Victor Algra con sus gatos.

Victor Algra con sus gatos. Victor Algra

Mascotario

Víctor Algra, veterinario: "Es aterrador el silencio que mis gatos dejan cuando faltan, aunque nunca hagan ruido"

El autor de 'Animales de ciudad' abre las puertas de su hogar para hablar de la lealtad de sus felinos y el ritmo tranquilo de la convivencia.

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Para Víctor Algra, la vida pierde todo su sentido si no se comparte con aquellos compañeros que caminan a cuatro patas. Veterinario de profesión, divulgador en redes y rostro habitual en la pequeña pantalla, su trayectoria vital está marcada por historias silenciosas pero transformadoras.

"Cuando nos faltan es aterrador el silencio que dejan aunque nunca hayan hecho ni un solo ruido", reflexiona con emoción el clínico sobre la huella que imprimen en el hogar.

La mirada atenta de la profesión

En la actualidad, su día a día transcurre junto a Epi y Blas, dos felinos de pelaje anaranjado que irrumpieron en su existencia de forma completamente inesperada.

"Los animales que hoy forman parte de nuestra familia llegaron, como todos los demás, sin buscarles y por azar. Ellos siempre han sabido encontrarnos cuando nos necesitaban", explica el autor.

Sin embargo, compaginar su profesión médica con la convivencia doméstica le añade una capa inevitable de atención constante hacia su estado de salud.

"El hecho de compartir tu vida con animales siendo veterinario aporta un matiz extra porque siempre estoy con un ojo atento en si queda algo por hacer, algo que mejorar", reconoce.

Las gatas de Victor Algra.

Las gatas de Victor Algra. Victor Algra

Esa exigencia personal cobró un significado especial con rescates marcados por la adversidad, como el de su recordada Maricórcoles: "Llegaron con una salud muy comprometida e historias difíciles detrás y siempre he sentido una gran responsabilidad por ofrecerles lo mejor para intentar compensar lo mal que les había tratado la vida".

Un guardián para las noches

Lejos de verlos como simples mascotas, Víctor los ha integrado desde el primer instante como parte fundamental e insustituible de su núcleo familiar.

"No les he visto como mascotas en ningún momento. Con todos los animales que llegaron a mi vida bastaron solo unos instantes para saber que ya no nos separaríamos", asegura.

Esa complicidad diaria se traduce en hábitos compartidos que marcan la cadencia de la casa, especialmente cuando cae la jornada.

"Hay una rutina de uno de mis gatos, Blas, que los dos entendemos perfectamente. Él tiene los horarios de ir a dormir muy pillados y, cuando es hora de hacerlo, empieza a ponerse nervioso si me retraso y me espera en la cama o viene a buscarme. Definitivamente es el guardián de las siestas y las noches", relata entre risas.

Un refugio frente al ruido

En medio de una rutina frenética marcada por las prisas, las grabaciones y la hiperconectividad, la presencia animal se convierte en su mayor anclaje a la realidad.

"Cada día me salvan en este mundo frenético de prisas y redes sociales. Ellos no comparten likes ni te llaman por teléfono ni hay que responderles WhatsApp, simplemente están ahí y te recuerdan que, en el fondo, la vida es eso: estar ahí", afirma.

Frente a problemas tan extendidos en la actualidad como los trastornos del sueño, el veterinario encuentra en su descanso una auténtica lección de bienestar.

"En horas de sueño me superan, eso seguro. Al verles dormir pienso que hay mucho que aprender de su forma de vivir y que volver la mirada hacia ellos puede ser muy terapéutico, para mí lo es", destaca.

El libro de sus vidas

Esa conexión tan íntima sirvió de cimiento para dar forma a su proyecto literario más personal, Animales de ciudad, donde la ficción abraza experiencias reales.

"Los humanos disfrutamos de una vida más larga y ellos nos acompañan solo durante una parte de ese camino, convirtiéndose en un capítulo de nuestra propia historia. Para ellos, en cambio, nosotros somos el libro entero de la suya", argumenta.

Al rememorar los parajes de los linares de Segovia —donde ha visto correr felices a todos sus perros entre los árboles—, su recuerdo se llena de gratitud hacia cada uno de ellos.

"Solo espero que me recuerden a mí como un buen escritor del libro que les tocó vivir conmigo, uno que intentó hacerlo lo mejor que pudo para que fuesen muy felices", concluye.

Una filosofía sencilla que resume el impacto directo de su compañía en su propia existencia: "Desde que llegaron, doy más valor a las pequeñas alegrías, las que se pueden acariciar y viven en los paseos tranquilos".