.

Lejos de los despachos oficiales y de las solemnes reuniones del Consejo de Ministros, Luna se convirtió en la principal válvula de escape de la titular de Defensa.

Salir a pasear con ella por las calles de Madrid le brindó a Robles un espacio de anonimato y desconexión indispensable.

Entre charlar con otros propietarios de mascotas sobre vacunas, piensos o travesuras perrunas, la política encontraba un refugio terrenal donde los debates parlamentarios y la geopolítica quedaban fuera de juego.

A día de hoy, la pequeña yorkshire sigue siendo el contrapunto perfecto a la rigidez de la alta política.

Una compañera inseparable que demostró que, tras una vida entera dedicada al estricto cumplimiento de la ley, siempre hay margen para dejarse gobernar por el afecto incondicional de un perro.